Yo

martes, 3 de noviembre de 2026

Cafetería

Las taquicardias aparecían desde el momento justo en el que días atrás se había propuesto salir a pisar la calle. Antelación. Para durante los días de transcurso hasta la fecha fijada, hacerse fuerte e interiorizar que iba a hacerlo.

A veces miraba por la ventana, sobretodo cuando llovía, no paseaba apenas nadie y se atrevía a abrirla y sentir el viento entrar y renovar el ambiente. Los días de sol, las terrazas estaban inundadas de gente y apenas se asomaba, casi se escondía y dejaba cerrado para no escuchar el griterío que se formaba en la plaza con seis bares, su muchedumbre y sus botellines chocando formando aquél estruendo que le azotaba en la cabeza.

Y pensar que había llegado a ese punto extraño en el que ni ella se reconocía, en un pasado cercano ella era una más en esas terrazas.

Llegó el día señalado en el calendario. Por suerte llovía. Le gustaba caminar bajo la lluvia, con la gorra y la capucha encima evitaba que sus ojos vieran más allá de sus pasos. Era una manera de protegerse. 

Había caminado por la habitación haciendo inhalaciones acompasadas para evitar la agitación.
Mochila, cartera, llaves, gafas, libro, auriculares. 
Los auriculares se convirtieron en una extensión de ella misma al descubrir que la aislaban del entorno. Ya podía ser música, una voz que calmaba la ansiedad o sonidos de pájaros y naturaleza en un bosque..

Perdió la cuenta de las veces que revisó tenerlo todo. Y cuando se presentó delante de la puerta, suspiro con fuerza y se dijo a sí misma - vamos nena, podemos-.

Bajó las escaleras no sin pensar muchas veces si volver a subir. Aunque ya estaba delante de la puerta del portal. Ya escuchaba las voces de trabajadores y transeúntes al otro lado.

Volvió a respirar hondo y se volvió a decir - vamos nena, podemos de sobra-.
Abrió la puerta y dió el primer paso. Estaba fuera, llovía y había muy poca gente en la calle. Así que empezó a caminar.

Temblaba. A veces subía el ritmo como si tuviera prisa o un demonio le alcanzara, aunque cuando era consciente de ello aminoraba los pasos.

Girando tres esquinas encontró la cafetería que había elegido como punto a llegar. Pensó que estaría llena por la lluvia, aminoró el paso pensando que si estaba cargada de gente no sería capaz. Miró la hora y pensó que quizás los del desayuno y sus descansos ya habrían pasado. En poco tiempo se vió en la puerta con tres mesas de dos personas. Bastante calmado. Entró. Y buscó una mesa arrinconada al cristal que daba a la calle. Y se sentó para intentar, al mirar, sus manos que cediera el tembleque.

A medida que se iba sacando de encima la pequeña mochila, se acercó una chica de cara y sonrisa agradable:
- Buenos días, qué te gustaría tomar?
- Un café con leche, gracias.
Había esbozado esa sonrisa que la caracterizaba por su amabilidad. Ese espejo que ponía delante para que no diera lugar a ver sus miedos más ocultos.

Cuando sacó el libro y se puso las gafas llegó el café.
- Aquí tienes.
- Gracias bonita.

Y mirando a través del cristal, la lluvia, la poca gente al pasar, se dijo -ey, lo hemos conseguido, ves lo fuerte que eres?-.

Las otras mesas eran apacibles, así que el entorno fue fructífero para leer dos capítulos. Cuando acabó el café, se dirigió, después de recoger, a la barra y pagar su desayuno.

La vuelta a casa fue el mismo sentimiento al de ida. Su visera tapaba las caras de las personas que pasaban a su alrededor. Y si las veía de lejos no sentía tanta ansiedad. Cuando cogió las llaves temblaban sus manos y no atinaba a corresponder llave en la cerradura, hasta que por fin abrió y se sintió a salvo en el portal. 

Solo cuando entró en su cuarto se sintió a salvo. Aunque el pecho no daba tregua. Inspira, expira. 
- tranquila, lo hemos hecho.
Ya estamos aquí. Podemos nena. Poco a poco.

Y se recostó cuando la respiración fue fluctuando normalmente hasta que pudo tranquilizarse. 
Cogió el libro, y siguió leyendo donde había quedado, aquella mañana que había conseguido ir a una cafetería a leerse 2 capítulos.


martes, 27 de octubre de 2026

Recuerdos

A veces vuelves al recuerdo. Para encontrar ésa sensación de cobijo que idealizó tu cabeza al registrarlo. 
A veces vuelves y poco a poco te fijas en más y más detalles alrededor, que quizás te van desarropando poco a poco sin apenas darte cuenta.
A veces ves que el contexto que tú tenías no es el correcto, y una espina se clava en tu pecho.
Una secuencia que encontrabas que te daba ese calor, ese cobijo, esa fuerza para volver a coger impulso en el presente, es quizás, lo que más duele.
Verte. Ver que donde tú sólo concebias amor, no existe,  sino por el contrario una emoción de frío ensordecedor.

A veces el pasado no duele porque eches de menos momentos. Duele porque viste hoy lo que en otro tiempo no pensabas siquiera que existiera. Pero existió.
Esos momentos son el pasado más doliente.
Saber que tú emanabas amor, pero por el contrario no recibías la misma emoción. Sino una distinta.

Una que te desabriga poco a poco hasta que te hace sentir estar en la nieve en camisón.

Es difícil ver la vida con los ojos del pasado. No recomdable. Es terrible seguir pensando que alguien te ofreció la mano y realmente no valoraba los pasos que a su lado dabas, sin moneda de cambio.

Es doliente la traición. Pero es mucho más doliente quedarte en ése recuerdo que hoy es abstracto y no le das esa impronta de realismo que tiene sin condición. No añadas colores pálidos para darle calor a una pintura de invierno que hoy no te sostenga aquella emoción.

Hoy te sostienes tú. Porque fuiste real, con convicción, y si los demás no supieron dar .. esa no es tu lección.

La tuya es la de dormir tranquila sabiendo que todo lo hiciste de corazón, mejor o peor. Pero siempre con amor.

No vuelvas al pasado, dibuja delante de ti un nuevo escenario. Donde todo lo que des se te devuelva también, que sea sentido y agradecido. Esa será siempre tu obra en el camino, donde no te haga falta pintar colores cálidos pues existiran nuevos, delicados, otros que tu mente registrará nuevamente para poderte enfundar en un calor, sueña, multidimensional.

sábado, 24 de octubre de 2026

Ayuda

Hay personas a las que ayudo hoy en día que me dicen no saber cómo lo he hecho para superar una madre psicópata que me donó sexualmente a su pareja y un padre ausente que nunca me reclamó a pesar de conocer. Diez años de infierno desde mis cuatro años y medio hasta mis quince.
- No entiendo cómo lo has hecho y lo sigues haciendo día tras día, y encima nos tiendes la mano a otros..

El ser humano es resiliente. El ser humano es capaz de cualquier cosa. Unos deciden el camino del bien y otros deciden perderse en una oscuridad que les devora el alma que pierden un día. Aunque todo tiene un porqué.

No eres lo que te hicieron en un pasado doliente. Eres quien superó todas las adversidades que días de antaño creíste no poder superar. 

Lamentablemente perdemos a quien se deja abandonado en el dolor, la ira, el odio y la melancolía incapacitados de ver un horizonte más allá.
Los perdemos porque deciden abandonar, yo misma he estado en ése punto, y es lícito porque el dolor es lo que más cansa en este mundo.

Por ello hoy los sobrevivientes de dichos escenarios tendemos manos, para que otros en ése preciso momento que se ven abandonados estén acompañados a ver ese horizonte que existe si alzas la vista y desplegas tus alas.

Hay quien no entiende nuestro dolor, hay quien no quiere ni mentarlo, hay quien pasa por tu vida y no entiende qué tipo de personas somos. Y está bien.
Todos tenemos un papel en la vida de otros. Unos más largos y otros más cortos, hasta fugaces. Aunque toda persona que pasa te deja una enseñanza de vida.

Sea una buena experiencia o mala, todos al final tienen un mensaje poderoso que si vas limando capa tras capa resulta positivo para conocerte más y mejor a ti mismo.

Somos fuertes, somos guerreros de una de muchas batallas que suceden en este mundo. No somos más ni mucho menos los menos.
Hay multitud de batallas dolorosas que suceden al mismo tiempo y quienes salimos con vida de unas, vamos a ayudar a la siguiente.

A veces es tan fácil como pedir ayuda. Cuesta tanto y al mismo tiempo es tan doliente que no te crees con el derecho de pedirla. Pero es que muchas veces perdemos el significado de lo que denomina ser humano. La humanidad precisamente, la empatía que caracteriza a ésos seres que muchas veces sin tú pedirlo acuden en tu ayuda.

Pequeños gestos para unos que lo significan absolutamente todo para otros.

Somos iguales que simplemente no se pierden en el ruido ensordecedor de la evasiva. Sino que recaen en los pequeños detalles de una utopía que sí que existe por más que quieran negarlo.

Somos muchas manos las que ayudamos a otros, porque todos recibimos ayuda en un momento u otro de nuestra vida.

No te digas que a ti no, reflexiona sobre tu linea de tiempo y verás que hay luces donde no veías más que oscuridad. Quizás una venda tapaba tus ojos, quizás el momento lo enrolaba una emoción negativa que no te dejaba ver. Aunque pasara.

La fuerza más descomunal y la luz más protectora reside en ti. Incluso cuando crees desfallecer por que ya no sabes de dónde sacar fuerzas.
Incluso en ése punto, tienes un empuje más que te ayuda a poder.

Por todos aquell@s que se encuentran en un momento débil de existencia. Pedid ayuda. Sin temor, por que tú tienes el coraje y el valor, quien te da la mano, simplemente te da el empujón.


sábado, 22 de agosto de 2026

Bufón

Tú que te crees juez. 
Tú que te crees ser.
Tú que te crees saber.
Tú que te crees conocer.

Tú que dices haber sufrido.
Tú que dices haber vivido.
Tú que dices haber sostenido.
Tú que dices haber conseguido.

Tú que no miras la verdad.
Tú que sólo observas tu realidad.
Tú que te crees capaz de superar.
Tú que dices buscar la genialidad.

Tú que no cambiaste de zapatos.
Tú que sientes la piedra pisando en plano.

Tú que dices ayudar.
Tú que sin mirar a los lados, lo que haces es sabotear.

Tú que dices ser damnificado.
Tú que no ves con los ojos  al que tienes a tu lado.
Tú que te sientes glorificado.
Tú que en la lluvia sólo ves los charcos.

Tú que te crees real.

Examen de consciencia. 

Da.

Espectro

Borrosa. Sentada en una silla. De pie apoyada en el marco de la puerta. Centrada en un núcleo de personas del que no la rodeaba nadie. Estirada en la cama mirando al techo, la blanca nada. 
Discusiones, conversaciones, opiniones. Juicios de los que únicamente alcanzaba a discernir palabras que se clavaban como estacas en su pecho.

Silencio. Su escudo más fuerte siempre fue refugiarse en su mente. En ese mundo creado desde tan temprana edad que daba vértigo el tiempo. Tacto en pared y quizás lograr, encontrar, ver, lo que esconde el andén 3/4.

A su alrededor mientras tanto viñetas de descontrol, de enfado y confusión.

En la claridad de su abstracto únicamente sentía emitir juicios sobre emociones y sentimientos que no lograban acariciar? Apreciar? Aproximarse? Adivinar? Valorar?

No se hacían una idea, ni la más mínima consciencia, de lo que provocaban en su ser al escupir por sus bocas lo que aquellos creían saber.

Cuchicheos, directrices,  miradas inculpatorias por un reflejo que no admitían. Silencios llenos de ira que recorrían sus cuerpos.
Sentencias como parte acusatoria de una defensa no aprobada. 

Dientes desollando su piel, esa con la que podían resguardarse, porque ella ya no sentía nada.

Antaño el fuego de su sombra se encendía debatiendo consigo misma tales actitudes. Estaban acostumbrados a luchar en batallas. Hoy ríen juntos recordando. 

Desdoblando el tiempo como cuando papel en mano, esquinas cuadradas, triángulos varios, creas un avión que primero apuntas a tus labios para soplarlo antes de lanzarlo. Por costumbre popular, por desear suerte y que planee o por pensar que algún tipo de calentamiento influye en su aerodinámica. Errático.

Pobres desalmados. No supieron nunca lo que poco a poco fueron construyendo...

Bocas que hablaron demasiado en su momento hoy callan por su propia inseguridad. La rabia exacerbada que sientieron hoy está encerrada en una Caja de Pandora de seguridad. Ella.

Se valora más por lo que callas que por lo que hablas.
Sabias palabras de su abuelo.

Si separaron caminos no fue por su detalle al regalar, sino porque se convirtió en espejo de su vanidad. Y no toda persona es capaz de aguantar delante de su reflejo y realizar el trabajo desde cero. Sin disculpar acciones, cuentos varios, formas de opinar...

Se levanta tranquila, viendo los rayos de luz que se cuelan por las cortinas, y sentir ese placer al oler el café mientras sonríe. Un nuevo día.

La vida. No todo el mundo tiene el coraje de pillar la rotonda y caminar sobre sus pasos para después de hacer examen de consciencia actuar.

Seguir camino, estar atento a letreros en una carretera que puede encontrar el final cuando tú decides si parar. 

La vida. Sin más. Curiosa al pensar porqué te pone escenas delante que considerar. Encuadre, fotografía, luz, emoción. Aprendizaje. Absorción.





miércoles, 5 de agosto de 2026

Fonambulista

Camino brazos en cruz por la cima de la montaña, jugando a adivinar qué se esconde allá arriba. Qué se nos escapa...
Primero un pie, seguido el otro y mientras juego con la mirada hacia ése vacío escarpado que sube la adrenalina en tu cuerpo pensando quizás en la temeridad de dar un paso en falso y caer al abismo.

Únicamente veo belleza. Una vista desde la cima para observar ese horizonte en el que nos desdibujamos en la nada. Mientras el sol calienta mi cara, una suave caricia en forma de brisa alivia emociones enquistadas. Respira.

Ése verde que inunda el valle y te llena de una emoción inmensa de bienestar. Verde esperanza.
Mientras sigo sintiéndome juguetona, jugando a que no somos nada, en un inmenso mundo natural que nos acompaña.

Me encuentro una cabra. Haciendo piruetas normalizadas para ella, mientras a mí me parece extraordinaria. Ése equilibrio. Ése saber de que si caigo al vacío, vuelvo a ponerme en pie y vuelvo a subir el mismo camino, 
"- solo resbalé -". Y se incorporan con esa franqueza de saber que "son cosas que pasan.. ". Traspié.

En mí es la tozudez. De saber que mientras haya vida, no importan las piedras del camino, pues se que no son obstáculos sino momentos a los que sobreponer.

Por un momento parece desdoblarse el tiempo y una mirada directa nos conecta. Para simplemente conocer que todos formamos parte de éste mundo de locos en el que tienes que jugar a aprender y seguir adelante.

Sigo. Resbalo. Me caigo. Descanso. Nota mental. Aprendizaje interiorizado. 
Y sigo. Sigo el camino.

Que no sé dónde me llevará. Justo es ahí donde reside la magia. 

Agradecida. Me siento bendecida. Mientras me siento en la roca y me dedico a observar. 
Ese paisaje. Ese horizonte.
En mi pecho plenitud extrasensorial.

Por los que estamos y por los que ya no están. Por mí.
Por saber respirar, y apreciar momentos que otros, simplemente no pueden siquiera imaginar.

Sigue...





domingo, 5 de julio de 2026

Tranquila

Ya no tengo prisa. En tiempos pasados mis pasos se fusionaban en sintonía con los de otros que ya tenían un ritmo propio, pero no era el mío.
A veces adquirí ese ritmo caminando sola, y sin darme cuenta corría desde el punto A al punto B sin apenas darme cuenta.
Acompañantes me decían 
- tia, baja el ritmo que no tenemos prisa. 
Y sin darme cuenta lo bajaba y volvía a subirlo en apenas 2 minutos.

Eso ya no pasa. Por fin camino tranquila. A mi propio ritmo. 
He aprendido a pasear. Sobretodo a entender que cada uno tiene su ritmo y no "debes", poder puedes, (aunque no te lo aconsejo), seguir a nadie.

Descubrir cuál es mi ritmo natural ha significado para mí mucho. Un esfuerzo titánico.
Después de correr tanto para no detenerme a pensar por el dolor que me podría causar. Ha sido un descanso para mi alma.
Me lo imploraba a gritos.

Lo que más gozo son pequeños momentos inexistentes para la mayoría de mortales que pocos les damos la connotación de mágico que se merecen.
Hay momentos que son simplemente magia.

Y si agudizas bien la vista puedes ver un pequeño halo dorado incluso. 

Años hace ya que suelo expresar en voz alta "qué momento más mágico", o "qué regalo de momento".
Simplemente ahora se multiplican. 

Y nada tiene que ver con ser optimista, un flower de la vida o ingenuidad en sí misma.
Para nada. Se trata de pararte a ver la vida.

Es como si observaras a través de la mirilla del fusil de un francotirador. Y no precisamente para disparar. Todo lo contrario, para apreciar. Dejando en borroso el resto de la panorámica y con absoluta nitidez lo que estás percibiendo. 
Esa es la magia. 

Tus pasos se ralentizan cuando no te dejas arrastrar por la fuerza del río.
Por lo que está remarcado. No se trata de no tener ésa presión de horarios, trabajos, hijos, compromisos. El pack completo, no.
Se trata de carácter. De actitud.

Se trata de ser consciente y consecuente. Pocos entenderán de lo que hablo.
Para muchos somos afortunados, sin pensar siquiera qué batallas, perdidas y ganadas nos ha costado. Años y años de seguir un cauce marcado que, ahogados, como a casi todos, fuimos empujados a un río desbocado, para que siguiéramos una corriente y "apañetelas tú si puedes"... 

Algunos nos manteníamos en silencio a flote, observando lo que nos rodeaba en el camino y buscando la mejor manera de salir de allí.

Intentar nadar a contracorriente, aferrarte a una rama que te llevaba con esfuerzo a tierra firme, una roca en la que conseguías anclar dedos y haciendo fuerza con tu cuerpo poco a poco te instalabas hasta descubrir el siguiente paso para salir de la corriente y alcanzar tierra. Mientras personas siguen ahogándose, gritando mientras la fuerza del río las arrastra. Unos se dejan llevar flotando, otros haciéndose el muerto. 
Hay tantas maneras de llegar a mar..

Sólo cuando tocas tierra firme puedes ver lo que has conseguido. Te paras a observar frente al río y dices, no volveré.

Es entonces cuando empiezas a conocer tu ritmo. Tus pasos. Ellos son los que te guían.
Algunos dicen guiados por Dios, otros por el universo, otros por ... Yo sólo sé que no sé nada. Para mí eres tú el que creas tu camino, con más o menos magia, de éso va la vida. De que creemos saberlo todo y no sabemos nada. 


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