Miro tu lado de la cama y no estás. Las mañanas tienen más encanto cuando despierto a tu lado. Tus ojos entreabiertos y esa sonrisa que me encandila son la mejor manera de empezar cada nuevo día.
Dibujo tu silueta con mis dedos, los que te teletransportan a un éxtasis en estéreo, albergando la esperanza de que aparezcas creando magia, creando esa sensación de la que día a día voy enganchándome sin medirla, sin pensar. Me dejo llevar por un terremoto de emociones que siento en mi interior, en mi corazón, donde florecen sentimientos a destajo. Ésos que me impulsaron desde lo más bajo y me llenaron de vida en un momento dado.
Sonrío. Es irremediable... Siento que respiramos a un mismo ritmo, en un mismo encuadre. Una luz especial con cierto color de bienestar envuelve el paisaje. Camino siguiendo mis propios pasos, los que piso con firmeza, con fe ciega, en todo lo que hago. Lo que pienso, lo que siento, lo que creo que te demuestro en cada segundo que paso a tu lado.
Yo
jueves, 5 de abril de 2012
lunes, 2 de abril de 2012
Dolor
No tengo fuerzas para seguir. Mi alma pierde fuerzas y mi corazón poco a poco deja de latir. Cada vez siento sus bombeos más lejos de mí, y mi sangre se obstruye en mi cuerpo, sin encontrar caminos donde regar un porvenir. Nunca llega ese momento de calma a mi aura desencantada. Necesito llegar a un fin. Un final a éste dolor que me mata, que me nubla la vista y me maltrata. Un final a éste desespero, al que me corroe y me duele con tal desenfreno. No puedo más. Siento que me hablan y mi mente se mantiene ausente de todas las palabras que levitan a mi alrededor, siento que presto atención a motas de polvo que no puedo tocar, al aire que me acaricia la mejilla y al que me intento aferrar. Al sol que devuelve color a mi piel pero que parece no entender que mi alma sigue sin blanca, pálida, débil, apagada.
Caras amigas angustiadas, sin poder dar una explicación de lo que por mi mente arrasa sin premeditación. Simplemente siguen ahí, agradecida multiplicado por mil. Pero no encuentro sendero por el que atajar a éste desespero. No encuentro salida a un laberinto de espejos donde a cuál peor me veo reflejada. Unos muestran mis miedos, y en otros me veo encarcelada. Negro, oscuro, gris. En mi sangre huellas, pisadas, patadas a destajo que hoy por hoy no dicen nada. Queda dolor, resquemor, algo que se apodera y alimenta de lo que llamamos vida. Mi vida.
Atrás quedan esperanzas del poder que mantenía. Sonrisa.
Sólo espero poder recuperarla algún día...
Caras amigas angustiadas, sin poder dar una explicación de lo que por mi mente arrasa sin premeditación. Simplemente siguen ahí, agradecida multiplicado por mil. Pero no encuentro sendero por el que atajar a éste desespero. No encuentro salida a un laberinto de espejos donde a cuál peor me veo reflejada. Unos muestran mis miedos, y en otros me veo encarcelada. Negro, oscuro, gris. En mi sangre huellas, pisadas, patadas a destajo que hoy por hoy no dicen nada. Queda dolor, resquemor, algo que se apodera y alimenta de lo que llamamos vida. Mi vida.
Atrás quedan esperanzas del poder que mantenía. Sonrisa.
Sólo espero poder recuperarla algún día...
martes, 27 de marzo de 2012
Corazón en bandeja
La estancia era hogareña. La luz, tímida a entrar en escena, dejaba entrever los colores que adornaban el comedor. Mucho verde alimentaba el aire, proporcionando oxígeno a quien tuviera la ocasión de volver a respirar. Un silencio armonioso caracterizaba tanta tranquilidad, tanto bienestar, tanta emoción...
El cantar de los pajarillos fuera y el tic tac del reloj hacían casi perfecta la visita en cuestión.
Con extremo cuidado abría el pecho en canal. Un corte fino desde la clavícula hasta el estómago hacía posible la abertura de la caja torácica. El crujir de las costillas, al darse de sí por la fuerza empleada, rompía con la singularidad de la casa. El rojo intenso de la sangre jugaba con el tono arena de las cortinas y el estampado del sofá, creando una armonía perfecta entre ambos. Con delicadeza fue aislando el corazón, consiguiendo extraerlo, sin más dilación. Lo depositó en una bandeja. El latir, más fuerte que nunca, ejercía de banda sonora para el anfitrión.
Se sentó. Exhausto por la acción, apartó el plato con cuidado y se dedicó a limpiar cada uno de los utensilios empleados. Poco a poco fue limpiando con esmero el rojo dominante en la foto. Cuando acabó sus manos sujetaron un paño de cocina blanco impoluto, agarró una de las puntas y la escondió, cuidando el detalle, entre su cuello y camisa. Volvió a recorrer el camino realizado con el plato para su desplazamiento, en este caso, en sentido contrario. Arrimándolo con gula cogió con la mano derecha el cuchillo y con la izquierda el tenedor. El primer corte estalló en salsa roja, tanto que encharcó el plato pareciendo sopa. Masticó hasta acabarse el último trozo de ventrículo.
Cuando acabó, limpió su boca dejando el paño en estampado. Lágrimas recorrían sus mejillas, sonrojadas a consecuencia del calor pasado por el maltrago. Sus manos temblorosas denotaban una sensibilidad extrema. A flor de piel. Delicada al tacto. Pues no hay mejor estado que vomitar los sentimientos enquistados.
Así, abriendo su corazón por primera vez ante sus ojos, volvió a respirar el aire alimentado por un verde esperanza...
El cantar de los pajarillos fuera y el tic tac del reloj hacían casi perfecta la visita en cuestión.
Con extremo cuidado abría el pecho en canal. Un corte fino desde la clavícula hasta el estómago hacía posible la abertura de la caja torácica. El crujir de las costillas, al darse de sí por la fuerza empleada, rompía con la singularidad de la casa. El rojo intenso de la sangre jugaba con el tono arena de las cortinas y el estampado del sofá, creando una armonía perfecta entre ambos. Con delicadeza fue aislando el corazón, consiguiendo extraerlo, sin más dilación. Lo depositó en una bandeja. El latir, más fuerte que nunca, ejercía de banda sonora para el anfitrión.
Se sentó. Exhausto por la acción, apartó el plato con cuidado y se dedicó a limpiar cada uno de los utensilios empleados. Poco a poco fue limpiando con esmero el rojo dominante en la foto. Cuando acabó sus manos sujetaron un paño de cocina blanco impoluto, agarró una de las puntas y la escondió, cuidando el detalle, entre su cuello y camisa. Volvió a recorrer el camino realizado con el plato para su desplazamiento, en este caso, en sentido contrario. Arrimándolo con gula cogió con la mano derecha el cuchillo y con la izquierda el tenedor. El primer corte estalló en salsa roja, tanto que encharcó el plato pareciendo sopa. Masticó hasta acabarse el último trozo de ventrículo.Cuando acabó, limpió su boca dejando el paño en estampado. Lágrimas recorrían sus mejillas, sonrojadas a consecuencia del calor pasado por el maltrago. Sus manos temblorosas denotaban una sensibilidad extrema. A flor de piel. Delicada al tacto. Pues no hay mejor estado que vomitar los sentimientos enquistados.
Así, abriendo su corazón por primera vez ante sus ojos, volvió a respirar el aire alimentado por un verde esperanza...
jueves, 15 de marzo de 2012
Vida de perras

En su tez blanca resaltaba el carmín rojo barato. La sombra de ojos negra y el rimel corrido de sus pestañas describían cansancio. Caminaba hacia su cárcel como cerdo degollado, sangrando a borbotones su calvario, pues el caminar lento y su mirada fija al infinito provocaban una visión abstracta del destino. La luz roja cansaba ya su vista, y los cuatro peldaños a escalar hacía la acolchada plataforma no hacían más que realzar el significado de los barrotes negros que acariciaba con desespero al pasear su cuerpo sin alma por las cabinas del deseo. La dosis de droga esnifada por su nariz putrefacta elevaba su mente a un desvarío constante, suficiente como para aguantar el tiempo estipulado.
Bailaba hipnotizada. Creyendo ser la dueña del vacío interno que la gobernaba. Ausente. Paseaba por delante de escaparates como trozo de carne jugoso y apetitoso. Casi delirante. Sus ojos mutaban a un burdeos intenso, poco a poco ardía en llamas, creando fuego. Mirada desafiante. Con la chulería y la prepotencia necesaria para venderse en el mercado negro. En ocasiones fijaba su atención en la persona que visitaba su celda de loba encerrada. Sintiendo un odio interno que disfrazaba con sonrisa sarcástica mientras deslizada su lengua por la fría barra situada en medio de la tarima.
Observar aquellas caras no tenía precio. No el suficiente para pagar la pérdida del sentimiento. Pues se había convertido sin querer en un saco roto. Perdiéndose en un mundo de oscuridad, de luces rojas, de drogas, de botellas que no parecían tener fin, más que el que imaginara de vez en cuando como vía de escape.
Sonaba la sirena, señal de su final de tiempo. Bajaba las escaleras apoyándose en las paredes, perdiendo el equilibrio en sus talones de vértigo, y no por no dominarlos en ningún caso, sino por el estado en que su cuerpo, letargado, sufría efectos secundarios.
Vistiéndose como alma que llevaba el diablo desaparecía dando portazo a un mundo de contrabando. Hasta nuevo aviso. Hasta que las malditas manetas del reloj apuntaran la hora señalada y llegara el momento de volver a recorrer su particular "corredor de la muerte"...
martes, 13 de marzo de 2012
Abrazos
Tengo la necesidad de reventar. De explotar. De arder en llamas y refrigerarme sin más. Tengo la necesidad de decir. De contar. De abrazar. De llorar. De desinflarme quizás. Andé toda la vida sin poder expresarme muy bien, sin vomitar palabras que expresaran lo que sentía, de mirar algunos ojos que tanto me decían... Hoy sólo puedo y quiero agradecer. Por que en momentos crudos, como éste tal vez, soy consciente de la gente importante que me mantiene. Que no me cogen con pinzas, sino que me agarran el antebrazo, que están pendientes de la caída, y corren a destajo en mi ayuda sin medidas. Gracias. No sé qué decir más. Un guiño entrelazado acompañado de un humilde abrazo, lo más oportuno quizás.
Impulso coge mi corazón hoy
Tiritas de contrabando
Juego al escondite con la pena
Y al pilla pilla con el mal trago.
Luz intento buscar
donde la sombra absorbe,
Más allá de la oscuridad
Siento tu mano al caminar
Aliento que regalas a mis pulmones.
Se agradece enormemente...
Impulso coge mi corazón hoy
Tiritas de contrabando
Juego al escondite con la pena
Y al pilla pilla con el mal trago.
Luz intento buscar
donde la sombra absorbe,
Más allá de la oscuridad
Siento tu mano al caminar
Aliento que regalas a mis pulmones.
Se agradece enormemente...
lunes, 12 de marzo de 2012
A ti
Tus ojos se están cerrando. Apenas le quedan un suspiro. Y flashes vienen a mi cabeza de todo nuestro camino, el vivido, el sentido, en todo lo que significa vida, pues te entregaste a la mía con todas las consecuencias añadidas. Y por ello te doy hoy las gracias, hoy y cada día transcurrido. Ya lo sabes, te lo he demostrado, a lo largo de tu recorrido. Te quiero con toda mi alma, con el corazón en mi mano caen lágrimas ensangrentadas, por lo sufrido, por verte así de malita conociendo en todo momento tu deseo no compartido. Irte a su lado desde que se fue mi santo bendito, aquél que te acompañó toda tu vida y no te deja ver más camino.
No me hago a la idea, me ocurrió con él lo mismo, pues aún le sigo hablando en el silencio de mi vacío. Lo mismo haré contigo, feliz, pues sé que estarás con él, que los dos, desde ahí arriba me veréis, pendientes de mis fechorías y encauzándome, (una y otra vez), a lo largo de mi vida. Siento que se me parte el alma, siento que me quedo sola ante la tormenta que estalla, siento un dolor irremediable que no me permite respirar a un ritmo constante. Me faltas tú, y aún no te has ido, pero la angustia que se me produce forma parte del destino. Pues estamos aquí de paso e incierto es el camino. Te adoro, no lo olvides. Yo no lo olvido. En mis recuerdos más felices, estás siempre conmigo.
No me hago a la idea, me ocurrió con él lo mismo, pues aún le sigo hablando en el silencio de mi vacío. Lo mismo haré contigo, feliz, pues sé que estarás con él, que los dos, desde ahí arriba me veréis, pendientes de mis fechorías y encauzándome, (una y otra vez), a lo largo de mi vida. Siento que se me parte el alma, siento que me quedo sola ante la tormenta que estalla, siento un dolor irremediable que no me permite respirar a un ritmo constante. Me faltas tú, y aún no te has ido, pero la angustia que se me produce forma parte del destino. Pues estamos aquí de paso e incierto es el camino. Te adoro, no lo olvides. Yo no lo olvido. En mis recuerdos más felices, estás siempre conmigo.
jueves, 8 de marzo de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
