Yo

martes, 2 de junio de 2026

Tú y yo

Pasamos de ser todo a nada.
Recuerdo haber sentido en el pecho un micro abismo, una vez que nuestras miradas se cruzaron. No debíamos. Pero mi alma se sintió atrapada por la tuya sin quererlo, sin poderlo remediar. Pasé tiempo negándolo. Por mí, por ti, por lo que nos rodeaba. Pero mi inconsciente te traía a mi mente sutilmente creando un recuerdo que me emocionaba. Muchas veces sin quererlo me daba aliento. Tomé decisiones, muchas duras, otras fáciles, todo y contando que no estaba bien de salud y atravesaba un momento demasiado delicado emocionalmente. Como siempre, no le di la importancia que merecía, toda. Pero siempre aprendí a tirar sin pensar demasiado en mí misma... 
Hablábamos, nos contábamos... Y a mí siempre me ha sanado la sensación de encontrarme en un estado confortable. Ni ideal (pues no existe), ni perfecto (mucho menos aún), simplemente sumando.
Salimos escapando de un lugar volante en mano. Con emociones de película. Lo sentí y lo viví así. Te volviste mi salvavidas. Aquél peluche que de niña abrazabas y te creías protegido. Aquél rincón donde esconderte y poder decir "casa" para sentirte a salvo. 
Mirabas mis ojos y yo me perdía en los tuyos. Dijiste "tienes un universo entero en ésos ojos", nunca lo olvidaré. Es lo más bonito que me han dicho en mi vida hasta la fecha, y viniendo de ti, lo era todo.
Sin ambos saberlo, porque quizás no te lo dije de la manera más convincente, ni mucho menos yo me di cuenta, tiempo después lo sabría... Te convertiste en la persona que más amé y por la que más luché.
No estábamos aún juntos que yo ya dibujaba un "para siempre" viéndote de viejito en tu mesa de trabajo, con tu pelo y barba canosa y trabajando con ésas manos que tenías llenas de fantasía sin tú saberlo ni apreciarlo por mucho que yo te dijera.
Y yo sólo necesitaba ver ésa imagen bajo una luz tenue y cálida para saber que estaba "en casa" con "mi persona".
Pero no pudo ser.
Yo arrastraba demasiado dolor que curar, y tú te mantenías a la deriva en un mar de dudas que te azotaban de un lado a otro sin tan siquiera ver que yo tiraba cuerda con salvavidas una y otra vez sin obtener el resultado de recoger cuerda y no conseguir salvarte.
En cambio me veías como algo que esquivar, un ajuero negro que te engullía y no te dejaba respirar. Me lo dijo tu boca, me lo gritaban tus ojos. 
Lo que no alcanzaste a ver fue toda la lucha propia que realizaba a contracorriente en mis torbellinos de dolor para escapar, nadar e ir a buscarte para llegar a la orilla de ésa pequeña isla que iba a ser sólo para nosotros dos. No necesitábamos más. Tú y yo. Sólo queríamos un puñadito de tierra para simplemente estar. De la forma en que somos, ambos, no nos hubiera hecho falta nada más.
Ambos creábamos magia. Momentos. Haciendo la comida, con nuestras risas, en la ducha divertidos, en el coche cuando íbamos a cualquier sitio y nuestras manos se entrelazaban y nuestros ojos hablaban. Filosofía. Se nos daba bien.
Pero los momentos oscuros nos engulleron. Las dudas y los males pasaron a tomar protagonismo. Yo buscaba tu mano y tú huias de mí. Sentí que caminabas sólo. Justo ahí me hundí. Cuando no quisiste hablar más, cuando ya sólo sentía cuchicheos, cuando una pared de piedra se interpuso entre nosotros mientras yo sollozaba dolor y tú sólo mirabas al infinito. Insensible. Mirando tu propio horizonte sin girar la vista al que estuvimos creando juntos. Te perdí mucho antes. Ésa fue mi deriva.
Llegué a pensar que nunca me quisiste, sino que te enamoraste de algo que en otro tiempo tuvo otra persona. Algo más.. que obtuviste y al lograrlo te  desencantó. Mi dolor creó una forma de ti para protegerme y por tiempo fuiste un baúl de recuerdos dolientes cerrado a cal y canto con cadena de doble candado fortificado. 
Hasta que fui sanando. Lentamente y poco a poco volvía a mí, sanando heridas que sangraban. Arrancándome puñales y vendando las heridas a presión. Hasta con los dientes ataba nudos, para crear fuerza y crear torniquetes. 
Heridas que únicamente con amor propio, poco a poco, sanaron. Solo entonces me vi capaz de abrir candado. Quitar ésa cadena pesada y acordarme del número como contraseña de ésa cámara acorazada. El amor. Ése amor que te tuve. Ése amor que me destruyó durante y después. Ése amor, que sin pelos en la lengua puedo decir que fue el que más bonito sentí, ése amor que sentí de verdad. Ése amor. Porque pensando y analizando tiempo después había colocado las palabras "para siempre", ésas en las que nunca había creído antes y que fueron tan pesadas de cargar durante tanto tiempo después. 
Sigo incapaz de mirar a nadie con aquellos mismos ojos. Sigo pensando que no estoy ni cerca de levantar la vista si quiera para mirar a nadie, por miedo a sentir simplemente. Personas se han colocado delante de mí para que levantara vista, pero mis ojos no quieren sufrir más, y lanzan un aviso conciso de "no pasará". Y cualquiera gira espalda y marcha, entonces respiro.
Quizás haber sentido aquél amor contigo me sirve de escudo para el que viene y levantar armas. Dicen que con el tiempo ...
Hoy por hoy no quiero sentir. Ya me siento viva yendo de un sitio a otro, sin pensar en nadie más. Subiendo a un tren y visitando a amistades, pasando tres días de risas y absurcedes varias. Subiendo y bajando una montaña, bañándome en el río. Yendo a la playa, jugando a pelota. Bailando. Aunque no he vuelto a bailar en el comedor agarrada a nadie. Ni lo haré hasta quién sabe ... Me enseñaron a vivir el momento para no volver a perder el norte. Me enseñaron que no tengo que tener respuestas para todo. Que cada uno siente y padece a su manera, y que todo está bien. Me enseñaron a vivir sin dolor. A restarle importancia a todo. A vivir tranquila. Y quizás a lo que me dedico es a enseñárselo a vivir a otros. 
Éso me salvó. 
Ojalá encuentres a alguien que te enseñe a hacerlo a ti también. Y vivas más tranquilo y feliz. Ojalá.
Siempre agradeceré tu paso por mi vida. Como el de toda persona que hasta la fecha ha pasado. Y a las que pasarán. Al fin y al cabo todo es aprendizaje. Un suma y sigue que crea camino. Siempre hacia adelante. Parar para descansar. Ya quité mis piedras que cargaba y conseguí andar liviana. Hasta que las estrellas hablen y me conviertan en polvo para volver a ellas con ayuda del viento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales