Yo

sábado, 20 de junio de 2026

Yo

- Los referentes de amor que tuviste los primeros años te salvaron, pero te duraron poco tiempo. 
No tienes referente de pertenencia. La figura más importante, la madre, seguido del padre, no los tuviste. Creciste rodeada de alertas, en modo supervivencia. Eso mismo ha marcado tu vida hasta ahora. No tienes un referente al que volver, un lugar al que volver, donde sentirte protegida, no lo has tenido. Eso hace que tu sistema nervioso, tu sistema de alerta, no pueda apagarse. Te has tenido que hacer a ti misma, y créeme, lo has hecho lo mejor que has podido hacer. Toda una proeza. 
Pero debes de parar. Has ido en la vida cargandote a las espaldas cualquier dolor, cualquier desencanto, cualquier abandono que hayas sentido y has tirado, y tirado, y tirado sin darte un respiro. Porque cuando paras, piensas. Cuando piensas te duele. Y no podías permitirte quejarte porque tenías que seguir adelante.

Te acostumbraron a dar todo de ti, nada era suficiente porque, realmente, ellos nunca te quisieron, así que te exigían siempre y cada vez más. Ese ha sido tu modus operandi en cualquier vínculo que has tenido después. Amistad, familiar, laboral, romántico.

En todos ésos lazos has dado siempre más de lo que podías dar sin tener en cuenta que tú te estabas autodestruyendo.

Has huido de las relaciones aún y amando por el simple pánico del abandono. Preferías irte tú a llevarte el palo, hablando mal y pronto, de que no funcionara o te dejaran. Te anticipabas. Creabas el peor escenario, aún y tú amando, y te lo creías. Eso hacía que vivieras momentos que en tu cabeza ya estaban ocurriendo cuando no era así.

Era simplemente tu miedo al abandono.

No sabes qué es la tranquilidad, porque nunca la has tenido. Y la has confundido con emociones negativas, aburrimiento, sensación de que "se ha acabado estar bien". Cuando quizás ya lo estabas. No lo podías ver.

Te entregas a cualquier coste, a todo rendimiento y más, si cabe. Eso ha destruido tu físico. Por éso se rompió tu sistema inmune, porque predominaba tu sistema nervioso. Así apareció el lupus. Es la consecuencia a tu forma de ser y de vida 

Te acostumbraste a vivir siempre en alerta, en estado de nervios, en modo supervivencia, por el maltrato, por los abusos sexuales. Por ésa carencia de cariño y amor. Y mandando el sistema nervioso siempre no podemos vivir. Nos destruimos a nosotros mismos. 

Has tenido ayuda y te la han prestado, pero no has sabido aceptarla o llevarla. 
Porque te marcaron demasiado la palabra "carga". Así que te has sentido así siempre. Una carga para los demás, cuando en muchas ocasiones, estoy seguro, fuiste "la solución".
Pero no te enseñaron a quererte, a cuidarte, a VALORARTE. Y eso destruye.

- Sí, lo sé desde siempre, pero me doy cuenta tiempo después..

- Eres inteligente, eres persona de ayudar a los demás, eres culta, eres empática (diría demasiado en tu caso), eres terriblemente emocional, aunque quieras hacer ver lo contrario. Eres muy fuerte.

- Ya, ese "eres muy fuerte" me mata..

- Porque todo acaba cansando cuando es en desmedida. Debes de saber que ahora es tiempo de parar. De estar por ti. Te conoces a la perfección, pero debes aprender a quererte y sobretodo a VALORARTE tú a ti misma. 

Sin pensar en nadie más, sólo en ti. No porque seas egoísta, (está muy de moda esta expresión), pero en ti, es de carácter urgente.

Estás cansada. Y lo que debes de aprender es a saber dar, pero también saber recibir. Cuidar a los demás pero que también te cuiden a ti. Saber qué te va bien y qué te va mal.

Sostenerte. Sin miedos, sin prisas, sin presión.

- No sabe lo que necesito apagar el interruptor de alerta.

- Lo sé, por eso mismo  trabajamos en ello.

- Es difícil. Llevo toda la vida funcionando así..

- Lo sé. Pero también sé que eres lista, aprendes rápido y te gusta vivir. Lo vas logrando poco a poco...
Paciencia. No podemos cambiar una vida entera en dos días, como aquél que dice..

- Lo sé, estoy aprendiendolo poco a poco...

Tú y Yo

https://youtu.be/ZYDj7bys8jo?is=kPD7mbwA11sbEX-I

martes, 9 de junio de 2026

Fortaleza

- Eres muy fuerte Patri, tú puedes con todo siempre.

Perdí la cuenta de las veces que se me ha dicho. 
- Eres fuerte
- Tú puedes, eres fuerte.

Eso lo sé desde que tengo uso de razón. Desde que me arrancó mi madre de los brazos de mi abuela, y me robó de mi hogar. Desde ese día que me encarceló en una habitación en la que únicamente se encontraba un somier, un colchón sucio y un radiador estropeado. Donde se filtraban unos pocos halos de luz a través de una persiana rota y encallada. Fría, sucia y terroríficamente sola. Sollozaba por la ausencia de mis abuelos, mis protectores, mis padres, mis dioses...
Hasta que molesté tanto que mi sollozo no les dejó dormir. Se levantaron a pegarme mi primera paliza. Primero ella, desquiciada. Después él.

Apenas podía respirar entre inspiración entrecortada y la siguiente. Apenas podía moverme del dolor que sufría mi cuerpo.

Instintivamente empecé a acallar mis lágrimas. Mi diminuto y dolorido cuerpo fue acurrucándose, haciéndose un pequeño bulto en una esquina del colchón protegida por el ángulo de la pared. Poco a poco fui calmando la presión en mi pecho para que dejara paso al descanso. Esa noche supe que debía ser fuerte. No podía ni imaginar en ese momento todo lo que vendría después. Todo lo que iba a tener que soportar, aguantar y a lo que tendría que sobrevivir durante años para escapar. 
Tenía que ser fuerte.

- Eres muy fuerte Patri.

No me tocó otra cosa. Esas fueron las cartas que me tocaron para jugar mi partida.
Aquella fue su bienvenida. 
Y aquella noche fue cuando se encendieron todos los indicadores. Alerta. Peligro. Alarma. Crecí haciéndome a mí misma.
Misión sobrevivir. 

- Eres fuerte Patri.

Nunca se me dio otra opción. Ser fuerte se tornó indispensable para salvarme cada día...



- Puedo dejar de ser fuerte ya?, estoy cansada.

martes, 2 de junio de 2026

Tú y yo

Pasamos de ser todo a nada.
Recuerdo haber sentido en el pecho un micro abismo, una vez que nuestras miradas se cruzaron. No debíamos. Pero mi alma se sintió atrapada por la tuya sin quererlo, sin poderlo remediar. Pasé tiempo negándolo. Por mí, por ti, por lo que nos rodeaba. Pero mi inconsciente te traía a mi mente sutilmente creando un recuerdo que me emocionaba. Muchas veces sin quererlo me daba aliento. Tomé decisiones, muchas duras, otras fáciles, todo y contando que no estaba bien de salud y atravesaba un momento demasiado delicado emocionalmente. Como siempre, no le di la importancia que merecía, toda. Pero siempre aprendí a tirar sin pensar demasiado en mí misma... 
Hablábamos, nos contábamos... Y a mí siempre me ha sanado la sensación de encontrarme en un estado confortable. Ni ideal (pues no existe), ni perfecto (mucho menos aún), simplemente sumando.
Salimos escapando de un lugar volante en mano. Con emociones de película. Lo sentí y lo viví así. Te volviste mi salvavidas. Aquél peluche que de niña abrazabas y te creías protegido. Aquél rincón donde esconderte y poder decir "casa" para sentirte a salvo. 
Mirabas mis ojos y yo me perdía en los tuyos. Dijiste "tienes un universo entero en ésos ojos", nunca lo olvidaré. Es lo más bonito que me han dicho en mi vida hasta la fecha, y viniendo de ti, lo era todo.
Sin ambos saberlo, porque quizás no te lo dije de la manera más convincente, ni mucho menos yo me di cuenta, tiempo después lo sabría... Te convertiste en la persona que más amé y por la que más luché.
No estábamos aún juntos que yo ya dibujaba un "para siempre" viéndote de viejito en tu mesa de trabajo, con tu pelo y barba canosa y trabajando con ésas manos que tenías llenas de fantasía sin tú saberlo ni apreciarlo por mucho que yo te dijera.
Y yo sólo necesitaba ver ésa imagen bajo una luz tenue y cálida para saber que estaba "en casa" con "mi persona".
Pero no pudo ser.
Yo arrastraba demasiado dolor que curar, y tú te mantenías a la deriva en un mar de dudas que te azotaban de un lado a otro sin tan siquiera ver que yo tiraba cuerda con salvavidas una y otra vez sin obtener el resultado de recoger cuerda y no conseguir salvarte.
En cambio me veías como algo que esquivar, un ajuero negro que te engullía y no te dejaba respirar. Me lo dijo tu boca, me lo gritaban tus ojos. 
Lo que no alcanzaste a ver fue toda la lucha propia que realizaba a contracorriente en mis torbellinos de dolor para escapar, nadar e ir a buscarte para llegar a la orilla de ésa pequeña isla que iba a ser sólo para nosotros dos. No necesitábamos más. Tú y yo. Sólo queríamos un puñadito de tierra para simplemente estar. De la forma en que somos, ambos, no nos hubiera hecho falta nada más.
Ambos creábamos magia. Momentos. Haciendo la comida, con nuestras risas, en la ducha divertidos, en el coche cuando íbamos a cualquier sitio y nuestras manos se entrelazaban y nuestros ojos hablaban. Filosofía. Se nos daba bien.
Pero los momentos oscuros nos engulleron. Las dudas y los males pasaron a tomar protagonismo. Yo buscaba tu mano y tú huias de mí. Sentí que caminabas sólo. Justo ahí me hundí. Cuando no quisiste hablar más, cuando ya sólo sentía cuchicheos, cuando una pared de piedra se interpuso entre nosotros mientras yo sollozaba dolor y tú sólo mirabas al infinito. Insensible. Mirando tu propio horizonte sin girar la vista al que estuvimos creando juntos. Te perdí mucho antes. Ésa fue mi deriva.
Llegué a pensar que nunca me quisiste, sino que te enamoraste de algo que en otro tiempo tuvo otra persona. Algo más.. que obtuviste y al lograrlo te  desencantó. Mi dolor creó una forma de ti para protegerme y por tiempo fuiste un baúl de recuerdos dolientes cerrado a cal y canto con cadena de doble candado fortificado. 
Hasta que fui sanando. Lentamente y poco a poco volvía a mí, sanando heridas que sangraban. Arrancándome puñales y vendando las heridas a presión. Hasta con los dientes ataba nudos, para crear fuerza y crear torniquetes. 
Heridas que únicamente con amor propio, poco a poco, sanaron. Solo entonces me vi capaz de abrir candado. Quitar ésa cadena pesada y acordarme del número como contraseña de ésa cámara acorazada. El amor. Ése amor que te tuve. Ése amor que me destruyó durante y después. Ése amor, que sin pelos en la lengua puedo decir que fue el que más bonito sentí, ése amor que sentí de verdad. Ése amor. Porque pensando y analizando tiempo después había colocado las palabras "para siempre", ésas en las que nunca había creído antes y que fueron tan pesadas de cargar durante tanto tiempo después. 
Sigo incapaz de mirar a nadie con aquellos mismos ojos. Sigo pensando que no estoy ni cerca de levantar la vista si quiera para mirar a nadie, por miedo a sentir simplemente. Personas se han colocado delante de mí para que levantara vista, pero mis ojos no quieren sufrir más, y lanzan un aviso conciso de "no pasará". Y cualquiera gira espalda y marcha, entonces respiro.
Quizás haber sentido aquél amor contigo me sirve de escudo para el que viene y levantar armas. Dicen que con el tiempo ...
Hoy por hoy no quiero sentir. Ya me siento viva yendo de un sitio a otro, sin pensar en nadie más. Subiendo a un tren y visitando a amistades, pasando tres días de risas y absurcedes varias. Subiendo y bajando una montaña, bañándome en el río. Yendo a la playa, jugando a pelota. Bailando. Aunque no he vuelto a bailar en el comedor agarrada a nadie. Ni lo haré hasta quién sabe ... Me enseñaron a vivir el momento para no volver a perder el norte. Me enseñaron que no tengo que tener respuestas para todo. Que cada uno siente y padece a su manera, y que todo está bien. Me enseñaron a vivir sin dolor. A restarle importancia a todo. A vivir tranquila. Y quizás a lo que me dedico es a enseñárselo a vivir a otros. 
Éso me salvó. 
Ojalá encuentres a alguien que te enseñe a hacerlo a ti también. Y vivas más tranquilo y feliz. Ojalá.
Siempre agradeceré tu paso por mi vida. Como el de toda persona que hasta la fecha ha pasado. Y a las que pasarán. Al fin y al cabo todo es aprendizaje. Un suma y sigue que crea camino. Siempre hacia adelante. Parar para descansar. Ya quité mis piedras que cargaba y conseguí andar liviana. Hasta que las estrellas hablen y me conviertan en polvo para volver a ellas con ayuda del viento.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Imagina que cada célula de tu cuerpo se vuelve ligera, casi líquida, y empieza a fusionarse con la brisa que acaricia tu piel.

Tu respiración ya no es solo tuya; se mezcla con el aire del bosque, con el calor del sol. Siente cómo tu corazón late al mismo tiempo que el de la tierra y hasta con los rayos de luz que atraviesan las hojas.
No hay límites. Tú eres parte de todo eso y todo eso forma parte de ti.


270 pastillas y entrada a un psiquiátrico

A veces, volver a ti es demasiado crudo. 
Cuando tu madre no ejerce tal papel en su vida y tu padre no deja pistas. Cuando no tienes una infancia enriquecida y sí una sociedad que devora. Te ves perdida en la vida. 
Crees encontrar el amor que nunca te dieron en otras personas que poco a poco difuminan su silueta en ese espacio corto de tiempo que transcurren en tu vida. Es crudo. 
Después de sobrevivir, y no descansar de sobrevivir siempre es muy crudo. Demasiado. Millones de personas pueden dar fe de ello. Aunque suele decirse "la vida es así", pensando que esa dicho reconforta en algo. 
Pensé que vivir era una decisión. Al menos la mía. Y no pude más. Así que planeé cuándo y cómo. Fue un día cualquiera, de una semana cualquiera, pero ya pedía que se me llevaran a ése otro plano donde se dice que se descansa y no se siente dolor. Hubo un tiempo en el que no me lo creí, hoy en día sí. Porque para algo debe de servir todo el aprendizaje y sufrimiento que se vive aquí, en ésta vida. Porque sino, nada tendría sentido. Y si algo es sabia en ésta vida es la naturaleza. Ella debe de tener el por qué de suceder las cosas, como lo tiene con todo. Yo decido creer, porque siento a los míos, los que ya cruzaron, decirme que no es mi momento.

Un día cualquiera y un plan establecido. Con total tranquilidad, pues para mí iba a ser un descanso merecido.
270 pastillas en una noche, en una ingesta para decir adiós. Ese era el plan.
No funcionó. A cambio sí obtuve el pase para un psiquiátrico un mes y medio. Y verme allí... Lo cambió todo. 

No vi la luz, ni un túnel, ni a nadie esperándome para atravesar una supuesta niebla de "Lluvia de Estrellas". Pero sí vi a personas con una pulsera en la muñeca, un pijama de papel azul, mandatarios vestidos de blanco, camas con correas y personas con diferentes dolencias mentales.

Drogadictos de todo tipo (de las drogas ilegales y legales), esquizofrénicos, bipolares, deprimidos, retrasos mentales, alguna psicópata, y otros trastornos de los que no estoy capacitada para hablar.
Los más afortunados, los deprimidos, aquellos que se quisieron suicidar. Recuperables en algunos casos. Los más damnificados, aquellos que no viven en ésta realidad. Y por lo tanto no hay un lugar en éste mundo para ellos.

Todos juntos. 60 pacientes en el que me destinaron a mí. Con mirada observadora y analizando el entorno, un infierno más de este mundo.

Es crudo. Te paraliza. No sabes dónde estás. Tan sólo sigues normas. Levantarte a las 7, hacer tu cama, ducharte. Esperar. Desayuno a las 9h. Patio de 20 minutos. Esperar. Entre semana visita de psicólogo y con suerte psiquiatra (si ése día toca) 20min media hora si es comprensivo. Esperar. Comer a la 13h deprisa y corriendo porque a la 13.30h tienes que estar echando la siesta hasta las 15h. Tiempo muerto hasta las 17.30h, llamadas de familiares (o no) y esperar palabras de aliento o en defecto críticas dolientes que te hieren una y otra vez repitiéndose en tu cabeza. 19.30h pase a comedor para cenar a las 20h y estar a las 9h menos cuarto en la cama hasta las  siete del día siguiente. Mata las horas muertas, viendo la tele o pintando dibujos seleccionados de Google a petición global y/o personal. Algunas horas seleccionadas de la semana (3 para ser exactos) ejercicios y no todos, un grupo selecto que sabemos aún dónde vivimos.
Una a la semana creativo, como una clase de parvulario, literalmente. El resto, escoge. Tiempo muerto. 

Así que no te queda más que observar cómo han llegado a dopar a ciertas personas, creando posturas imposibles, con caída de babas y acompañamiento para ponerse en pie a tus nuevos o nuevas amigas que has hecho en el lugar.

El goteo de pastillas es constante, junto con los carros de las ollas del desayuno, comida y cena entra el carro de las pastillas. Dos enfermeros leen tu nombre para que extiendas la mano y recibir las de cada cual. Los menos 7 en todo el día, los más, contamos hasta 22. Pero España va bien. La sociedad es la mejor de la historia y somos pocos los "no funcionales". Ojalá no seas uno de ellos... Con suerte te salvas.

43 días en mi caso. 4 meses y medio para una deprimida con electroshocks que sale igual o peor. Perdida. Porque vive sola, y ni siquiera puede crear una rutina simple volviendo a casa. Pero la psicología ayuda muchísimo... Estamos hartos de escucharlo en la tele, redes y gurús del momento.

Qué psicología? Que me expliquen cuál. Tres meses antes de entrar escuchaba una entrevista a una "antropóloga" que pasó de familia laica y acabando de echar las cartas, llegar a decir que pasar por el psiquiátrico después de intentar matarse era "precioso", para acabar hablando de Dios y de que en la tierra existen ángeles y demonios. A lo Constantine de Keanu Reevs.
Como ahora se puede decir cualquier cosa y tiene que ser creíble... Veamos, a ver quién la dice más gorda, si ésta señora o cualquier familiar que ha metido a un familiar en semejante lugar para "ayudarlo", o el hospital de turno que te haya traspasado para quitarse el bulto de encima y dejar la cama libre.

Si antes ya me daba pena la sociedad, ahora más aún.

Y seguimos para bingo.



miércoles, 25 de febrero de 2026

Volviendo a mí

 Le llaman "El camino del ermitaño", es ese momento en el que no puedes más y poco a poco vas recluyéndote en ti. Después de esa despedida silenciosa que ni tú sabías que estabas realizando vas quedándote en ese silencio que necesitas como el respirar.

Es el momento más crudo del camino. Porque no es que vayas decidiendo cosas a lo loco, es que tu inconsciente toma el control absoluto porque tú ya no puedes más. Él sabe que todo te pudo, que no puedes aguantar más dolor, y él toma los mandos. Sin saber muy bien porqué o cómo, vas tomando decisiones sobre la marcha. Te puede parecer que vas como pollo sin cabeza, como se suele decir, porque no sabes muy bien lo que haces, y la verdad es que lo sabes mejor que nadie y con más firmeza que nunca. Simplemente tú estás en stand by y maneja tu inconsciente. Él sabe bien qué necesitas, qué quieres y hacia dónde vas.

Justo en ese tramo analizas tu dolor desde la sangre más doliente de tus heridas. Analizas situaciones vividas, conversaciones, palabras, miradas, juicios, desplantes, abandonos, tiradas por tierra. No es agradable, es hiriente. Te das cuenta de muchas cosas, porque ya te habían dolido in situ, pero analizarlo es next level. El dolor es desgarrador. Porque dichos gestos vinieron de personas que tú querías, en las que confiabas, en las que creías eran tu red. Y te das cuenta de que no tuvieron nada en cuenta. De que caminabas todo el tiempo sin ésa red que aplacara la caída.

Todos atravesamos por momentos cruciales en nuestras vidas. Malos momentos en los que nos perdemos. En los que nos equivocamos, en los que nos olvidamos de nosotros mismos. Y en la vida que vivimos, tal y como todo está estipulada, nunca te enseña nadie a lidiar con lo que sientes. Con lo que te duele, con lo que te encuentras en tu interior. De ahí la frase "aprendemos a base de hostias", solo que unas duelen más que otras, y hay algunas en las que te planteas seriamente si seguir o no porque el dolor es, a veces, acumulativo, y llega un punto en que es insostenible. La mente te juega malas pasadas y crees que apagarte es la mejor opción. Por agotamiento físico, mental y emocional.

En ese momento es cuando haces un auto juicio. También analizas tus actos. Cómo contestaste, cómo reaccionaste, qué hiciste y te das cuenta de que tú tampoco actuaste bien en determinados momentos. Analizas. Analizas. Y analizas. Hasta el mínimo detalle. Hay días que lloras hasta caer rendida y duermes. Otros no puedes pegar ojo. Hay en los que gritas de dolor. Hay en los que te invade la tristeza y te abraza la compasión. Hay de todo...

De lo que no eres consciente es que es ahí donde estás haciendo ese reset necesario. Tan implorado por tu propia alma. Estás creando ese lienzo en blanco en el que vas a empezar, poco a poco, a ir escribiendo tu nueva historia. La verdadera. La que ha sabido siempre ese inconsciente que eras, pero que tú no has sabido exteriorizar por querer "encajar", o "adaptar" en ésta vida aún. Porque te silencias por el "qué dirán", por las opiniones que van ejerciéndote un patrón poco a poco, sin tú darte cuenta.

Han ido tomándote medidas y cosiendo sobre ti un traje que no era el tuyo, porque en realidad sabías que no te gustaba, que no iba contigo. Pero con tal de agradar a los demás y de no perderlos, has ido dejando que te lo enfundaran. Y sin saber cómo te has visto asfixiado. Sin poder respirar por la presión. Armado de pies a cabeza, y resulta que no eres tú. 

Por eso mismo, te encuentras en esa soledad escogida, en ese silencio. Para desvestirte, quedarte desnudo frente a ti, analizar mirándote a los ojos en ese espejo y decirte - ya basta.

Y lo que viene, lápiz en mano, vas a dibujar un boceto donde vas a ir representándote todo lo que realmente eres. Por fin...

Datos personales