Entras y sales de mi mente. No te instalas en ella, ni desapareces tampoco. Eso me gusta. Me permite tener la mente libre también para mí. Para pensar, para crear, para ilusionarme, para equivocarme, para divagar..
Aunque te soy sincera, me gusta pensar en tí. Me gustas tú. Me gusta tu coco. Cómo piensas, qué conoces, qué opinas, qué deseas, qué te preocupa, qué esperas.
Me pregunto si paso yo por tu mente en algún momento. Me pregunto si tú sentirás algo parecido. No quiero saberlo en realidad..eso me haría pensar en tí aún más.
Quiero verte y quiero abrazarte. Un abrazo de amiga? o existe algo más? No lo sé aún. Mejor así. Mejor me limito a abrazarte y a sentir. Las sensaciones las valoraré luego. Cuando te haya visto. Cuando haya disfrutado de tí. De tu risa, de tu sonrisa, de tus ojos, de tus miradas. De tus gestos, de tus manos y tus abrazos. De tu compañía. De tu conversación, y de tu conocimiento. De tu tiempo, el que hayas decidido compartir conmigo.
Cuando esté de vuelta, pensando en tí y en ése ratito que he pasado contigo, valoraré sentimientos. Pensaré en lo que he sentido al tenerte cerca.
De momento sólo sé que necesito saber de tí, y tenerte ahí. Eres importante para mí.
Yo
martes, 22 de marzo de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
Carta a mi "madre"
El sentimiento de odio desapareció. No es que te quiera ahora, pero toda esa rabia que acumulaba dentro de mi ser ha desaparecido. Creo que por mi bien, por mi salud. Porque aunque lo estás intentando.. cuando una madre reniega de tí toda tu vida..poco afecto puedes destinarle después.
Créeme que lo he intentado, pero me puede el vacío que me has echo toda mi vida. Los desprecios, las malas contestaciones, la carencia de un abrazo, de una palabra bonita, de una sonrisa de complicidad.. no he conocido eso en tí.
Sólo recuerdo gritos, desprecios, insultos, vacíos constantes, guantazos que no me dolían en el cuerpo, muy a tu pesar, sinó en mi alma.
Aún así siempre mantenía la esperanza de que algún día te dieras cuenta de que yo, era tu hija. Hasta un animal quiere a su cría al nacer.. tú ni eso. No sé porqué malgastaste nueve meses de tu vida en alimentarme ahí dentro..siempre me lo he preguntado. Hubieras echo un bien común, no hubieras tenido algo que no querías y yo no hubiera sufrido vivir tu amargura. Sólo fue culpa tuya. Te dieron la opción. Ya sabías que no me querías.. cómo vas a querer si fuí fruto de dos revolcones..sabías que él iba a desaparecer a los pocos meses. Haberlo pensado 2 veces. A cambio, quién paga las consecuencias...la de siempre.
Pero no me considero una desgraciada, eso que tantas veces me llamaste, porque tuve a dos personas que lo dieron todo por mí. Mi abuelo y mi abuela. Perdona, mi padre y mi madre.
Siempre han estado ahi, dándome todo ese afecto que se le da a alguien querido.. tú no sabes de lo que hablo ahora mismo.. pero la desgraciada eres tú por no saber qué es lo que significa afecto. Creo que no lo has sabido nunca.
Cómo quieres que sea capaz ahora de oírte decir "mi niña"...¿ de verdad crees que me lo creo? No me creerás tan
estúpida.. Si hay algo que he aprendido contigo es a vérmelas venir.. y no me creo ni una palabra de lo que me dices.
Pareceré dura..ni la cuarta parte de lo que tú has sido conmigo.. te necesité, lo sabes de sobra, en un momento de mi vida crítico, y pasaste de mi puta cara. Desde los 8 hasta casi los 15 años. Te pedí ayuda a gritos sin abrir la boca. Tú lo sabías. Y te daba igual. "Tú tienes la culpa", me dijiste con 16 años. No se me olvidará ese momento en la vida.. con esa cara fría que te caracteriza, sin mostrar apenas tu interés..
Cómo quieres que te llame madre? Jajaja esa palabra escapa a tu alcance.. créeme.
Todo llega a un límite, y hubo un día que te dije yo misma "para mí estás muerta" con 18 años. Ya vivía sola. Te acuerdas? ...... si paro a pensar en cada una de las situaciones...Quiero matarte. Porque me vuelve ese odio que creía desaparecido. No te mereces ni que te mire a la cara. Sabes porqué lo hago? Porque soy mucho mejor persona que tú.
Porque sé lo que es estar sola en la vida. Y porque es tan duro que no se lo deseo a nadie. Como es totalmente cierto lo de que "a cada uno le llega lo suyo", así estás tú. Más sola que la una. Por ello decidí apartar todo a un lado y tener una relación "cordial" contigo. Pero no me pidas más, porque sabes que no sale de mí, ni va a salir nunca.
No le pidas peras al olmo, dicen. Aplícatelo. Suficiente sacrificio cargado ya..
Pero sigo creyendo que ha desaparecido. Ahora puedo mirarte, y puedo hablarte sin perder los estribos, aunque aún siento los dolores de barriga cada vez que lo hago. Un sentimiento que me ha acom pañado toda mi vida. Algún día desaparecerán. Digo. Hasta el momento sigo lidiando con ellos. Y con la duda de saber si realmente aprendiste algo de tu vida.
Créeme que lo he intentado, pero me puede el vacío que me has echo toda mi vida. Los desprecios, las malas contestaciones, la carencia de un abrazo, de una palabra bonita, de una sonrisa de complicidad.. no he conocido eso en tí.
Sólo recuerdo gritos, desprecios, insultos, vacíos constantes, guantazos que no me dolían en el cuerpo, muy a tu pesar, sinó en mi alma.
Aún así siempre mantenía la esperanza de que algún día te dieras cuenta de que yo, era tu hija. Hasta un animal quiere a su cría al nacer.. tú ni eso. No sé porqué malgastaste nueve meses de tu vida en alimentarme ahí dentro..siempre me lo he preguntado. Hubieras echo un bien común, no hubieras tenido algo que no querías y yo no hubiera sufrido vivir tu amargura. Sólo fue culpa tuya. Te dieron la opción. Ya sabías que no me querías.. cómo vas a querer si fuí fruto de dos revolcones..sabías que él iba a desaparecer a los pocos meses. Haberlo pensado 2 veces. A cambio, quién paga las consecuencias...la de siempre.
Pero no me considero una desgraciada, eso que tantas veces me llamaste, porque tuve a dos personas que lo dieron todo por mí. Mi abuelo y mi abuela. Perdona, mi padre y mi madre.
Siempre han estado ahi, dándome todo ese afecto que se le da a alguien querido.. tú no sabes de lo que hablo ahora mismo.. pero la desgraciada eres tú por no saber qué es lo que significa afecto. Creo que no lo has sabido nunca.
Cómo quieres que sea capaz ahora de oírte decir "mi niña"...¿ de verdad crees que me lo creo? No me creerás tan
estúpida.. Si hay algo que he aprendido contigo es a vérmelas venir.. y no me creo ni una palabra de lo que me dices.
Pareceré dura..ni la cuarta parte de lo que tú has sido conmigo.. te necesité, lo sabes de sobra, en un momento de mi vida crítico, y pasaste de mi puta cara. Desde los 8 hasta casi los 15 años. Te pedí ayuda a gritos sin abrir la boca. Tú lo sabías. Y te daba igual. "Tú tienes la culpa", me dijiste con 16 años. No se me olvidará ese momento en la vida.. con esa cara fría que te caracteriza, sin mostrar apenas tu interés..
Cómo quieres que te llame madre? Jajaja esa palabra escapa a tu alcance.. créeme.
Todo llega a un límite, y hubo un día que te dije yo misma "para mí estás muerta" con 18 años. Ya vivía sola. Te acuerdas? ...... si paro a pensar en cada una de las situaciones...Quiero matarte. Porque me vuelve ese odio que creía desaparecido. No te mereces ni que te mire a la cara. Sabes porqué lo hago? Porque soy mucho mejor persona que tú.
Porque sé lo que es estar sola en la vida. Y porque es tan duro que no se lo deseo a nadie. Como es totalmente cierto lo de que "a cada uno le llega lo suyo", así estás tú. Más sola que la una. Por ello decidí apartar todo a un lado y tener una relación "cordial" contigo. Pero no me pidas más, porque sabes que no sale de mí, ni va a salir nunca.
No le pidas peras al olmo, dicen. Aplícatelo. Suficiente sacrificio cargado ya..
Pero sigo creyendo que ha desaparecido. Ahora puedo mirarte, y puedo hablarte sin perder los estribos, aunque aún siento los dolores de barriga cada vez que lo hago. Un sentimiento que me ha acom pañado toda mi vida. Algún día desaparecerán. Digo. Hasta el momento sigo lidiando con ellos. Y con la duda de saber si realmente aprendiste algo de tu vida.
jueves, 17 de marzo de 2011
La espera
Otra vez aquí. Tercera? Cuarta vez? ya perdí la cuenta..
Sentada en una silla cutre, en un pasillo cutre, en un edificio cutre.. esperando. Esperando a que me habra la puerta.
Mismas preguntas. Mismo discurso. Sólo cambia la persona que está delante mío. Pero mis sentimientos no cambian.
Recordar, malestar, flashes parpadeando en mi cabeza con cada palabra que sale por mi boca..otra vez ese abismo..
"Tranquila, irás mejorando con el tiempo..poco a poco irás abriéndote más y aprenderás a vivir aceptando las cosas.."
Podría decirles ese mismo discurso yo a ellos, y pensarían que ya estoy curada. Con una esperanza de que pueda ser verdad esta vez, cojo fuerzas para volver a galopar.
Sentada en una silla cutre, en un pasillo cutre, en un edificio cutre.. esperando. Esperando a que me habra la puerta.
Mismas preguntas. Mismo discurso. Sólo cambia la persona que está delante mío. Pero mis sentimientos no cambian.
Recordar, malestar, flashes parpadeando en mi cabeza con cada palabra que sale por mi boca..otra vez ese abismo..
"Tranquila, irás mejorando con el tiempo..poco a poco irás abriéndote más y aprenderás a vivir aceptando las cosas.."
Podría decirles ese mismo discurso yo a ellos, y pensarían que ya estoy curada. Con una esperanza de que pueda ser verdad esta vez, cojo fuerzas para volver a galopar.
Un abismo
Toda mi puta vida igual. Aveces más o menos segura, otras rozando la caída inminente. Pero siempre, un abismo delante de mí. Una parte de mi consciencia me hace ser fuerte y tirar adelante. La otra, me putea. Me arrastra a mirar al vacío y sentir que encontraré la paz una vez haya caído.
Siento que se ahogan mis ojos. Las lágrimas se deslizan por mis párpados mientras me recorre una sensación de dolor en el estómago. Me retuerzo, y vuelvo a caer. Me debilito. mi cuerpo pierde fuerzas y sólo noto algo de mejoría cuando sollozo. Esa mejoría vuelve a desaparecer de inmediato. Y vuelve el dolor de estómago. Entonces lloro con más fuerzas. El llorar me alivia. Noto que respiro mejor, y el dolor desaparece poco a poco. Hasta nuevo aviso.
Intento buscar un porqué. Se me ocurren tantos que no valoro el más importante. Sé que tienen que ver con un pasado. Pero ese pasado no me deja en paz en mi puto presente..y no me deja echarle un vistazo a un futuro.
Las ideas se colapsan en mi mente. Nuevas ideas que me encantan, que me hacen emprender.. pero hay "algo" que falla y lo estropea todo. Ese "algo" me trae por el camino de la amargura. Ese "algo" me jode la vida día tras día. Hay días que estoy muy bien, otros regular, otros que no tan bien y otros que ni siquiera estoy.
Momentos en los que mi mente divaga por un espacio inerte. En los que no soy capaz de reaccionar o que cuando logro conseguirlo..lo hago mal.
Siempre he odiado a la gente que tira la toalla a la primera de cambio. Gente que no valora su puta vida. La vida no es gratis.. te pasa factura. Pero tienes que dar gracias por vivirla. Hay gente que daría lo que fuera por poder vivir.. por seguir con su vida.. por cambiar un puto cáncer, una bala en la costilla, un padre loco, una maltratada que se arrodilla.. por seguir viviendo.
Por ello estoy aquí.. valorando la mía. Sintiendo que disfruto de un buen libro, o de la brisa del mar rozando mi mejilla. Por el abrazo de mi hermano, o por mis dotes en la cocina.. por todo ello merece la pena despertarme cada día. Y tener ganas de dejar de llorar y poder mirar el futuro con alegría. Voy a conseguirlo. Conseguiré dar marcha atrás y alejarme de ese abismo.
Siento que se ahogan mis ojos. Las lágrimas se deslizan por mis párpados mientras me recorre una sensación de dolor en el estómago. Me retuerzo, y vuelvo a caer. Me debilito. mi cuerpo pierde fuerzas y sólo noto algo de mejoría cuando sollozo. Esa mejoría vuelve a desaparecer de inmediato. Y vuelve el dolor de estómago. Entonces lloro con más fuerzas. El llorar me alivia. Noto que respiro mejor, y el dolor desaparece poco a poco. Hasta nuevo aviso.
Intento buscar un porqué. Se me ocurren tantos que no valoro el más importante. Sé que tienen que ver con un pasado. Pero ese pasado no me deja en paz en mi puto presente..y no me deja echarle un vistazo a un futuro.
Las ideas se colapsan en mi mente. Nuevas ideas que me encantan, que me hacen emprender.. pero hay "algo" que falla y lo estropea todo. Ese "algo" me trae por el camino de la amargura. Ese "algo" me jode la vida día tras día. Hay días que estoy muy bien, otros regular, otros que no tan bien y otros que ni siquiera estoy.
Momentos en los que mi mente divaga por un espacio inerte. En los que no soy capaz de reaccionar o que cuando logro conseguirlo..lo hago mal.
Siempre he odiado a la gente que tira la toalla a la primera de cambio. Gente que no valora su puta vida. La vida no es gratis.. te pasa factura. Pero tienes que dar gracias por vivirla. Hay gente que daría lo que fuera por poder vivir.. por seguir con su vida.. por cambiar un puto cáncer, una bala en la costilla, un padre loco, una maltratada que se arrodilla.. por seguir viviendo.
Por ello estoy aquí.. valorando la mía. Sintiendo que disfruto de un buen libro, o de la brisa del mar rozando mi mejilla. Por el abrazo de mi hermano, o por mis dotes en la cocina.. por todo ello merece la pena despertarme cada día. Y tener ganas de dejar de llorar y poder mirar el futuro con alegría. Voy a conseguirlo. Conseguiré dar marcha atrás y alejarme de ese abismo.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Nostalgia
Cierro los ojos. Soy capaz de recrear cada detalle, de sentir cada olor. De recordar momentos dulces, momentos divertidos, momentos duros, momentos..felices. Cuando deseo evadirme, sea por la razón que sea, siempre recurro al mismo lugar.
Nada más entrar a casa me recibia aquel gato blanco de porcelana..sentado. Parecía pensar por sí mismo. Siempre me había ocasionado cierta desconfianza mirarlo.. no me gustaba. Colocado encima de aquel recibidor, antiguo. Me encantaba su forma. Años más tarde, cuando crecí, me recordaba a los tocadores que tenían las señoritas en sus dormitorios para embellecerse. De madera caoba, sus flores blancas y rosas dibujadas en las puertas me encantaban. Encima un espejo enorme, o por lo menos a mi edad, me lo parecía.
Al lado encontraba la habitación de mi tío..sentía adoración por él. Sólo podía dormir la siesta acurrucada a su lado. Tocándole el lóbulo de la oreja mientras él caía rendido en 5 minutos, roncaba de tal manera que mi abuela no lograba entender cómo podia dormirme a su lado.. Se sentía feliz. Habían dos muñecos ancianos sentados en unas mecedoras, en la estantería de al lado de la cama. Al lado de mi muñeca de la mili, que me trajo cuando juró bandera. Los abuelitos contaban cuentos, mientras se mecían. Tenían la cara dulce. Pensaba que mi abuelo sería así de viejito.
Cuando acababa de dormir la siesta me esperaba mi abuela en el comedor, con la merienda para los dos encima de la mesa. Para él un bocadillo enorme de salchichón o de chorizo. Para mí lo mismo, por que todo lo que hacía, o comía mi tío lo tenía que acabar haciendo o comiendo yo. Mi abuelo sentado en el sofá siempre renegaba.
Fumando. Mirando la tele. Nos miraba de reojo y se hacía el duro..pero cuando le miraba yo..no podía remediar guiñarme el ojo..
Aquellos sofás verde oliva eran duros como una piedra. Antiguos, como todo lo que había en casa. había uno de dos plazas, y dos individuales. Aterciopelados. Con botones de decoración en los respaldos que yo me encargaba de descoser para inri de mi abuelo. Delante un mueble caoba oscuro que ocupaba toda la pared a lo largo..
En la tele..toros.
Cuando acababa de merendar salía por la cocina, donde mi abuela se recreaba entre fogones, hasta conseguir aquellas comidas que todos devorábamos más tarde. Cocinaba tan bien.. LLegaba a la terraza corriendo, por donde miraba si habían acabado de merendar como yo los demás y ya estaban en la acera con sus madres, sentadas en sillitas haciendo corrillo mientras hablaban de sus cotilleos y de reojo vigilaban, atentas a cualquier despiste.
Mi abuela al ojear si ya habían bajado, me mandaba a correr por mi chaqueta a mi cuarto. Pasando por la cocina y por delante de mi abuelo renegando de que no corriera, pasaba por delante de la habitación de mis abuelos. Me encantaba dormir con ellos..de vez en cuando lo conseguía. Había una cama enorme para mí, con una colcha blanca satén. Una mesita de noche a cada lado de madera granate. Y al lado de la puerta un tocador, a juego. Donde mi abuela tenía su joyero, y una foto del día de su boda en blanco y negro. Mi abuela era joven y guapa. Fina de cara con el pelo negro liso llegándole a la cintura. Con un tocado en red ladeado. Con guantes finos blancos cogiendo un ramo. Mi abuelo apuesto como ningun otro hombre, al lado. Los dos sonreían naturalmente.
Debajo de la ventana, en un rincón, había una butaca de mi altura donde me sentaba siempre mientras miraba a mi abuela desvestirse y canturrear mientras se quitaba los pendientes y los dejaba en el joyero.
Al lado estaba mi habitación. Me entantaba mi habitación! para mí era la más grande. Llena de juguetes. Solo entrar a la izquierda tenía mi cama con mi mesita de noche. Y a los pies un armario que me sacaba tres cabezas. Todo lo demás eran juguetes.. La noria de las barriguitas, la cocinita, Rosaura, mi mesita del té.. y las miles de muñecas que me acompañaban.
Cojía mi rebeca y volvía corriendo al lado de mi abuela. Me arreglaba siempre para que fuera mona. Me llevaba al baño, al lado de la habitación de mi tío, y me lavaba las manos y los dientes. Siempre bajo su sonrisa. "Vamos que habrán bajado todas".. Recuerdo su mirada, dulce. Todo lo tierna que puede ser una abuela que se convierte en madre. Cómo la quería.. Ella junto a mi abuelo y mi tío era lo que más adraba del mundo. Lo único que conocía.
Añoro aquellos años. Donde sólo había felicidad para mí. Donde tenía a quién más necesitaba y más quería. Ahora no encuentro ese sentimiento. No encuentro ese lugar al que pertenezco. No están. No me pueden abrazar en momentos de debilidad. Ni me puede guiñar un ojo de complicidad mientras me sonríe. Ni me mira tiernamente mientras me lavo las manos y los dientes después de merendar. No oigo canturrear.
Por ello cierro los ojos. Para sentirlos en mí.
Nada más entrar a casa me recibia aquel gato blanco de porcelana..sentado. Parecía pensar por sí mismo. Siempre me había ocasionado cierta desconfianza mirarlo.. no me gustaba. Colocado encima de aquel recibidor, antiguo. Me encantaba su forma. Años más tarde, cuando crecí, me recordaba a los tocadores que tenían las señoritas en sus dormitorios para embellecerse. De madera caoba, sus flores blancas y rosas dibujadas en las puertas me encantaban. Encima un espejo enorme, o por lo menos a mi edad, me lo parecía.
Al lado encontraba la habitación de mi tío..sentía adoración por él. Sólo podía dormir la siesta acurrucada a su lado. Tocándole el lóbulo de la oreja mientras él caía rendido en 5 minutos, roncaba de tal manera que mi abuela no lograba entender cómo podia dormirme a su lado.. Se sentía feliz. Habían dos muñecos ancianos sentados en unas mecedoras, en la estantería de al lado de la cama. Al lado de mi muñeca de la mili, que me trajo cuando juró bandera. Los abuelitos contaban cuentos, mientras se mecían. Tenían la cara dulce. Pensaba que mi abuelo sería así de viejito.
Cuando acababa de dormir la siesta me esperaba mi abuela en el comedor, con la merienda para los dos encima de la mesa. Para él un bocadillo enorme de salchichón o de chorizo. Para mí lo mismo, por que todo lo que hacía, o comía mi tío lo tenía que acabar haciendo o comiendo yo. Mi abuelo sentado en el sofá siempre renegaba.
Fumando. Mirando la tele. Nos miraba de reojo y se hacía el duro..pero cuando le miraba yo..no podía remediar guiñarme el ojo..
Aquellos sofás verde oliva eran duros como una piedra. Antiguos, como todo lo que había en casa. había uno de dos plazas, y dos individuales. Aterciopelados. Con botones de decoración en los respaldos que yo me encargaba de descoser para inri de mi abuelo. Delante un mueble caoba oscuro que ocupaba toda la pared a lo largo..
En la tele..toros.
Cuando acababa de merendar salía por la cocina, donde mi abuela se recreaba entre fogones, hasta conseguir aquellas comidas que todos devorábamos más tarde. Cocinaba tan bien.. LLegaba a la terraza corriendo, por donde miraba si habían acabado de merendar como yo los demás y ya estaban en la acera con sus madres, sentadas en sillitas haciendo corrillo mientras hablaban de sus cotilleos y de reojo vigilaban, atentas a cualquier despiste.
Mi abuela al ojear si ya habían bajado, me mandaba a correr por mi chaqueta a mi cuarto. Pasando por la cocina y por delante de mi abuelo renegando de que no corriera, pasaba por delante de la habitación de mis abuelos. Me encantaba dormir con ellos..de vez en cuando lo conseguía. Había una cama enorme para mí, con una colcha blanca satén. Una mesita de noche a cada lado de madera granate. Y al lado de la puerta un tocador, a juego. Donde mi abuela tenía su joyero, y una foto del día de su boda en blanco y negro. Mi abuela era joven y guapa. Fina de cara con el pelo negro liso llegándole a la cintura. Con un tocado en red ladeado. Con guantes finos blancos cogiendo un ramo. Mi abuelo apuesto como ningun otro hombre, al lado. Los dos sonreían naturalmente.
Debajo de la ventana, en un rincón, había una butaca de mi altura donde me sentaba siempre mientras miraba a mi abuela desvestirse y canturrear mientras se quitaba los pendientes y los dejaba en el joyero.
Al lado estaba mi habitación. Me entantaba mi habitación! para mí era la más grande. Llena de juguetes. Solo entrar a la izquierda tenía mi cama con mi mesita de noche. Y a los pies un armario que me sacaba tres cabezas. Todo lo demás eran juguetes.. La noria de las barriguitas, la cocinita, Rosaura, mi mesita del té.. y las miles de muñecas que me acompañaban.
Cojía mi rebeca y volvía corriendo al lado de mi abuela. Me arreglaba siempre para que fuera mona. Me llevaba al baño, al lado de la habitación de mi tío, y me lavaba las manos y los dientes. Siempre bajo su sonrisa. "Vamos que habrán bajado todas".. Recuerdo su mirada, dulce. Todo lo tierna que puede ser una abuela que se convierte en madre. Cómo la quería.. Ella junto a mi abuelo y mi tío era lo que más adraba del mundo. Lo único que conocía.
Añoro aquellos años. Donde sólo había felicidad para mí. Donde tenía a quién más necesitaba y más quería. Ahora no encuentro ese sentimiento. No encuentro ese lugar al que pertenezco. No están. No me pueden abrazar en momentos de debilidad. Ni me puede guiñar un ojo de complicidad mientras me sonríe. Ni me mira tiernamente mientras me lavo las manos y los dientes después de merendar. No oigo canturrear.
Por ello cierro los ojos. Para sentirlos en mí.
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