Yo

martes, 9 de junio de 2026

Fortaleza

- Eres muy fuerte Patri, tú puedes con todo siempre.

Perdí la cuenta de las veces que se me ha dicho. 
- Eres fuerte
- Tú puedes, eres fuerte.

Eso lo sé desde que tengo uso de razón. Desde que me arrancó mi madre de los brazos de mi abuela, y me robó de mi hogar. Desde ese día que me encarceló en una habitación en la que únicamente se encontraba un somier, un colchón sucio y un radiador estropeado. Donde se filtraban unos pocos halos de luz a través de una persiana rota y encallada. Fría, sucia y terroríficamente sola. Sollozaba por la ausencia de mis abuelos, mis protectores, mis padres, mis dioses...
Hasta que molesté tanto que mi sollozo no les dejó dormir. Se levantaron a pegarme mi primera paliza. Primero ella, desquiciada. Después él.

Apenas podía respirar entre inspiración entrecortada y la siguiente. Apenas podía moverme del dolor que sufría mi cuerpo.

Instintivamente empecé a acallar mis lágrimas. Mi diminuto y dolorido cuerpo fue acurrucándose, haciéndose un pequeño bulto en una esquina del colchón protegida por el ángulo de la pared. Poco a poco fui calmando la presión en mi pecho para que dejara paso al descanso. Esa noche supe que debía ser fuerte. No podía ni imaginar en ese momento todo lo que vendría después. Todo lo que iba a tener que soportar, aguantar y a lo que tendría que sobrevivir durante años para escapar. 
Tenía que ser fuerte.

- Eres muy fuerte Patri.

No me tocó otra cosa. Esas fueron las cartas que me tocaron para jugar mi partida.
Aquella fue su bienvenida. 
Y aquella noche fue cuando se encendieron todos los indicadores. Alerta. Peligro. Alarma. Crecí haciéndome a mí misma.
Misión sobrevivir. 

- Eres fuerte Patri.

Nunca se me dio otra opción. Ser fuerte se tornó indispensable para salvarme cada día...



- Puedo dejar de ser fuerte ya?, estoy cansada.

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