Siempre a la misma hora..sola. Todos se han ido a dormir y me quedo sola, despierta, con los ojos como platos. No soy capaz de conciliar el sueño, hace tanto, que no logro recordar el momento en el que empezó mi relación con el insomnio. Pero a ello me he acostumbrado, así que no me perturba tampoco determinada circunstancia. Sólo veo pasar las horas, y quizá aveces piense; "horas perdidas de sueño", pero nada traumático.
Lo que sí me traumatiza es notar su presencia. la mayoría de las noches, o leo un libro, o leo blogs, o escucho música, pero eso no hace que pierda sensibilidad para sentirla. Si estoy abajo en el comedor no puedo evitar mirar de reojo la escalera, sin quererlo, no sé por qué preocupación miro hacia arriba, como si una sombra o si la cabeza de alguien me estuviera observando desde lejos. La verdad es que la llego a notar. Allí, mirándome. Tengo entonces que decirme a mí misma ¡Lee, lee!. O ¡Escucha la música! Aveces logro desconectar de nuevo y evadirme a determinado escenario en el que he sido transportada por cualquier escritor. O por cualquier músico al que me hubiera encantado asistir a su concierto.
Lo peor es cuando llega la hora de irme a acostar..menos mal que me acompaña mi fiel compañera, no puedo evitar sentirme mejor al saber que está a mis pies, velando por mí noche tras noche. Si la miro a ella, me siento mejor. Así que procuro mirarla un rato.
Aún peor, indudablemente, cuando no consigo cerrar mis ojos, descansar, desconectar y apagar. Vuelta aquí, vuelta allí... ¡Horror! Se me echa la oscuridad encima. No dejo de darle vueltas al coco, pensamientos, preocupaciones, inquietudes, incertidumbres, imaginaciones, divagaciones..el abanico de posibilidades es amplio. Intento de nuevo. Ésta vez se cierran mis párpados y procuro establecer en blanco mi fondo de escritorio personal. Pero de repente cuando consigo empezar a entrar en coma y dormilar, noto sus ojos en mí. De pie, a mi lado, estática. Una sombra en la tiniebla. Siniestra. Casi la noto respirar. No quiero abrir los ojos. Procuro mantener la compostura, pero me recorre un escalofrío todo el cuerpo, siento una sensación de frío. En mi estómago se abre un agujero negro de ansiedad que no me deja respirar. Mis pulsaciones aceleran a un ritmo vertiginoso. Poco a poco mi postura cambia a posición fetal, y mis sábanas tapan mi cabeza que apenas asoma ya. La noto tan cerca que creo que me va a tocar.
¡Joder! Por estímulo propio salgo de mi caparazón con arrebato, con valentía miro a mi alrededor. No hay nada. Mi perra asustada, mirándome, pensando que su dueña está desvariando. Puede ser...no digo que no.
Pero la he sentido, como lo siento todo a mi alrededor. He pensado en ella.
Sé que soy yo. Una prolongación de mí, que no deja de sentir lo que siento yo. Ahí está muchas veces, observándome desde la nada. Expectante a cualquier movimiento que haga. Evaluándome para sí misma. Muchas veces la veo tras de mí, viviendo sin vivir. Existiendo en mi penumbra, alimentándose de mis locuras, y de mi mente perturbada aún por exprimir. Por ello sigue ahí. Y creo estará eternamente. O por lo menos hasta que llegue mi muerte. Quizá entonces podamos debatir, de mis situaciones vividas y por las que me quedaron por vivir...
Yo
martes, 26 de abril de 2011
domingo, 24 de abril de 2011
Deseo
Llega ésta hora y quiero matarte. Quiero pegarte y abofetearte. Y luego follarte. Y mirarte a los ojos. Y sentir que mojo. Que me pones nerviosa con tu sonrisa de idiota. Empujarte, hacerte caer y cabalgar otra vez. Como potro desbocado, como una puta alocada. Como moría de ganas de tenerte otra vez. Entre mis piernas anclado a mi ser. Sin poder opinar, sin poder gesticular, sin poder decir nada que me arrebate otra vez el dominio de tí.
Y luego te gustará. Y me pegarás. Y gozarás haciéndolo. Cabrón. Cómo te gusta follarme. Me cojerás en rabia, y harás de mí cuánto quieras. Me reiré de tí. De lo débil que eres frente a mí. De saber que te tengo loco tras de mí. Ya sea por mi forma de odiarte o por mi forma de amarte. Soy como una puta droga para tí, que no te deja ni sentir, lo que sería vivir sin mí. Te jodes. Aquí te tengo. Para mí todo entero. Para hacer lo que me venga en gana. Para follarte cada mañana, y cada mediodía, y cada tarde, y cada noche. De todos los días que nos quedan juntos por vivir. No sé hasta cuándo, pero hoy estamos aquí. Y deseos tengo de tí. De tu rabia, de tu ira, de tus ganas de absorberme la vida. De saciar tu sed de mí. Y lo que te gusta a tí...
Ya sé lo que te gusta a tí.. que esté pendiente de tí. Como tú lo estás de mí.. ¿Vas a pensar o vas a follar?
Bésame vida...
Y luego te gustará. Y me pegarás. Y gozarás haciéndolo. Cabrón. Cómo te gusta follarme. Me cojerás en rabia, y harás de mí cuánto quieras. Me reiré de tí. De lo débil que eres frente a mí. De saber que te tengo loco tras de mí. Ya sea por mi forma de odiarte o por mi forma de amarte. Soy como una puta droga para tí, que no te deja ni sentir, lo que sería vivir sin mí. Te jodes. Aquí te tengo. Para mí todo entero. Para hacer lo que me venga en gana. Para follarte cada mañana, y cada mediodía, y cada tarde, y cada noche. De todos los días que nos quedan juntos por vivir. No sé hasta cuándo, pero hoy estamos aquí. Y deseos tengo de tí. De tu rabia, de tu ira, de tus ganas de absorberme la vida. De saciar tu sed de mí. Y lo que te gusta a tí...
Ya sé lo que te gusta a tí.. que esté pendiente de tí. Como tú lo estás de mí.. ¿Vas a pensar o vas a follar?
Bésame vida...
Incertidumbre
Otra vez sentada en mi regazo, mirándome a la cara sin pedir perdón, por abasallarme mientras tanto, con la tortura se siente mejor. Lo que esperas que quizá ocurra, o quizá, tal vez no. Aveces no sabes ni lo que esperas de la vida, ni aún menos de tu corazón. Sentir una desilusión, demasiado dolor. Aunque otra más... a la espalda, como las demás..
Quizá es el temor a lo desconocido, quizá es el temor al dolor. Aveces las cosas no sabes cómo ocurren, otras, te las imaginas sin razón. Puta es la vida. Y más mi cabeza, que no deja de darle vueltas como un puto carrousel en una feria. A cualquier cuestión. Debatiéndome en preguntas, que vagan por mi razón. Sin obtener respuesta alguna. Sólo ella observándome desde la nada, clavando sus ojos en mí. Preguntándome una y otra vez, sin dejar de repetir ¿Que piensas? Que qué pienso..buena pregunta.. Pienso en tantas cosas que no encuentro la más importante para mi ser. Son tantas mis inquietudes que bombardean en un vaivén de sensaciones que nacen y mueren quizá, alguna vez, la respuesta sin saber... Pero mi cabeza es así, no puedo domarla, no puedo domesticarla. Y cuando algo cobra importáncia en mí, ella aparece, y me jode la existencia, no dejándome vivir siquiera en determinada situación. Cómo jode la muy cabrona.. Entra sin permiso y se sirve ella sola. Destripándote las entrañas con dudas, preguntas y respuestas imaginarias. Así es ella. Divertida a la vez. Sin saber un por qué. O ni siquiera sin saber. Sólo haciendo que la vida sea una puta montaña rusa, que te lleve a un luping que te deje boca abajo y que cuando vuelvas a reincorporarte ya no sabes dónde coño has dejado todos los pensamientos que, ahora, han caído en vano.
Así es. Y cuando, por casualidad alguna, logras esclarecer cierta incertidumbre que recorre tu ser.. tranquilo, aparecerá otra que te vuelva a envolver, en una duda circunstancial que no te deje dormir sin más. O sí, si careces de problemas de insomnio. Afortunado ser. No como otros, que dormimos poco, y aún más jodidos nos deja cada vez.. Pienso, luego existo. He llegado a creer que como pienso mucho quizá existo poco. Dudas y pensamientos recobran mi existencia, aveces debatida entre mí y mi propio yo.
Incertidumbre... qué dolor de palabra..
Quizá es el temor a lo desconocido, quizá es el temor al dolor. Aveces las cosas no sabes cómo ocurren, otras, te las imaginas sin razón. Puta es la vida. Y más mi cabeza, que no deja de darle vueltas como un puto carrousel en una feria. A cualquier cuestión. Debatiéndome en preguntas, que vagan por mi razón. Sin obtener respuesta alguna. Sólo ella observándome desde la nada, clavando sus ojos en mí. Preguntándome una y otra vez, sin dejar de repetir ¿Que piensas? Que qué pienso..buena pregunta.. Pienso en tantas cosas que no encuentro la más importante para mi ser. Son tantas mis inquietudes que bombardean en un vaivén de sensaciones que nacen y mueren quizá, alguna vez, la respuesta sin saber... Pero mi cabeza es así, no puedo domarla, no puedo domesticarla. Y cuando algo cobra importáncia en mí, ella aparece, y me jode la existencia, no dejándome vivir siquiera en determinada situación. Cómo jode la muy cabrona.. Entra sin permiso y se sirve ella sola. Destripándote las entrañas con dudas, preguntas y respuestas imaginarias. Así es ella. Divertida a la vez. Sin saber un por qué. O ni siquiera sin saber. Sólo haciendo que la vida sea una puta montaña rusa, que te lleve a un luping que te deje boca abajo y que cuando vuelvas a reincorporarte ya no sabes dónde coño has dejado todos los pensamientos que, ahora, han caído en vano.
Así es. Y cuando, por casualidad alguna, logras esclarecer cierta incertidumbre que recorre tu ser.. tranquilo, aparecerá otra que te vuelva a envolver, en una duda circunstancial que no te deje dormir sin más. O sí, si careces de problemas de insomnio. Afortunado ser. No como otros, que dormimos poco, y aún más jodidos nos deja cada vez.. Pienso, luego existo. He llegado a creer que como pienso mucho quizá existo poco. Dudas y pensamientos recobran mi existencia, aveces debatida entre mí y mi propio yo.
Incertidumbre... qué dolor de palabra..
sábado, 23 de abril de 2011
Nostalgia
Nostalgia de determinado sentimiento encontrado. De bienestar en el espacio-tiempo transcurrido. De impacto emocional aceptado. Transtorno. Por la sensación adquirida. Por la necesidad de la bienvenida. Por el desgarro de los momentos experimentados. Un alma, antes escurridiza, siente ahora necesidad. Aturdida. Por dicha emoción encontrada. Sensaciones recorren mi cuerpo hoy extasiado. Recordando. Fluidos interactuando. La química existente en todo momento presente. Caricias que no caen en vano. Miradas que no son abstractas proporcionan aliento, y no recaen en la nada.
Asustada. Por la sensación experimentada. Por la situación presentada. Por motivos que generan hoy dicha nostalgia. Expectante. De acontecimientos que relaten, si ésta vez conseguí llenarte o sólo fui otra alma errante.
Curiosidad.
Asustada. Por la sensación experimentada. Por la situación presentada. Por motivos que generan hoy dicha nostalgia. Expectante. De acontecimientos que relaten, si ésta vez conseguí llenarte o sólo fui otra alma errante.
Curiosidad.
En la oscuridad
Demasiado pequeña para conocer el significado de las palabras odio, rencor, impotencia, rabia, ira y resignación. Desolador que su cuerpo, tan menudo, albergara tanto dolor. Había logrado sobrellevar de la forma más práctica encontrada aquella terrible situación. Su alma escabullía de su cuerpo en cada ocasión. Procuraba mantenerse inerte de toda sensación, aunque muy a su pesar, algunas veces, no era posible.
Separar cuerpo y mente en tal situación, para todo ser viviente era una proeza. Aún más para una niña, al fin y al cabo.
Momentos duros, momentos difíciles, incapaces de describir por su dolor al revivir, las sensaciones creadas de su tortura más odiada. Un empujón, una bofetada, una patada o un puñetazo no eran capaces de hacer sentir el daño que hacían sus manos al recorrer su piel aún aterciopelada. Asqueada. Repugnancia. Dolores en el alma imposibles de reconstruir aún, ni siquiera en el mañana. Aún que tiene un mañana.
Ésa noche deambulaba. Su calvario lograba crear un insomnio permanente en su cuerpo y mente. Sólo conseguía dormir agotada. De soportar los ojos abiertos pasado mucho tiempo, esperando al acecho al verdugo de su lecho. Se resignaba. A esperar y a soportar. No había nada más. Consternada.
Andaba por la casa como alma desconsolada. El silencio era profundo, el de una noche sumergida en la oscuridad de éste mundo. Miles de sentimientos, recuerdos, flashes y remordimientos envolvían su cabeza.
Se dirigió a la cocina, se detuvo pensativa. Un cuchillo agarró del cajón. Ni corta ni perezosa elijió el más grande, el más acechador, el más peligroso, el más útil en todo caso. Y hacia la habitación se dejó llevar. Aún no sabía qué hacía pero su cuerpo caminaba sin más. Y se detuvo ante ellos. Durmiendo. Como si tal cosa. Como si no hubiera crimen que no les dejara alcanzar, con la consciencia limpia, un sueño profundo y relajado. Y mientras, ella, debía de aguantar aquél calvario.
Los miraba fijamente, apenas sin respirar. Sin hacerse notar. De pie, frente a la cama. Con la frialdad adquirida por ese odio y esa ira que la llevaban a estar en aquella situación dantesca para su edad. Les oía respirar, casi roncar. Deseaba que dejaran de hacerlo. Deseaba posicionarse al lado de ellos y clavarles el cuchillo en sus entrañas, y remoberlo, para provocar cierta emorragia que no pudiera dejar paso a la recuperación inmediata. Que murieran en aquél preciso momento. Un sentimiento de desesperación corría por su alma.
Pero no logró hacerlo. Se culpó por ello. Una y otra vez pensaba que en su mano una noche obtuvo la opción deseada. Pero por culpa de su carente valor la había desaprovechado sin más. Culpabilidad.
A cambio tenía que seguir esperando a su verdugo. Prepotencia por el momento en el que no sabía actuar. Pero el miedo no dejaba transpirar ni por un solo poro de su piel la oportunidad de liberar tal sufrimiento.
Paralizada. Aterrorizada. Seguía manteniéndose día tras día. Apagándose su luz un poquito más.
Separar cuerpo y mente en tal situación, para todo ser viviente era una proeza. Aún más para una niña, al fin y al cabo.
Momentos duros, momentos difíciles, incapaces de describir por su dolor al revivir, las sensaciones creadas de su tortura más odiada. Un empujón, una bofetada, una patada o un puñetazo no eran capaces de hacer sentir el daño que hacían sus manos al recorrer su piel aún aterciopelada. Asqueada. Repugnancia. Dolores en el alma imposibles de reconstruir aún, ni siquiera en el mañana. Aún que tiene un mañana.
Ésa noche deambulaba. Su calvario lograba crear un insomnio permanente en su cuerpo y mente. Sólo conseguía dormir agotada. De soportar los ojos abiertos pasado mucho tiempo, esperando al acecho al verdugo de su lecho. Se resignaba. A esperar y a soportar. No había nada más. Consternada.
Andaba por la casa como alma desconsolada. El silencio era profundo, el de una noche sumergida en la oscuridad de éste mundo. Miles de sentimientos, recuerdos, flashes y remordimientos envolvían su cabeza.
Se dirigió a la cocina, se detuvo pensativa. Un cuchillo agarró del cajón. Ni corta ni perezosa elijió el más grande, el más acechador, el más peligroso, el más útil en todo caso. Y hacia la habitación se dejó llevar. Aún no sabía qué hacía pero su cuerpo caminaba sin más. Y se detuvo ante ellos. Durmiendo. Como si tal cosa. Como si no hubiera crimen que no les dejara alcanzar, con la consciencia limpia, un sueño profundo y relajado. Y mientras, ella, debía de aguantar aquél calvario.
Los miraba fijamente, apenas sin respirar. Sin hacerse notar. De pie, frente a la cama. Con la frialdad adquirida por ese odio y esa ira que la llevaban a estar en aquella situación dantesca para su edad. Les oía respirar, casi roncar. Deseaba que dejaran de hacerlo. Deseaba posicionarse al lado de ellos y clavarles el cuchillo en sus entrañas, y remoberlo, para provocar cierta emorragia que no pudiera dejar paso a la recuperación inmediata. Que murieran en aquél preciso momento. Un sentimiento de desesperación corría por su alma.
Pero no logró hacerlo. Se culpó por ello. Una y otra vez pensaba que en su mano una noche obtuvo la opción deseada. Pero por culpa de su carente valor la había desaprovechado sin más. Culpabilidad.
A cambio tenía que seguir esperando a su verdugo. Prepotencia por el momento en el que no sabía actuar. Pero el miedo no dejaba transpirar ni por un solo poro de su piel la oportunidad de liberar tal sufrimiento.
Paralizada. Aterrorizada. Seguía manteniéndose día tras día. Apagándose su luz un poquito más.
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