Yo

domingo, 1 de mayo de 2011

Gusto

Botella de vino en mano. Tinto. Rojo púrpura. Voy llenando mi copa, despacio. Oxigenando. Me la acerco para oler. Placer. Mojo mis labios. Degusto en mi paladar. Más placer aún, quizás. Pensando que lo que bebo eres tú. Sangre de tu sangre. Esencia de poder. Del poder de estar tranagndote a tí. Así. Tranquila, en paz. A mi alrededor nadie más. Jodidamente eterna. Más fría que el hielo recorriendo tu cuerpo. Más caliente, ardiente, que la necesidad de comerte. Chuparme los dedos en tí. Desgarrándote sin fin. Despellejándote. Haciéndote sentir dolor. Aún con un ligero gusto... ¿Cómo no? Sé que te gusta a tí también. Tu forma de morir al sentir que te bebo. Sucumbir. Al placer de mi digestión. Al sentirte dentro de mí coger cierto calor.
Beber y beber. Sigo sola, esta vez. En la tranquilidad de un silencio. En la diversidad de un pensamiento. En todo lo que siento en mi ser. Conjugado esta vez el verbo GOZAR. Aprendiendo a vivir, a sentir. A meditar.
Sobre cómo saborearte otra vez. Sobre cómo degustarte sin perder, el vacío de mi botella.  Despreciar el último suspiro de ella. Sintiendo su muerte rozarme sin querer. O no queriendo yo, tal vez.
Morir por placer de alguien... aún no la siento desfallecer.

Todo llegará...

Quédate aquí

Me afecta. ¿Qué quieres que te diga?. Me afecta que seas de ésa manera. Tan especial. Me afecta que me guste tu mente, tu forma de pensar. Me afecta que hables y me sienta reconocida en tí. Me afecta tu forma de vivir. Porque aveces es la mía, quizás. Me afecta verte sonreír. Me afecta creer en tí. Me afecta entender que me afecte. Me jodes. Y de qué manera... Me jodes cuando me miras, cuando siento que del mundo me aislas. Me jodes cuando me escuchas, porque prestas atención, me gusta. Me jodes al besarme, porque creo morir en tus labios segundos más tarde. Me jodes al abrazarme, porque me siento protegida, sensación no vivida. Me jodes sin más. Por tenerte a mi lado será. Pero me gusta estar jodida. Lo llevo en la sangre, desde niña... Me gusta sentirme así. Tranquila, de que estés ahí. No busco nada más. Tenerte a mi lado quizás. De la manera en la que estamos también. Es importante, lo sé. Para mí, para tí, para los dos. Salud mental y de corazón. Demasiado difíciles los dos. Demasiados debates desde la razón. No dejes de existir para mí. Ya te dije yo a tí que no. Sigue jodiéndome, eso sí. Sabes que va con mi forma de vivir. De sentir. De sufrir. De gozar. De morir. Morir cada día un poco más. Morir de sensaciones quizás. De debates internos. De inseguridad. De mi día a día, nada más...

Quédate cerca...

viernes, 29 de abril de 2011

Vigilada

Corrió la cortina. Temerosa, de encontrarlo de nuevo abajo, observándola, a la espera de verla, con aquella cara de tranquilidad, que producía temor en ella. Sabía que estaría ahí. Como cada día. Esperaba paciente dicho momento. De pie, apoyado en la farola. Con las manos en los bolsillos. Tranquilo. Expectante, de saber con qué cara amanecía hoy ella. Deseoso de verla. Esbozando en su rostro aquella sonrisa maquiavélica. Repugnante.
Echó la cortina rápidamente. Sin poder mover su cuerpo. Estática. Incapaz de reaccionar. De su cuerpo se había apoderado aquél malestar que se volvió crónico en el momento en el que él apareció en su vida.
Ausente. Así quedaba ella al darse cuenta de que se hallaba recluída en su propia celda. No era capaz de salir de su propia casa. El terror que le ocasionaba el saber que la esperaba, hacía que ni siquiera quisiera ser liberada. Sus más íntimas amigas venían a consolarla. Consolarla de un terror que desconocían. Que ella sólo guardaba en lo más profundo de su alma. No entendían aquél estado. Aquella agonía que la tenía recluída en apenas 75 metros de estancia habilitada. Pero seguían visitándola con frecuencia. Aunque apenas no consiguieran nada. A diario aparecía su novio, renegando. Del estado en el que se la encontraba. En bata, con los pelos alborotados, sin apreciar apenas nada. Apagada. Su piel blanca denotaba la carencia del sol en su cara. Triste. Derrotada. Él no entendía en ningún caso su estado, no entendía el pavor que sentía el oír hablar del pasado, o de su paso al exterior en todo caso. Ella guardaba su pena. Sin decir nada a nadie, ni a la persona que se suponía se preocupaba por ella. El miedo que recorría por sus venas de incertumbre en su vida, no dejaba expresar la situación depresiva a la que había sucumbido después de entender que no iba a dejarla vivir en paz nunca más.
Pasaban las horas, los días, las semanas, los meses... 5 meses para ser exactos. Habían desaparecido las amigas, su novio. Había perdido todo, y no sólo refiriéndome a las personas que la trataban, sino, a su propia vida. No sabía estar tranquila. Había dejado de estar apoyado en la farola pero temía que hubiera encontrado mejor escondite, como tantos otros años la había acechado. Rezagado en la invisibilidad a simple vista, y el disimulo. Siguiéndola a todas partes, vigilando cada paso que ella daba, cada sonrisa dibujada, cada gesto esbozado, cada silueta imaginada en la perturbada mente de semejante sujeto.
Ahora sufría el miedo de lo desconocido. De no saber dónde se encontrara. De si la seguiría persiguiendo, o habría desistido ya en el intento. ¿Quién le curaba ahora de tal sentimiento? Ante todo ¿Existiría cura? Lo dudo. Sufríria toda su vida por ello. Por sus palabras susurradas en aquel momento...

-Como habras la boca te mato.


Sangre

Camino como alma en pena por el espacio infinito de la ausencia. Me detengo. El tiempo transcurre normalmente a mi alrededor, las secuencias corren según su estipulación. En otra dimensión. Donde nadie puede verme ni notar mi palpitación. Aunque creo haber dejado de existir. Muero por dentro sin saber del todo cierto la respuesta de mi estinguir. Sólo sé que quiero huir. Quiero desaparecer. Aún no sé si volver a renacer. Si es en ésta vida no. No quiero sentir más dolor.
Cansada de sufrir. Es por culpa de éste corazón, que no deja de latir. De sentir. Dolencias en su interior que repercuten en mí. En mi estado anímico, se puede decir. Hace muchos años era fuerte, capacidad de resistencia extraordinaria. Armadura a juego importante en la batalla. Poco a poco fue debilitando su constancia, no tiene la misma fuerza, y su resistencia se ha visto gravemente afectada. Ya no hablemos de su armadura, que la perdió hace escaso tiempo en su última disputa. Ojalá la encontrara y recuperara toda esa ilusión perdida por las batallas sufridas.
Quise arrancarlo de mí. Abrirme el pecho en canal, desgarrando mi piel, sangrando placer al extraerlo de mí. Obrservarlo aún latiendo en mi mano. Sangrando vida. Sangrando dolores y alegrías. Quizá sentiría algo de paz. Quizá moriría tranquila. Quizá no sentiría. Plácida muerte en todo caso.
Pero sigue aquí. Dentro de mí. Por él estoy así. Aunque debilitado, sigue recordándome su existir. Recorren lágrimas mis mejillas. La luz perdí al dejar de querer vivir. Olvidada en la agonía. Debatiéndome sobrevivir.
Dolores punzantes recorren mi cuerpo. Como cuchillos en manos en un matadero. Apuñalándome una y otra vez, con la sangre fría de destriparme sin medida. Ríos de sangre encharcando el suelo. Manchando las paredes de rojo negro intenso. Quizá no sangrara. Quizá no hubiera dentro de mí nada, con lo que salpicarles a la cara. No sé, como intento no sentir, no siento mi sangre recorrer mis venas aún en mí.

Si sangrara, quizá hubiera alguien expectante a tal matanza. Chupándose los dedos como mojas el pan en salsa. Degustando en todo caso. Abriendo apetito sin disimularlo.


jueves, 28 de abril de 2011

Apatía

Terriblemente apática. Me da igual estar que no estar. Me da igual que me grites, que me adules, que me critiques.. Me aburres. Me cuesta moverme. Me pesa el alma, que por el suelo se arrastra, y me atrae a una caída inminente. Párpados cansados. No sé si el sueño hace estragos, o es simplemente mi vida, la que va a la deriva. Cansada de todo. De tener que soportar mi vida día tras día. Jodida. Asqueada. Deprimida en un estado de agonía que perdura demasiado. Perdida. En diferentes sensaciones que no dejan lugar a la alegría. Mis risas, aunque fueron recibidas, hace una horas, ahora parecen estar en la lejanía. Inerte. Estado en el que prefiero estar en días como éste. Mis ojeras empiezan a hacer mella. Aturdida delante de la pantalla, queriendo huir del mundo que me rodea. Mierda de mundo concebido. Arcadas. Vomito palabras para dejar mi mente clara. Sin remedio alguno. Náuseas. Malestar en general. Huyo a mundos imaginarios donde escabullir.Dónde mi cabeza
pueda sobrevivir. Al margen de pensamientos abstractos que me hagan debatir sobre mi vida en sí.

Hoy no estoy. Mejor me retiro hasta mañana..

Delirios

Simplemente una noche más, como otra cualquiera. Había llegado a su casa justo a la hora de cenar, después de haberle dado su padre la orden de cerrar ya. Los niños ya cenaban en sus casas con sus padres así que poco más había que hacer en el trabajo esa noche. Entre semana las ferias andan cerradas pronto. Los fines de semana se alargan por el descanso semanal ya conocido. Así que tardó poco en cambiarse y correr a su casa a olvidar la jornada y recobrar su vida.
Tampoco se había esmerado mucho en la cena, al ser coloquial entre amigas, mejor informalidades. Pizzas. Hablaban. Se contaban las anécdotas varias vividas ése día. Se producían sonrisas, carcajadas sonoras, por las escenas imaginadas y descritas. Otro día más. Repasadas inquietudes varias de cada una de sus vidas, recogieron después de cenar. Luego se acomodaron en el sofá intentando encontrar en la tele algo con lo que disfrutar. Pero echo totalmente imposible de realizar, optaron mejor por una película sin más.
Se acomodaron. Siempre andaban peinándose, haciéndose recojidos varios. Así empezaron a visualizar el film. Poco después quedaron aún más acomodadas. Recostada una sobre la otra, acariciándole el brazo, produciendo un cosquilleo relajante, que a muchas mujeres enloquece por naturaleza.
Poco a poco las caricias se alargaron hacia todo el brazo, no como lo había echo hasta entonces, por el antebrazo. El echo de recorrer a larga distancia dicho deslizamiento de dedos hizo que sin querer, o queriendo, que rozara su pecho con normalidad en todo momento. Pero sin apenas sentir el tiempo transcurrido, las pulsaciones de sus ritmos cardíacos empezaban a acelerar. Ciertos latidos constantes y pronunciables bombardeaban sus cuerpos, sudorosos por la estación en la que se encontraban. La ligereza de ropa en verano, en muchas ocasiones es importante. Erizado el vello se empezaron a sentir. Gran silencio entre ambas. Sólo se oía la voz de los actores que sin éxito actuaban. Apenas tomaban en cuenta lo que les rodeaba, mucho menos iban a prestar atención a una filmación.
Se incorporó. Quizá temiendo reacciones. Pero el deseo no entiende de pausas, ni reflexiones. Se miraron a los ojos como nunca lo habían echo, ni siquiera imaginado. Se besaron. Se comieron. Un fuego que les abrasaba recorría sus cuerpos. Sin control. Sin pensar. Simplemente se dejaban llevar. Rozaban su piel con delirio desconocido. Se encontraron la una a la otra rincones escondidos, naturalmente conocidos, pero no con la profundidad con la que en la actualidad indagaban.
Caricias, besos, miradas que penetraban. Como penetraban sus dedos, al compás del deseo, que en sus adentros provocaban su libido encharcada. Alcanzando un éxtasis profundo en lo más alto imaginado...           Sonó el teléfono. Mirando de reojo el fondo de pantalla, ocasionó la rotura de tal magia. La miró.

-Es él.
-Cógeselo, tranquila. No pasa nada.
-Joder... Hola cariño. ¿Cómo te ha ido el día?...

Se acabó. Como si de una escena paralela a sus vidas se tratara, hicieron como si nunca hubiera pasado nada. Evidentemente pasó. Y la repercusión fue perderla sin explicaciones dadas. Supo de ella por las amistades en común. Cada una siguió con su vida, y nunca más volvieron a encontrarse.
Quizá miedo a lo experimentado. Quizá verguenza por no saber qué. Sentimientos encontrados en momentos determinados.
Quizá, quizá, quizá..
De vez en cuando se recuerdan. Se interesan en la vida que cada una lleva. Pero ahí se quedó. En algo que nunca pasó.

Si así se sienten mejor...



miércoles, 27 de abril de 2011

Tu mundo

Tu mundo. Lugar al que me dejo llevar por las sensaciones quizá. Por sentir y por compartir. Inquietudes, diferentes formas de vivir. Abanico de emociones experimentadas. Gratificantes dosis de vida me regalas. Situaciones imaginarias. Ficticias. Subordinadas. Todas ellas significativas para mí. Valoradas. Algunas sentidas, otras olvidadas en algún rincón de tu mente perturbada. Sentimientos encontrados. Otros aún por venir.

El mundo transcurre a través de tu pequeña ventana. Me quedo aquí en el tuyo. Imaginando escenas varias. Escenas que enriquecen a cualquier normal que se aprecie. Refugio de una vida. Centro de operaciones neuronales. Conexiones de libidos expectantes. Sonrisas dibujadas. Tu mirada reflejada en las palabras que leo detenidamente, entre líneas sabiamente. Pausas momentáneas. Necesarias. Quizá para progresar adecuadamente en el estado de mi mente. Estás igual de mal que yo. Me río sin pedir perdón. Creí que era la única transtornada, ahora sé que no...Quizá me encuentre mejor.

Curiosidad, tal vez, de volver a tu mundo una y otra vez...

Datos personales