Yo

martes, 2 de junio de 2026

Tú y yo

Pasamos de ser todo a nada.
Recuerdo haber sentido en el pecho un micro abismo, una vez que nuestras miradas se cruzaron. No debíamos. Pero mi alma se sintió atrapada por la tuya sin quererlo, sin poderlo remediar. Pasé tiempo negándolo. Por mí, por ti, por lo que nos rodeaba. Pero mi inconsciente te traía a mi mente sutilmente creando un recuerdo que me emocionaba. Muchas veces sin quererlo me daba aliento. Tomé decisiones, muchas duras, otras fáciles, todo y contando que no estaba bien de salud y atravesaba un momento demasiado delicado emocionalmente. Como siempre, no le di la importancia que merecía, toda. Pero siempre aprendí a tirar sin pensar demasiado en mí misma... 
Hablábamos, nos contábamos... Y a mí siempre me ha sanado la sensación de encontrarme en un estado confortable. Ni ideal (pues no existe), ni perfecto (mucho menos aún), simplemente sumando.
Salimos escapando de un lugar volante en mano. Con emociones de película. Lo sentí y lo viví así. Te volviste mi salvavidas. Aquél peluche que de niña abrazabas y te creías protegido. Aquél rincón donde esconderte y poder decir "casa" para sentirte a salvo. 
Mirabas mis ojos y yo me perdía en los tuyos. Dijiste "tienes un universo entero en ésos ojos", nunca lo olvidaré. Es lo más bonito que me han dicho en mi vida hasta la fecha, y viniendo de ti, lo era todo.
Sin ambos saberlo, porque quizás no te lo dije de la manera más convincente, ni mucho menos yo me di cuenta, tiempo después lo sabría... Te convertiste en la persona que más amé y por la que más luché.
No estábamos aún juntos que yo ya dibujaba un "para siempre" viéndote de viejito en tu mesa de trabajo, con tu pelo y barba canosa y trabajando con ésas manos que tenías llenas de fantasía sin tú saberlo ni apreciarlo por mucho que yo te dijera.
Y yo sólo necesitaba ver ésa imagen bajo una luz tenue y cálida para saber que estaba "en casa" con "mi persona".
Pero no pudo ser.
Yo arrastraba demasiado dolor que curar, y tú te mantenías a la deriva en un mar de dudas que te azotaban de un lado a otro sin tan siquiera ver que yo tiraba cuerda con salvavidas una y otra vez sin obtener el resultado de recoger cuerda y no conseguir salvarte.
En cambio me veías como algo que esquivar, un ajuero negro que te engullía y no te dejaba respirar. Me lo dijo tu boca, me lo gritaban tus ojos. 
Lo que no alcanzaste a ver fue toda la lucha propia que realizaba a contracorriente en mis torbellinos de dolor para escapar, nadar e ir a buscarte para llegar a la orilla de ésa pequeña isla que iba a ser sólo para nosotros dos. No necesitábamos más. Tú y yo. Sólo queríamos un puñadito de tierra para simplemente estar. De la forma en que somos, ambos, no nos hubiera hecho falta nada más.
Ambos creábamos magia. Momentos. Haciendo la comida, con nuestras risas, en la ducha divertidos, en el coche cuando íbamos a cualquier sitio y nuestras manos se entrelazaban y nuestros ojos hablaban. Filosofía. Se nos daba bien.
Pero los momentos oscuros nos engulleron. Las dudas y los males pasaron a tomar protagonismo. Yo buscaba tu mano y tú huias de mí. Sentí que caminabas sólo. Justo ahí me hundí. Cuando no quisiste hablar más, cuando ya sólo sentía cuchicheos, cuando una pared de piedra se interpuso entre nosotros mientras yo sollozaba dolor y tú sólo mirabas al infinito. Insensible. Mirando tu propio horizonte sin girar la vista al que estuvimos creando juntos. Te perdí mucho antes. Ésa fue mi deriva.
Llegué a pensar que nunca me quisiste, sino que te enamoraste de algo que en otro tiempo tuvo otra persona. Algo más.. que obtuviste y al lograrlo te  desencantó. Mi dolor creó una forma de ti para protegerme y por tiempo fuiste un baúl de recuerdos dolientes cerrado a cal y canto con cadena de doble candado fortificado. 
Hasta que fui sanando. Lentamente y poco a poco volvía a mí, sanando heridas que sangraban. Arrancándome puñales y vendando las heridas a presión. Hasta con los dientes ataba nudos, para crear fuerza y crear torniquetes. 
Heridas que únicamente con amor propio, poco a poco, sanaron. Solo entonces me vi capaz de abrir candado. Quitar ésa cadena pesada y acordarme del número como contraseña de ésa cámara acorazada. El amor. Ése amor que te tuve. Ése amor que me destruyó durante y después. Ése amor, que sin pelos en la lengua puedo decir que fue el que más bonito sentí, ése amor que sentí de verdad. Ése amor. Porque pensando y analizando tiempo después había colocado las palabras "para siempre", ésas en las que nunca había creído antes y que fueron tan pesadas de cargar durante tanto tiempo después. 
Sigo incapaz de mirar a nadie con aquellos mismos ojos. Sigo pensando que no estoy ni cerca de levantar la vista si quiera para mirar a nadie, por miedo a sentir simplemente. Personas se han colocado delante de mí para que levantara vista, pero mis ojos no quieren sufrir más, y lanzan un aviso conciso de "no pasará". Y cualquiera gira espalda y marcha, entonces respiro.
Quizás haber sentido aquél amor contigo me sirve de escudo para el que viene y levantar armas. Dicen que con el tiempo ...
Hoy por hoy no quiero sentir. Ya me siento viva yendo de un sitio a otro, sin pensar en nadie más. Subiendo a un tren y visitando a amistades, pasando tres días de risas y absurcedes varias. Subiendo y bajando una montaña, bañándome en el río. Yendo a la playa, jugando a pelota. Bailando. Aunque no he vuelto a bailar en el comedor agarrada a nadie. Ni lo haré hasta quién sabe ... Me enseñaron a vivir el momento para no volver a perder el norte. Me enseñaron que no tengo que tener respuestas para todo. Que cada uno siente y padece a su manera, y que todo está bien. Me enseñaron a vivir sin dolor. A restarle importancia a todo. A vivir tranquila. Y quizás a lo que me dedico es a enseñárselo a vivir a otros. 
Éso me salvó. 
Ojalá encuentres a alguien que te enseñe a hacerlo a ti también. Y vivas más tranquilo y feliz. Ojalá.
Siempre agradeceré tu paso por mi vida. Como el de toda persona que hasta la fecha ha pasado. Y a las que pasarán. Al fin y al cabo todo es aprendizaje. Un suma y sigue que crea camino. Siempre hacia adelante. Parar para descansar. Ya quité mis piedras que cargaba y conseguí andar liviana. Hasta que las estrellas hablen y me conviertan en polvo para volver a ellas con ayuda del viento.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Imagina que cada célula de tu cuerpo se vuelve ligera, casi líquida, y empieza a fusionarse con la brisa que acaricia tu piel.

Tu respiración ya no es solo tuya; se mezcla con el aire del bosque, con el calor del sol. Siente cómo tu corazón late al mismo tiempo que el de la tierra y hasta con los rayos de luz que atraviesan las hojas.
No hay límites. Tú eres parte de todo eso y todo eso forma parte de ti.


270 pastillas y entrada a un psiquiátrico

A veces, volver a ti es demasiado crudo. 
Cuando tu madre no ejerce tal papel en su vida y tu padre no deja pistas. Cuando no tienes una infancia enriquecida y sí una sociedad que devora. Te ves perdida en la vida. 
Crees encontrar el amor que nunca te dieron en otras personas que poco a poco difuminan su silueta en ese espacio corto de tiempo que transcurren en tu vida. Es crudo. 
Después de sobrevivir, y no descansar de sobrevivir siempre es muy crudo. Demasiado. Millones de personas pueden dar fe de ello. Aunque suele decirse "la vida es así", pensando que esa dicho reconforta en algo. 
Pensé que vivir era una decisión. Al menos la mía. Y no pude más. Así que planeé cuándo y cómo. Fue un día cualquiera, de una semana cualquiera, pero ya pedía que se me llevaran a ése otro plano donde se dice que se descansa y no se siente dolor. Hubo un tiempo en el que no me lo creí, hoy en día sí. Porque para algo debe de servir todo el aprendizaje y sufrimiento que se vive aquí, en ésta vida. Porque sino, nada tendría sentido. Y si algo es sabia en ésta vida es la naturaleza. Ella debe de tener el por qué de suceder las cosas, como lo tiene con todo. Yo decido creer, porque siento a los míos, los que ya cruzaron, decirme que no es mi momento.

Un día cualquiera y un plan establecido. Con total tranquilidad, pues para mí iba a ser un descanso merecido.
270 pastillas en una noche, en una ingesta para decir adiós. Ese era el plan.
No funcionó. A cambio sí obtuve el pase para un psiquiátrico un mes y medio. Y verme allí... Lo cambió todo. 

No vi la luz, ni un túnel, ni a nadie esperándome para atravesar una supuesta niebla de "Lluvia de Estrellas". Pero sí vi a personas con una pulsera en la muñeca, un pijama de papel azul, mandatarios vestidos de blanco, camas con correas y personas con diferentes dolencias mentales.

Drogadictos de todo tipo (de las drogas ilegales y legales), esquizofrénicos, bipolares, deprimidos, retrasos mentales, alguna psicópata, y otros trastornos de los que no estoy capacitada para hablar.
Los más afortunados, los deprimidos, aquellos que se quisieron suicidar. Recuperables en algunos casos. Los más damnificados, aquellos que no viven en ésta realidad. Y por lo tanto no hay un lugar en éste mundo para ellos.

Todos juntos. 60 pacientes en el que me destinaron a mí. Con mirada observadora y analizando el entorno, un infierno más de este mundo.

Es crudo. Te paraliza. No sabes dónde estás. Tan sólo sigues normas. Levantarte a las 7, hacer tu cama, ducharte. Esperar. Desayuno a las 9h. Patio de 20 minutos. Esperar. Entre semana visita de psicólogo y con suerte psiquiatra (si ése día toca) 20min media hora si es comprensivo. Esperar. Comer a la 13h deprisa y corriendo porque a la 13.30h tienes que estar echando la siesta hasta las 15h. Tiempo muerto hasta las 17.30h, llamadas de familiares (o no) y esperar palabras de aliento o en defecto críticas dolientes que te hieren una y otra vez repitiéndose en tu cabeza. 19.30h pase a comedor para cenar a las 20h y estar a las 9h menos cuarto en la cama hasta las  siete del día siguiente. Mata las horas muertas, viendo la tele o pintando dibujos seleccionados de Google a petición global y/o personal. Algunas horas seleccionadas de la semana (3 para ser exactos) ejercicios y no todos, un grupo selecto que sabemos aún dónde vivimos.
Una a la semana creativo, como una clase de parvulario, literalmente. El resto, escoge. Tiempo muerto. 

Así que no te queda más que observar cómo han llegado a dopar a ciertas personas, creando posturas imposibles, con caída de babas y acompañamiento para ponerse en pie a tus nuevos o nuevas amigas que has hecho en el lugar.

El goteo de pastillas es constante, junto con los carros de las ollas del desayuno, comida y cena entra el carro de las pastillas. Dos enfermeros leen tu nombre para que extiendas la mano y recibir las de cada cual. Los menos 7 en todo el día, los más, contamos hasta 22. Pero España va bien. La sociedad es la mejor de la historia y somos pocos los "no funcionales". Ojalá no seas uno de ellos... Con suerte te salvas.

43 días en mi caso. 4 meses y medio para una deprimida con electroshocks que sale igual o peor. Perdida. Porque vive sola, y ni siquiera puede crear una rutina simple volviendo a casa. Pero la psicología ayuda muchísimo... Estamos hartos de escucharlo en la tele, redes y gurús del momento.

Qué psicología? Que me expliquen cuál. Tres meses antes de entrar escuchaba una entrevista a una "antropóloga" que pasó de familia laica y acabando de echar las cartas, llegar a decir que pasar por el psiquiátrico después de intentar matarse era "precioso", para acabar hablando de Dios y de que en la tierra existen ángeles y demonios. A lo Constantine de Keanu Reevs.
Como ahora se puede decir cualquier cosa y tiene que ser creíble... Veamos, a ver quién la dice más gorda, si ésta señora o cualquier familiar que ha metido a un familiar en semejante lugar para "ayudarlo", o el hospital de turno que te haya traspasado para quitarse el bulto de encima y dejar la cama libre.

Si antes ya me daba pena la sociedad, ahora más aún.

Y seguimos para bingo.



miércoles, 25 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 Le llaman "El camino del ermitaño", es ese momento en el que no puedes más y poco a poco vas recluyéndote en ti. Después de esa despedida silenciosa que ni tú sabías que estabas realizando vas quedándote en ese silencio que necesitas como el respirar.

Es el momento más crudo del camino. Porque no es que vayas decidiendo cosas a lo loco, es que tu inconsciente toma el control absoluto porque tú ya no puedes más. Él sabe que todo te pudo, que no puedes aguantar más dolor, y él toma los mandos. Sin saber muy bien porqué o cómo, vas tomando decisiones sobre la marcha. Te puede parecer que vas como pollo sin cabeza, como se suele decir, porque no sabes muy bien lo que haces, y la verdad es que lo sabes mejor que nadie y con más firmeza que nunca. Simplemente tú estás en stand by y maneja tu inconsciente. Él sabe bien qué necesitas, qué quieres y hacia dónde vas.

Justo en ese tramo analizas tu dolor desde la sangre más doliente de tus heridas. Analizas situaciones vividas, conversaciones, palabras, miradas, juicios, desplantes, abandonos, tiradas por tierra. No es agradable, es hiriente. Te das cuenta de muchas cosas, porque ya te habían dolido in situ, pero analizarlo es next level. El dolor es desgarrador. Porque dichos gestos vinieron de personas que tú querías, en las que confiabas, en las que creías eran tu red. Y te das cuenta de que no tuvieron nada en cuenta. De que caminabas todo el tiempo sin ésa red que aplacara la caída.

Todos atravesamos por momentos cruciales en nuestras vidas. Malos momentos en los que nos perdemos. En los que nos equivocamos, en los que nos olvidamos de nosotros mismos. Y en la vida que vivimos, tal y como todo está estipulada, nunca te enseña nadie a lidiar con lo que sientes. Con lo que te duele, con lo que te encuentras en tu interior. De ahí la frase "aprendemos a base de hostias", solo que unas duelen más que otras, y hay algunas en las que te planteas seriamente si seguir o no porque el dolor es, a veces, acumulativo, y llega un punto en que es insostenible. La mente te juega malas pasadas y crees que apagarte es la mejor opción. Por agotamiento físico, mental y emocional.

En ese momento es cuando haces un auto juicio. También analizas tus actos. Cómo contestaste, cómo reaccionaste, qué hiciste y te das cuenta de que tú tampoco actuaste bien en determinados momentos. Analizas. Analizas. Y analizas. Hasta el mínimo detalle. Hay días que lloras hasta caer rendida y duermes. Otros no puedes pegar ojo. Hay en los que gritas de dolor. Hay en los que te invade la tristeza y te abraza la compasión. Hay de todo...

De lo que no eres consciente es que es ahí donde estás haciendo ese reset necesario. Tan implorado por tu propia alma. Estás creando ese lienzo en blanco en el que vas a empezar, poco a poco, a ir escribiendo tu nueva historia. La verdadera. La que ha sabido siempre ese inconsciente que eras, pero que tú no has sabido exteriorizar por querer "encajar", o "adaptar" en ésta vida aún. Porque te silencias por el "qué dirán", por las opiniones que van ejerciéndote un patrón poco a poco, sin tú darte cuenta.

Han ido tomándote medidas y cosiendo sobre ti un traje que no era el tuyo, porque en realidad sabías que no te gustaba, que no iba contigo. Pero con tal de agradar a los demás y de no perderlos, has ido dejando que te lo enfundaran. Y sin saber cómo te has visto asfixiado. Sin poder respirar por la presión. Armado de pies a cabeza, y resulta que no eres tú. 

Por eso mismo, te encuentras en esa soledad escogida, en ese silencio. Para desvestirte, quedarte desnudo frente a ti, analizar mirándote a los ojos en ese espejo y decirte - ya basta.

Y lo que viene, lápiz en mano, vas a dibujar un boceto donde vas a ir representándote todo lo que realmente eres. Por fin...

domingo, 22 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 Sanar duele. Duele muchísimo. Es un dolor que no puedes describir con palabras. Es un desgarro en el alma, en el que lloras desconsoladamente como si no hubiera un mañana. Como si fueras a morir porque te es inaguantable soportar tanto dolor. Sientes en un vacío existencial en el que no te encuentras, ni puedes agarrarte a nada para sostenerte. Porque no existe nada. Solo tú, lidiando con ese dolor aterrador que únicamente te hace sentir miedo. Entras en espacio atemporal en el que no sabes dónde te encuentras, cómo te encuentras ni qué haces ahí. Solo sientes que todo te aplasta y no puedes respirar apenas..

Ahora lo llaman "la noche oscura". No es una noche en concreto, cada persona lo siente y lo percibe de una manera diferente, depende de su ser. Y puede que no sea solo una, sino muchas. O sean días. Todo es para intentar describir una situación que atravesamos. Un quiebre existencial, ya no sólo de la persona, es en el interior, lo sientes en el pecho, en la boca del estómago. Y es algo que no puedes describir. El alma grita.

Ya no puedes sostener. Se acabó seguir igual, porque simplemente no puedes. Ya no puedes hacer frente de la manera en la que lo hacías porque algo dentro de ti se ha manifestado y ha gritado -basta! Ya no lo puedes obviar más y después de llorar lo que no creías posible, empieza a aparecer extrañamente una emoción nueva. Una quietud dentro de tu ser que desconocías. Una sensación extraña que no sabías que existía.

Sin saber cómo se instala en tu interior. Haces y deshaces cosas, tu día a día, pero algo ha cambiado. Algo impera en ti y desconoces de dónde vino, cómo lo creaste o qué hace contigo, pero se siente diferente. Liberador.

Marchó la presión. La que tú ejercías sobre ti mismo, y la que ejercen los demás sobre ti. Porque desaparece. Justo en ese momento, como sientes esa quietud dentro y te hace sentir bien, vas recluyéndote poco a poco. Vas distanciando en el tiempo ésas respuestas, ésos mensajes por contestar, aparecen las llamadas que no realizas, para aparecer en el tiempo ese momento que quieres perpetuar para tu tranquilidad. Es ése momento que llaman "el camino del ermitaño".

Justamente es lo que haces. Recluirte. Abandonas el ruido ensordecedor que antes te guiaba por impulsos, y vas buscando un lugar donde mantenerte en solitud. Contigo mismo. Porque no quieres escuchar nada. Ese ruido que antes te acompañaba ahora te molesta. En esa molestia identificas, poco a poco, lo que ya no va contigo, lo que, quizás, nunca fue contigo, pero estabas acostumbrado a escuchar. A sentir. A que te colapsara la mente y fueras haciendo totalmente automatizado.

Ese es el momento en el que te encuentras contigo mismo, y no de una manera efímera, sino todo lo contrario, conscientemente, te has encontrado con tu ser más puro. 

jueves, 19 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 La vida es injusta y muy dura. Es un hecho, una realidad. Y encima la sociedad como está montada no nos lo pone nada fácil. Muchas veces nos perdemos. A veces hemos ido programados toda la vida y desconectarse es un mundo. A veces tienes que tocar la tierra con los pies descalzos para saber que estás aquí. Un acto tan simple a veces te urge, para sentir que existes realmente. Es doloroso en muchos casos.

Bajo las condiciones en las que te criaste te condiciona muchísimo. Por algo se dice que somos la herida de nuestra infancia. Cada inseguridad, cada dolor, cada lágrima siempre tiene una herida. Y tardas demasiado tiempo en darte cuenta. Hay quién no lo logra jamás. Hay quien lo consigue a una temprana edad. Y la mayoría de quienes lo consiguen lo hacen a la mitad de vida, con tiempo para ser capaces de mirar atrás. Analizar. Comprender. Y si sabes hacer bien el trabajo, perdonar. No todo el mundo sabe, no todo el mundo puede. Pero es lo que te das cuenta que debes hacer para poder avanzar.

Muchas veces ves imperdonable un maltrato físico, mental, hasta sexual. Muchos años lo hice, no perdonar. Me hería el dolor. La ira se apoderaba de mí. La sangre derramada me condicionaba en todo. En mí misma, en mi carácter hacia los demás. Lo que no veía es que poco a poco me devoraba en silencio en mi interior. Acumulé tanto dolor sin saber gestionarlo que me autodestruía sin saberlo y sin verlo. Sin darme cuenta alimentaba ése autocontrol que en ningún momento tuve. Creía tenerlo. Pero no era más que un instinto de supervivencia, un estado de alerta continuo que me devoró internamente y exteriormente.

Toda ésa cólera almacenada de una niñez en supervivencia innata me sobrepasó. Me sirvió para sobrevivir. Pero en mí me mataba poco a poco. Mi cuerpo enfermó. Sin saber cómo, sin autogestión, empeoró de forma desmedida. Fui una farmacia andante. Una "urgencias" constante. Primero física, más tarde mentalmente. Hasta que perdí el control. Me iba sin darme cuenta. Con tanto dolor que hasta llegué a pedirlo yo en voz alta varias veces. De hecho lo supliqué. Sentía tanto dolor en mí que no podía aguantarlo. Era una herida andante que gritaba desgarrándome que por favor parara. Insostenible. Por ello pedí varias veces apagar el interruptor. Poner silencio en mi cabeza y mi cuerpo. Morir. Perdí la cuenta de veces que lo imploré.

Mi entorno se desarraigó de mí. Eso añadió más dolor aún si cabe. Aunque más tarde agradecí. Curiosamente cuando me vi sola. Sin respaldo. Justo ahí, encontré las fuerzas más inhumanas para seguir. Justo ahí fue cuando estuve a solas conmigo misma y la pregunta más sincera con la respuesta más auténtica apareció. 

- Seguimos?

- Sí, que sea lo que Dios quiera.

Ahí empezó toda una travesía hacia mí misma. Un camino que muchos recorremos y acompañados del dolor. Ahí apareció mi verdadero ser, ese que había mantenido callado durante tanto tiempo, ese que apenas conocía. Tanto tiempo gritándome en silencio. Haciéndose notar, dándome señales, haciéndome enfermar para que viera que ya no podíamos seguir así más tiempo. Y yo sin hacerle caso. Paliando dolor con pastillas.

No son más que parches en una herida sin limpiar. Te das cuenta cuando en reposo, empezando a ser consciente de ti mismo se autorregula de una manera brutal. A veces no queremos oír lo que nos dicen.

Una mente sana es un cuerpo sano. Y qué razón tienen..

martes, 17 de febrero de 2026

Volviendo a mí

Llega un momento que ya no puedes seguir siendo como eres, porque duele demasiado. Te das cuenta que te autodestruyes poco a poco y en silencio. Curioso, porque tu interior grita, y grita de una manera insoportable. Es entonces cuando piensas - pasará algo conmigo?-
Y sí, sí está pasando. Que no puedes seguir con un papel que no es el tuyo.

Poco a poco te vas despidiendo del entorno que te rodea. Las personas que te han acompañado siempre.
Sin saberlo, poco a poco te vas despidiendo. De una manera silenciosa, de una manera que ellos ni intuyen. Pero tú sabes que te estás yendo. Cada sonrisa, cada caricia, cada apretón de manos, tus dedos hacen más fuerza porque quizás quieres que te quede ése cariño impregnado, porque no vas a estar como solías estar antes. Todo cuenta para ti de una manera especial. Porque sabes que se viene un adiós silencioso.

No todos lo entenderán, con ése distanciamiento aparecerán silencios, preguntas, enfados, discordancias, falta de entendimiento o comprensión, quien sabe.. y está bien, el río lleva su caudal y poco a poco el agua corre. Cada uno debe de seguir el sendero que le lleva la vida. Cada cuál dirige sus pasos al camino que cree que hará reencontrarse con él mismo. Cada persona lleva sus tiempos, sus maneras, sus indicaciones y sus vertientes. No eres nadie para juzgar el camino de los demás de igual manera que nadie puede juzgar el tuyo.

Se juzgue o no se juzgue pasa igualmente. Transitas por un nuevo destino que realmente desconoces. Te quedas tú contigo mismo para empezar a coger fuerzas para enfrentar. Sí, te enfrentas a ti mismo, cara a cara. No hay mayor desnudo que estar tú frente a ti mismo. Ése momento justo en el que te encuentras mirándote como nunca lo habías hecho antes. Duele. Duele mucho. Es apagar ése auto pilot y empezar a estar presente, presente en ti. 

Quizás has vivido momentos de vorágine antes. Momentos en los que sabías que hacías cosas por que algo dentro de ti mandaba, algo te decía - por aquí !, por aquí !, por allá!, ahora allí!- y tú como cabra desbocada hacías sin pensar, pero realmente guiada por algo interno que sabía en ése preciso instante qué te vendría bien y qué no. Quizás piensas que estás perdido y vas, como se suele decir, como pollo sin cabeza. Aunque cuando paras realmente, te das cuenta de que no andabas sin cabeza, nada más lejos de la realidad. Te guiaba tu intuición, tu insconsciente, porque sin saberlo, le habías pedido el relevo porque tú ya no podías más. Y sabiamente, él te ha guiado a donde te encuentras ahora.

Miras atrás y ves que no lo podía haber hecho mejor. Te quitó de sitios donde no podías ser tú, no estabas tranquilo, o no era un buen lugar para tu salud. Sin embargo cuando y donde te ves ahora, ves que aquí sí puedes ser tú, si puedes tener esa calma que necesitabas. Ése entorno donde puedes empezar a curarte, a sanar, a conocerte y encontrarte. 
Muchas veces por miedo quizás, pensando que es algo místico, como si fuera malo.. (aún no sé por qué) no seguimos las guías que nos va dando nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro ser. Nos enseñaron a ser de puertas para fuera, bajo mi opinión humilde, no quieren que te guíes por lo que tu propio ser te dicte, pues es más poderoso, más capaz, más racional, si cabe, que lo que nos enseñaron que teníamos que hacer. No interesa quizás. Ahí intervienes tú, para reivindicar quien eres realmente y qué estás dispuesto a hacer para encontrarte a ti mismo de nuevo y hacer más fuerte aún ése ser que eres tú. 
Reclámate. Es nuestra manera más pura y significativa de reivindicarte en un mundo lleno de prisas, de estándares, de objetivos y de todas las locuras que azotan la sociedad de hoy en día.

Déjate ser, déjate estar, trátate con comprensión, con entendimiento y con amor. Va a ser todo un camino de introspección hacia ti mismo que te va a cambiar la vida por completo.

Datos personales