Yo

miércoles, 25 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 Le llaman "El camino del ermitaño", es ese momento en el que no puedes más y poco a poco vas recluyéndote en ti. Después de esa despedida silenciosa que ni tú sabías que estabas realizando vas quedándote en ese silencio que necesitas como el respirar.

Es el momento más crudo del camino. Porque no es que vayas decidiendo cosas a lo loco, es que tu inconsciente toma el control absoluto porque tú ya no puedes más. Él sabe que todo te pudo, que no puedes aguantar más dolor, y él toma los mandos. Sin saber muy bien porqué o cómo, vas tomando decisiones sobre la marcha. Te puede parecer que vas como pollo sin cabeza, como se suele decir, porque no sabes muy bien lo que haces, y la verdad es que lo sabes mejor que nadie y con más firmeza que nunca. Simplemente tú estás en stand by y maneja tu inconsciente. Él sabe bien qué necesitas, qué quieres y hacia dónde vas.

Justo en ese tramo analizas tu dolor desde la sangre más doliente de tus heridas. Analizas situaciones vividas, conversaciones, palabras, miradas, juicios, desplantes, abandonos, tiradas por tierra. No es agradable, es hiriente. Te das cuenta de muchas cosas, porque ya te habían dolido in situ, pero analizarlo es next level. El dolor es desgarrador. Porque dichos gestos vinieron de personas que tú querías, en las que confiabas, en las que creías eran tu red. Y te das cuenta de que no tuvieron nada en cuenta. De que caminabas todo el tiempo sin ésa red que aplacara la caída.

Todos atravesamos por momentos cruciales en nuestras vidas. Malos momentos en los que nos perdemos. En los que nos equivocamos, en los que nos olvidamos de nosotros mismos. Y en la vida que vivimos, tal y como todo está estipulada, nunca te enseña nadie a lidiar con lo que sientes. Con lo que te duele, con lo que te encuentras en tu interior. De ahí la frase "aprendemos a base de hostias", solo que unas duelen más que otras, y hay algunas en las que te planteas seriamente si seguir o no porque el dolor es, a veces, acumulativo, y llega un punto en que es insostenible. La mente te juega malas pasadas y crees que apagarte es la mejor opción. Por agotamiento físico, mental y emocional.

En ese momento es cuando haces un auto juicio. También analizas tus actos. Cómo contestaste, cómo reaccionaste, qué hiciste y te das cuenta de que tú tampoco actuaste bien en determinados momentos. Analizas. Analizas. Y analizas. Hasta el mínimo detalle. Hay días que lloras hasta caer rendida y duermes. Otros no puedes pegar ojo. Hay en los que gritas de dolor. Hay en los que te invade la tristeza y te abraza la compasión. Hay de todo...

De lo que no eres consciente es que es ahí donde estás haciendo ese reset necesario. Tan implorado por tu propia alma. Estás creando ese lienzo en blanco en el que vas a empezar, poco a poco, a ir escribiendo tu nueva historia. La verdadera. La que ha sabido siempre ese inconsciente que eras, pero que tú no has sabido exteriorizar por querer "encajar", o "adaptar" en ésta vida aún. Porque te silencias por el "qué dirán", por las opiniones que van ejerciéndote un patrón poco a poco, sin tú darte cuenta.

Han ido tomándote medidas y cosiendo sobre ti un traje que no era el tuyo, porque en realidad sabías que no te gustaba, que no iba contigo. Pero con tal de agradar a los demás y de no perderlos, has ido dejando que te lo enfundaran. Y sin saber cómo te has visto asfixiado. Sin poder respirar por la presión. Armado de pies a cabeza, y resulta que no eres tú. 

Por eso mismo, te encuentras en esa soledad escogida, en ese silencio. Para desvestirte, quedarte desnudo frente a ti, analizar mirándote a los ojos en ese espejo y decirte - ya basta.

Y lo que viene, lápiz en mano, vas a dibujar un boceto donde vas a ir representándote todo lo que realmente eres. Por fin...

domingo, 22 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 Sanar duele. Duele muchísimo. Es un dolor que no puedes describir con palabras. Es un desgarro en el alma, en el que lloras desconsoladamente como si no hubiera un mañana. Como si fueras a morir porque te es inaguantable soportar tanto dolor. Sientes en un vacío existencial en el que no te encuentras, ni puedes agarrarte a nada para sostenerte. Porque no existe nada. Solo tú, lidiando con ese dolor aterrador que únicamente te hace sentir miedo. Entras en espacio atemporal en el que no sabes dónde te encuentras, cómo te encuentras ni qué haces ahí. Solo sientes que todo te aplasta y no puedes respirar apenas..

Ahora lo llaman "la noche oscura". No es una noche en concreto, cada persona lo siente y lo percibe de una manera diferente, depende de su ser. Y puede que no sea solo una, sino muchas. O sean días. Todo es para intentar describir una situación que atravesamos. Un quiebre existencial, ya no sólo de la persona, es en el interior, lo sientes en el pecho, en la boca del estómago. Y es algo que no puedes describir. El alma grita.

Ya no puedes sostener. Se acabó seguir igual, porque simplemente no puedes. Ya no puedes hacer frente de la manera en la que lo hacías porque algo dentro de ti se ha manifestado y ha gritado -basta! Ya no lo puedes obviar más y después de llorar lo que no creías posible, empieza a aparecer extrañamente una emoción nueva. Una quietud dentro de tu ser que desconocías. Una sensación extraña que no sabías que existía.

Sin saber cómo se instala en tu interior. Haces y deshaces cosas, tu día a día, pero algo ha cambiado. Algo impera en ti y desconoces de dónde vino, cómo lo creaste o qué hace contigo, pero se siente diferente. Liberador.

Marchó la presión. La que tú ejercías sobre ti mismo, y la que ejercen los demás sobre ti. Porque desaparece. Justo en ese momento, como sientes esa quietud dentro y te hace sentir bien, vas recluyéndote poco a poco. Vas distanciando en el tiempo ésas respuestas, ésos mensajes por contestar, aparecen las llamadas que no realizas, para aparecer en el tiempo ese momento que quieres perpetuar para tu tranquilidad. Es ése momento que llaman "el camino del ermitaño".

Justamente es lo que haces. Recluirte. Abandonas el ruido ensordecedor que antes te guiaba por impulsos, y vas buscando un lugar donde mantenerte en solitud. Contigo mismo. Porque no quieres escuchar nada. Ese ruido que antes te acompañaba ahora te molesta. En esa molestia identificas, poco a poco, lo que ya no va contigo, lo que, quizás, nunca fue contigo, pero estabas acostumbrado a escuchar. A sentir. A que te colapsara la mente y fueras haciendo totalmente automatizado.

Ese es el momento en el que te encuentras contigo mismo, y no de una manera efímera, sino todo lo contrario, conscientemente, te has encontrado con tu ser más puro. 

jueves, 19 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 La vida es injusta y muy dura. Es un hecho, una realidad. Y encima la sociedad como está montada no nos lo pone nada fácil. Muchas veces nos perdemos. A veces hemos ido programados toda la vida y desconectarse es un mundo. A veces tienes que tocar la tierra con los pies descalzos para saber que estás aquí. Un acto tan simple a veces te urge, para sentir que existes realmente. Es doloroso en muchos casos.

Bajo las condiciones en las que te criaste te condiciona muchísimo. Por algo se dice que somos la herida de nuestra infancia. Cada inseguridad, cada dolor, cada lágrima siempre tiene una herida. Y tardas demasiado tiempo en darte cuenta. Hay quién no lo logra jamás. Hay quien lo consigue a una temprana edad. Y la mayoría de quienes lo consiguen lo hacen a la mitad de vida, con tiempo para ser capaces de mirar atrás. Analizar. Comprender. Y si sabes hacer bien el trabajo, perdonar. No todo el mundo sabe, no todo el mundo puede. Pero es lo que te das cuenta que debes hacer para poder avanzar.

Muchas veces ves imperdonable un maltrato físico, mental, hasta sexual. Muchos años lo hice, no perdonar. Me hería el dolor. La ira se apoderaba de mí. La sangre derramada me condicionaba en todo. En mí misma, en mi carácter hacia los demás. Lo que no veía es que poco a poco me devoraba en silencio en mi interior. Acumulé tanto dolor sin saber gestionarlo que me autodestruía sin saberlo y sin verlo. Sin darme cuenta alimentaba ése autocontrol que en ningún momento tuve. Creía tenerlo. Pero no era más que un instinto de supervivencia, un estado de alerta continuo que me devoró internamente y exteriormente.

Toda ésa cólera almacenada de una niñez en supervivencia innata me sobrepasó. Me sirvió para sobrevivir. Pero en mí me mataba poco a poco. Mi cuerpo enfermó. Sin saber cómo, sin autogestión, empeoró de forma desmedida. Fui una farmacia andante. Una "urgencias" constante. Primero física, más tarde mentalmente. Hasta que perdí el control. Me iba sin darme cuenta. Con tanto dolor que hasta llegué a pedirlo yo en voz alta varias veces. De hecho lo supliqué. Sentía tanto dolor en mí que no podía aguantarlo. Era una herida andante que gritaba desgarrándome que por favor parara. Insostenible. Por ello pedí varias veces apagar el interruptor. Poner silencio en mi cabeza y mi cuerpo. Morir. Perdí la cuenta de veces que lo imploré.

Mi entorno se desarraigó de mí. Eso añadió más dolor aún si cabe. Aunque más tarde agradecí. Curiosamente cuando me vi sola. Sin respaldo. Justo ahí, encontré las fuerzas más inhumanas para seguir. Justo ahí fue cuando estuve a solas conmigo misma y la pregunta más sincera con la respuesta más auténtica apareció. 

- Seguimos?

- Sí, que sea lo que Dios quiera.

Ahí empezó toda una travesía hacia mí misma. Un camino que muchos recorremos y acompañados del dolor. Ahí apareció mi verdadero ser, ese que había mantenido callado durante tanto tiempo, ese que apenas conocía. Tanto tiempo gritándome en silencio. Haciéndose notar, dándome señales, haciéndome enfermar para que viera que ya no podíamos seguir así más tiempo. Y yo sin hacerle caso. Paliando dolor con pastillas.

No son más que parches en una herida sin limpiar. Te das cuenta cuando en reposo, empezando a ser consciente de ti mismo se autorregula de una manera brutal. A veces no queremos oír lo que nos dicen.

Una mente sana es un cuerpo sano. Y qué razón tienen..

martes, 17 de febrero de 2026

Volviendo a mí

Llega un momento que ya no puedes seguir siendo como eres, porque duele demasiado. Te das cuenta que te autodestruyes poco a poco y en silencio. Curioso, porque tu interior grita, y grita de una manera insoportable. Es entonces cuando piensas - pasará algo conmigo?-
Y sí, sí está pasando. Que no puedes seguir con un papel que no es el tuyo.

Poco a poco te vas despidiendo del entorno que te rodea. Las personas que te han acompañado siempre.
Sin saberlo, poco a poco te vas despidiendo. De una manera silenciosa, de una manera que ellos ni intuyen. Pero tú sabes que te estás yendo. Cada sonrisa, cada caricia, cada apretón de manos, tus dedos hacen más fuerza porque quizás quieres que te quede ése cariño impregnado, porque no vas a estar como solías estar antes. Todo cuenta para ti de una manera especial. Porque sabes que se viene un adiós silencioso.

No todos lo entenderán, con ése distanciamiento aparecerán silencios, preguntas, enfados, discordancias, falta de entendimiento o comprensión, quien sabe.. y está bien, el río lleva su caudal y poco a poco el agua corre. Cada uno debe de seguir el sendero que le lleva la vida. Cada cuál dirige sus pasos al camino que cree que hará reencontrarse con él mismo. Cada persona lleva sus tiempos, sus maneras, sus indicaciones y sus vertientes. No eres nadie para juzgar el camino de los demás de igual manera que nadie puede juzgar el tuyo.

Se juzgue o no se juzgue pasa igualmente. Transitas por un nuevo destino que realmente desconoces. Te quedas tú contigo mismo para empezar a coger fuerzas para enfrentar. Sí, te enfrentas a ti mismo, cara a cara. No hay mayor desnudo que estar tú frente a ti mismo. Ése momento justo en el que te encuentras mirándote como nunca lo habías hecho antes. Duele. Duele mucho. Es apagar ése auto pilot y empezar a estar presente, presente en ti. 

Quizás has vivido momentos de vorágine antes. Momentos en los que sabías que hacías cosas por que algo dentro de ti mandaba, algo te decía - por aquí !, por aquí !, por allá!, ahora allí!- y tú como cabra desbocada hacías sin pensar, pero realmente guiada por algo interno que sabía en ése preciso instante qué te vendría bien y qué no. Quizás piensas que estás perdido y vas, como se suele decir, como pollo sin cabeza. Aunque cuando paras realmente, te das cuenta de que no andabas sin cabeza, nada más lejos de la realidad. Te guiaba tu intuición, tu insconsciente, porque sin saberlo, le habías pedido el relevo porque tú ya no podías más. Y sabiamente, él te ha guiado a donde te encuentras ahora.

Miras atrás y ves que no lo podía haber hecho mejor. Te quitó de sitios donde no podías ser tú, no estabas tranquilo, o no era un buen lugar para tu salud. Sin embargo cuando y donde te ves ahora, ves que aquí sí puedes ser tú, si puedes tener esa calma que necesitabas. Ése entorno donde puedes empezar a curarte, a sanar, a conocerte y encontrarte. 
Muchas veces por miedo quizás, pensando que es algo místico, como si fuera malo.. (aún no sé por qué) no seguimos las guías que nos va dando nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestro ser. Nos enseñaron a ser de puertas para fuera, bajo mi opinión humilde, no quieren que te guíes por lo que tu propio ser te dicte, pues es más poderoso, más capaz, más racional, si cabe, que lo que nos enseñaron que teníamos que hacer. No interesa quizás. Ahí intervienes tú, para reivindicar quien eres realmente y qué estás dispuesto a hacer para encontrarte a ti mismo de nuevo y hacer más fuerte aún ése ser que eres tú. 
Reclámate. Es nuestra manera más pura y significativa de reivindicarte en un mundo lleno de prisas, de estándares, de objetivos y de todas las locuras que azotan la sociedad de hoy en día.

Déjate ser, déjate estar, trátate con comprensión, con entendimiento y con amor. Va a ser todo un camino de introspección hacia ti mismo que te va a cambiar la vida por completo.

sábado, 14 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 Creí morir. De hecho lo quise así un tiempo. Sin darme cuenta mi luz iba apagándose, el dolor era tan grande, el cansancio tan agotador, el vacío tan existencial, tanto.. que quise apagar el interruptor y dejarlo todo en manos del que está ahí arriba. 

Morí tantas veces en vida en un pasado que quería que fuera el definitivo. Lo ansiaba. El punto y final a una vida que no quería seguir viviendo. El sufrimiento en mi cabeza no cesaba. El dolor en mi cuerpo no dejaba de crecer y sin saberlo me gritaba mi alma en silencio haciéndose notar.

No estamos acostumbrados a tenernos en cuenta, pensamos que tiramos, tiramos, tiramos sin esperar ninguna represalia en contrapartida. Y somos un SER, que sufre, que duele, que grita, que llora, que ríe, que calla, que calma o que se autodestruye.

Dicen que estamos aquí para aprender. Para sanar y crecer. Nadie te enseña cuál es el camino para hacerlo. Es jodido darse cuenta de que no puedes obviar ése dolor y en cambio debes atravesarlo. No sólo tu herida de infancia, sino todo el tiempo que has ido en auto pilot haciendo caso omiso a lo que te mata por dentro poco a poco. Es un vacío que no puedes rellenar con nada ni con nadie. Tienes que enfrentar, atravesar, limpiar, calmar, y sanar. Y sólo puedes hacerlo tú. Nada ni nadie puede enfrentarlo contigo, solo y únicamente tú. Ése miedo a veces es atronador. No te deja espacio de maniobra, debes de parar, tomarte un tiempo para ti y con todo lo que has vivido y con las lecciones que te ha dejado cualquier persona que ha pasado por tu vida, porque sí, todo ha sido aprendizaje para que llegue un día que puedas hacer baremo de lo vivido, de lo sentido y de darte cuenta de porqué y para qué.

A veces perder es ganar. Tal vez has caído en un pozo, has intentado sobrellevarlo, cada persona a su manera, apagando el silencio y el dolor recluyéndote, bebiendo, drogándote, sin dejar de llorar, sin dejar de gritar. Cada cuál.. Todo es lícito y nada es reprochable. Lo pasamos todos realmente. Por que todos tenemos circunstancias que nos agotan, que nos hieren, que nos matan poco a poco. Muchos abandonan desgraciadamente, otros nos quedamos y seguimos presentando batalla sea como sea. 

También se me han ido, también he visto perder el impulso de sobrevivir para vivir, y es desgarrador ofrecer tu mano siendo consciente de que ése trabajo personal lo tiene que hacer uno mismo para salir adelante. Nadie dijo que fuera fácil. Pero si decides quedarte y luchar, es otra historia.

Está bien. Para, sepárate, y toma tiempo para ti. Sin presiones, sin dependencia, sin miedo sobre todo. Y siéntete. Mirar dentro y explorar duele, a rabiar sí, pero duele más seguir adelante sin saber quién eres, qué quieres, qué sientes o qué quieres hacer con y en tu vida. Seguir sin saber enferma, seguir sin saber mata poco a poco pero mata. Ése dolor desgarra ése ser que eres y tu alma grita que ya no puedes más. 

No es un camino fácil. Pero es necesario para ése cambio brutal que haces sí o sí. Es para ti, por ti, y eso merece todo el valor del mundo. Porque es más triste perderte tu vida, es más triste seguir viviendo una mentira que, sabes bien, va a llegar un día en que explote todo . Aunque intentes obviar que hay una bomba de relojería dentro de ti, que intentas esconder para no tomarla en cuenta siquiera. Es mucho más costoso internar negarla que desactivarla, por mucho que pienses que no.


lunes, 29 de mayo de 2023

Hoy me hace reír

- Porque la verdad Patri, no tienes mucha gente a tu alrededor...

Éstas palabras me hirieron muchísimo en su momento, especialmente viniendo de alguien que supuestamente me quería...
En el momento más bajo de mi vida, dónde mi autoestima caía en el vacío sin tocar fondo.

Hoy me río, y además a carcajadas.
No tienes ni idea. Cierto es que he sido muy selectiva en mi vida con quién me rodeara, pero porque prefiero la calidad a la cantidad. Tampoco es que tenga poco, ni mucho menos.

Hoy me río porque cuando "volví a casa" me sobraron manos para agarrarme entre todos y gracias a ellos hoy soy feliz, me recuperaron "aquellos que nombraste pocos.." 
Ya quisiera mucha gente tener las manos que me han sujetado éste tiempo y me han protegido como formación tortuga en ésta batalla. 
Ya quisieran muchos tener a ciencia cierta que mi gente es para siempre y a cualquier precio...

Ya quisieran muchos...

miércoles, 24 de mayo de 2023

Stand by

Mi mente quebró. Decidí abandonarme para que todo acabara. Me abandoné a mí misma esperando el momento en que llegara mi fin. Todo era demasiado doloroso, demasiado ya para mí. Dolor, dolor y más dolor. Físico mucho, pues todo lo que no reacciona tu mente, tu cuerpo lo expresa.
Dejé de comer, dejé de estar pendiente de mí, dejé de querer vivir.

Había pasado por una terapia de abusos sexuales desde los 7 años hasta mis 15. Aquél viaje tuvo subidas y bajadas, pero el destino fue sentirme sola aunque estuviera acompañada.

Bebía, fumaba todo el día, la desesperación e irónicamente la apatía me llevaron a creer que "ya estaba bien.."

Había vivido ya suficiente, aunque había pasado cosas terribles, también había conocido a personas maravillosas en mi vida que me habían ayudado a salir y a crecer. Había reído, llorado, de tristeza y de alegrías. Había reído, bailado, cantado, amado, sufrido el desamor, había pasado por todos los estados como para haber tenido una vida plena. Pero ya estaba muy cansada, física y mentalmente.

Llegué a enloquecer. Cuando apareció el 112 en mi casa, cuando mi pareja abrió la puerta de la habitación mirando al suelo, pensando "espero que me perdones" y entraron médica y enfermera... Cuando me vi en el hospital esperando a entrar a la planta de psiquiatría... Ahí fui consciente de que había tocado fondo. 
De ésto se cumple un año ya.

Un año. En el que he estado ausente, en el que me he sentido sola estando rodeada de gente, en el que me encontraba muy pequeñita, y las vidas de los demás, sus palabras, sólo me hacían daño. 

Mi salud se deterioró, mi cuerpo huesudo me daba angustia, mi cara.. no era yo. No me reconocía, y lejos quedaba ésa persona que... soy yo.

No hay nada más peligroso que, serenamente, pienses que ya está bien, que ya te vale con lo que has vivido y querer descansar, querer que se acabe todo ya.

Una vez fui consciente, sentí saber el peligro de caer para no poder levantarme más. Y no es lo que realmente piensas, es lo que tu estado mental te hace creer que sientes. Pero créeme, no es así.

He luchado toda mi vida, por sobrevivir primero, más tarde por vivir. No es tarea fácil, aunque la clave es reaccionar. No te mientas como lo hice yo, como lo hacemos muchos.

La vida te pone en diferentes situaciones y tú sólo tienes que saber abordarlas, nunca nadie dijo que fuera fácil, pero es egoísta pensar que te abandonas por algo que tu mente te hace creer pero en realidad no es así.

Soy fuerte, soy luchadora, una guerrera nata, y no me ha caído del cielo, lo he tenido que batallar con uñas y dientes. Siempre, con sombras del pasado, pero también con manos amigas que te ayudan a levantarte y que hacen que hoy esté aquí.

En recuperación poco a poco, pero dando pasos gigantes cada vez que me lo propongo, que no es poco.

Volví a ser yo, volví a mirarme al espejo y decirme eres bella, por dentro y por fuera. Y por mucho que dos te quisieran muerta, aquí estás tú, dando guerra.

Haciendo de tripas corazón y batallando en cada escena. Vuelvo a quererme, vuelvo a querer vivir, disfrutar de la vida viendo las cosas bonitas desde diferente ángulo para quedarme con toda la magia y la plenitud de momentos, de quién me quiere, de una mariposa que se posa en tu mano y toma el vuelo.

Si viniste a éste mundo es para sentir, para conocerte, para aprender de ti y de lo que te rodea. Y beberte la vida a sorbos como se disfruta un vino acompañado de un buen queso.

Hoy soy feliz, porque me tengo a mí, tengo a quién me ha demostrado luchar por mí y el amor que me rodea en marea.

Me encontré sola, pero estaba arropada, me encontré abandonada pero sentía la tristeza de los míos al verme de ésa manera.

La fuerza se encuentra, sólo tienes que potenciarla, por ti y sólo por ti, xq ésta vida es demasiado bella para no vivir en ella.

Datos personales