Yo
martes, 22 de noviembre de 2011
domingo, 20 de noviembre de 2011
Sensaciones
Un rato ameno. Con unos amigos tomando unas cañas, y yo en mi mundo paralelo. Delirando sobre un pensamiento extraño, tú. Pensando en tus manos acariciando mi piel que quema otra vez. Que harde en deseos de saber si piensas en mí como yo lo hago en ti. Y humedezco. Valorando la idea de que tus dedos resbalen por mi espalda hasta llegar a la trastienda. Allí donde se encuentra el deseo. Allí donde guarda silencio todo lo que guardo dentro. Experimentando sensaciones que más tarde evalúo sin remedio.
Y me besas. Como si fuera la última acción que realizaras en este submundo de razón. Como si te fuera la vida en ello. De estraperlo. Con la magia de lo pensado, sentido e imaginado. Como yo te deseo a ti. Como irremediablemente me haces sentir. Una hoguera humana que desprende humo al revivir.
Y bebo de mi caña fría. A ver si apaciguo a las olas, con sus idas y venidas. A ver si apago el fuego que recorre mi cuerpo cada vez que te pienso. Cada vez que imagino que entras en mí de nuevo.
Trago. Inconscientemente abro mis piernas y estremezco sin quererlo al imaginarlo. Desgarras mis muslos atrayendo cada sensación de desenfreno. Custodiando cada parte de mi ser como si se tratara del tesoro a defender.
Y me pierdo...
Y me besas. Como si fuera la última acción que realizaras en este submundo de razón. Como si te fuera la vida en ello. De estraperlo. Con la magia de lo pensado, sentido e imaginado. Como yo te deseo a ti. Como irremediablemente me haces sentir. Una hoguera humana que desprende humo al revivir.
Y bebo de mi caña fría. A ver si apaciguo a las olas, con sus idas y venidas. A ver si apago el fuego que recorre mi cuerpo cada vez que te pienso. Cada vez que imagino que entras en mí de nuevo.
Trago. Inconscientemente abro mis piernas y estremezco sin quererlo al imaginarlo. Desgarras mis muslos atrayendo cada sensación de desenfreno. Custodiando cada parte de mi ser como si se tratara del tesoro a defender.
Y me pierdo...
Decadencia
No me entenderán. No podrán ponerse en mi piel ni llegarán a sentir lo que yo siento. No podrán llegar a imaginar lo que yo pienso, imagino o creo. No llegará nadie a hacerse una idea de lo que pasa por mi cabeza. Nunca. Mientras alguien lo intenta, sigo en mi idea firme de permanecer bajo sospecha, de sopesar cada gesto, cada palabra, cada caricia, cada idea. Analizando. Millones de conectores entre sí facilitan la llegada de cada significado a mi centro de recepción. Siendo así evaluados como descartado, posible o interesante.
-Procura no abrir la boca si no vas a decir nada inteligente, puede que tu subconsciente te delate regalándome una estupidez hiriente. Sorpréndeme acaparando toda mi atención en ti, y no hagas que mi mente se disperse en dos minutos de asfixia oyente.
-Procura no abrir la boca si no vas a decir nada inteligente, puede que tu subconsciente te delate regalándome una estupidez hiriente. Sorpréndeme acaparando toda mi atención en ti, y no hagas que mi mente se disperse en dos minutos de asfixia oyente.
viernes, 18 de noviembre de 2011
...
Las puertas del cielo no abren para mí.
Mis alas rotas hacen que pierda el vuelo.
Estoy cayendo...
No sé si podré aguantar este sin vivir que tengo,
Ésta vida entre barrotes de hierro,
Ésta ciudad de cuatro paredes que me absorbe lentamente el cerebro.
Entre tejados anda el juego.
En la cornisa de la decimoctava historia.
Un paso, otro paso y miro sin remedio hacia abajo.
Sin mirar hacia arriba que es donde se encuentra mi alma perdida.
Deambulando en círculos imaginarios.
Cansada de sentir siendo ciega,
Cansada de ahogar las penas en la botella.
Cansada de bloquear emociones, escapando.
Cansada de chillarle al viento a grito pelado.
Un paso, otro paso
Y le grito al vacío que me arrope en su regazo.
Mis alas rotas hacen que pierda el vuelo.
Estoy cayendo...
No sé si podré aguantar este sin vivir que tengo,
Ésta vida entre barrotes de hierro,
Ésta ciudad de cuatro paredes que me absorbe lentamente el cerebro.
Entre tejados anda el juego.
En la cornisa de la decimoctava historia.
Un paso, otro paso y miro sin remedio hacia abajo.
Sin mirar hacia arriba que es donde se encuentra mi alma perdida.
Deambulando en círculos imaginarios.
Cansada de sentir siendo ciega,
Cansada de ahogar las penas en la botella.
Cansada de bloquear emociones, escapando.
Cansada de chillarle al viento a grito pelado.
Un paso, otro paso
Y le grito al vacío que me arrope en su regazo.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Horas de espera
Las horas se hacen más largas. Las agujas del reloj carecen de movimiento. Y, mientras, ella en la sala de espera pronosticando diferentes efectos. Su corazón bombeaba a ritmos diversos. Pendiente siempre de sentir cada poro de su piel, cada parte de su cuerpo, en éste momento frágil, delicado, enfermo.
Intenta buscarse en sus adentros y permanecer en calma, esperanza. Angustiada. Así es realmente como se siente, sin pensar en posibles circunstancias latentes. El hecho de imaginar era lo suficientemente abstracto como para creer en ello. Quizás lo que realmente le daba miedo era tener su cuerpo en sus manos.
Observaba con detenimiento cada paso y cada de gesto de toda enfermera viviente. Médicos abstraerse, pues para su visita diaria tan sólo requería la compañía de enfermeras momentáneamente. Siempre llegaba antes, quizás por nervios, incertidumbre.. o por la sensación de entrar en su cuerpo tal líquido, veneno, que se supone que mata a aquello que nos mata, a nosotros, los enfermos.
Los ojos de la enfermera la buscaban, rutinaria. Aquella dulce sonrisa de echo no servía de nada para calmar aquél mal trago vivido, obligado. Aunque, evidentemente, era de agradecer. Su tez pálida pronunciaba más aún las ojeras que hacían mella por el cansancio de su cuerpo esclavizado. Parecía que su pelo perdía color, por lo menos lo conservaba... El paso del tiempo se lo arrebataría con decisión.
Una mirada rápida de pánico y nerviosismo a su alrededor nos daba los buenos días. Aquella sala era capaz de congelar en cuestión de segundos, pues la escena era precaria. Vacía. Sin vida. De echo luchábamos todos por mantenernos en línea y evitar que un día u otro el monitor cardíaco cesara de emitir nuestras funciones cardíacas y respiratorias, vitales para la vida autónoma.
Tímidamente sus ojos se fijaban en mí. Seguían después el sistema de trasvase en vena que llegaba hasta la botella que curiosamente protegía el papel de plata, evitando así conocer el color o aspecto de aquél veneno inyectado en sangre. Volvían rápidamente a mí, a mis ojos, los que la intentaban tranquilizar una y otra vez a lo largo de sus visitas.
- ¿Cómo lo llevas? - le pregunté ésa vez.
- Aún no lo sé...
- Es normal, poco a poco...
- ¿Me llegaré a acostumbrar?
- Creo que a ésto no se acostumbra nadie... Pero hay que hacerlo... ¿no?
Intenta buscarse en sus adentros y permanecer en calma, esperanza. Angustiada. Así es realmente como se siente, sin pensar en posibles circunstancias latentes. El hecho de imaginar era lo suficientemente abstracto como para creer en ello. Quizás lo que realmente le daba miedo era tener su cuerpo en sus manos.
Observaba con detenimiento cada paso y cada de gesto de toda enfermera viviente. Médicos abstraerse, pues para su visita diaria tan sólo requería la compañía de enfermeras momentáneamente. Siempre llegaba antes, quizás por nervios, incertidumbre.. o por la sensación de entrar en su cuerpo tal líquido, veneno, que se supone que mata a aquello que nos mata, a nosotros, los enfermos.
Los ojos de la enfermera la buscaban, rutinaria. Aquella dulce sonrisa de echo no servía de nada para calmar aquél mal trago vivido, obligado. Aunque, evidentemente, era de agradecer. Su tez pálida pronunciaba más aún las ojeras que hacían mella por el cansancio de su cuerpo esclavizado. Parecía que su pelo perdía color, por lo menos lo conservaba... El paso del tiempo se lo arrebataría con decisión. Una mirada rápida de pánico y nerviosismo a su alrededor nos daba los buenos días. Aquella sala era capaz de congelar en cuestión de segundos, pues la escena era precaria. Vacía. Sin vida. De echo luchábamos todos por mantenernos en línea y evitar que un día u otro el monitor cardíaco cesara de emitir nuestras funciones cardíacas y respiratorias, vitales para la vida autónoma.
- ¿Cómo lo llevas? - le pregunté ésa vez.
- Aún no lo sé...
- Es normal, poco a poco...
- ¿Me llegaré a acostumbrar?
- Creo que a ésto no se acostumbra nadie... Pero hay que hacerlo... ¿no?
domingo, 13 de noviembre de 2011
Encerrada
No puedo ver a través de mis ojos. Cerrando puertas a un interior que se ha hecho insensible, frío. Helado. Un hilo de cuero ha sellado mis labios. Mis párpados duelen al abrirse, permanecen cerrados. Aquí en la oscuridad sé quién soy. Supongo que debía caer otra vez, siempre encuentro mi lugar entre las cenizas.
Aún recuerdo el calor de mi corazón recorriendo mi espalda, hace algún tiempo ya, se volvió frío. Congelado. Maldito. Encerrada.
Partículas de mi alma se volatizaron en un pasado. Dejando un vacío que acaricio con cariño, para que no duela tanto. Desgarro. Albergando en mis entrañas el extraño sueño de poder volar. Escapar. Liberar el dolor que permanece en mis adentros y del que me enamoro día a día sin entendimiento. Dependiente de un sufrimiento. De un estado declarado en quiebra de emociones y sentimientos, del que me hace no humana, del que día y noche soy esclava. Cincuenta mil lágrimas he derramado por lamento. Lágrimas de sangre que hoy ya no recorren mi cuerpo. Calor que ya no siento. Tan sólo el veloz paso del tiempo. Tiempo que corre a destajo, que te deja en el asfalto si no eres rápido y coges el último tren en la estación de éste pueblo abandonado...
Aún recuerdo el calor de mi corazón recorriendo mi espalda, hace algún tiempo ya, se volvió frío. Congelado. Maldito. Encerrada.
Partículas de mi alma se volatizaron en un pasado. Dejando un vacío que acaricio con cariño, para que no duela tanto. Desgarro. Albergando en mis entrañas el extraño sueño de poder volar. Escapar. Liberar el dolor que permanece en mis adentros y del que me enamoro día a día sin entendimiento. Dependiente de un sufrimiento. De un estado declarado en quiebra de emociones y sentimientos, del que me hace no humana, del que día y noche soy esclava. Cincuenta mil lágrimas he derramado por lamento. Lágrimas de sangre que hoy ya no recorren mi cuerpo. Calor que ya no siento. Tan sólo el veloz paso del tiempo. Tiempo que corre a destajo, que te deja en el asfalto si no eres rápido y coges el último tren en la estación de éste pueblo abandonado...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
