Hoy he soñado contigo. He soñado que me levantaba y te veía ahí, pensativo. Con tu café de cada mañana. Mirando al infinito. Y acercándome poco a poco notabas mis manos acariciarte con nostalgia, besándote la nuca, sintiendo tus entrañas, deborándote en sigilo. Me miras. Te miro. Y me siento delante tuyo provocando un desafío, el cuál aceptas con mucho gusto, atacándome sin previo aviso. Me gusta. Me pones.
Me abres de piernas ante ti preparado para una degustación en porciones. Y siento mi cuerpo temblar de tanto sentir tu roce, tu lengua lamiendo mi escote, tu mano haciéndose notar aquí abajo, donde pone escrito tu nombre. Te vuelves bravo, y me coges de lado mostrándome quien es aquí el macho...
... Bendita sed animal ...
Entra en juego el instinto. Aquél que hace perderte en el delirio. Aquél que te empuja hasta un éxtasis desmedido. Sientiendo el placer como norma a establecer. Un predominio. De tu cuerpo sobre el mío. De tu alma en mis entrañas. Haciéndote eco en instantes de intensidad dividida en dos partes, una grave y otra moderada. Haciéndome sentir tu esclava.
... Bendita esclavitud ...
Desperté, observando mi alrededor, pensé en tu recuerdo, bonito momento...
Ahora viene lo mejor... Estás ahí, con tu café... mirando al infinito...
"Buenos días", otra vez...
Yo
jueves, 8 de septiembre de 2011
lunes, 5 de septiembre de 2011
Recuérdame
Te lo dije. No soy fácil. Sé que me miras a los ojos y puedes ver que no seré tuya. Lo siento. No es tu culpa. Soy yo que no sé caminar si no estoy sola. Soy yo que no sé ser yo si comparto mi vida con alguien que no entiende mi ser, mi persona. Mis ganas de ser libre o las ganas de tenerte a toda costa.
Te lo dije. Te avisé. Podré quererte hasta enloquecer, pero después me iré. Y te quedará el recuerdo, de algo que pudo ser. Así es mi alma, rota por tantos lados que las emociones se me escapan. No puedo contener el aire, no puedo mantener la respiración. Aún no entiendo qué es el amor. No me odies. No me olvides.
Te lo dije. Aquí te quedas tú, y al otro lado del río emprendo mi camino buscándome con temor. Con la gracia de haber vivido, momentos de emoción. De risas, de abrazos, de caricias, de llegar a temblarme la voz. Eso se queda conmigo, y tu recuerdo en mi corazón. Fue bonito haberlo vivido. Fue bonito mientras duró.
Te lo dije. No soy lo que se entiende por convencional. Soy todo lo contrario. Soy animal. Me guío por instintos no por las reglas que se ejecutan en el camino. Me guío por mi alma, que se escapa desvariada, en busca de la nostalgia, de lo que no hallo en la nada. En éste mundo de malditos, donde los sentimientos son infinitos, donde las emociones son abstractas, como el aire que acaricia mi cara. Como el amanecer en el horizonte. Como una vez creíste verme, como un espejismo se desvanece. Como el sol se acuesta en la noche. Como escucho alejándome cada uno de tus reproches...
Como te dije, como te avisé,
Recuérdame...
Te lo dije. Te avisé. Podré quererte hasta enloquecer, pero después me iré. Y te quedará el recuerdo, de algo que pudo ser. Así es mi alma, rota por tantos lados que las emociones se me escapan. No puedo contener el aire, no puedo mantener la respiración. Aún no entiendo qué es el amor. No me odies. No me olvides.
Te lo dije. Aquí te quedas tú, y al otro lado del río emprendo mi camino buscándome con temor. Con la gracia de haber vivido, momentos de emoción. De risas, de abrazos, de caricias, de llegar a temblarme la voz. Eso se queda conmigo, y tu recuerdo en mi corazón. Fue bonito haberlo vivido. Fue bonito mientras duró.
Te lo dije. No soy lo que se entiende por convencional. Soy todo lo contrario. Soy animal. Me guío por instintos no por las reglas que se ejecutan en el camino. Me guío por mi alma, que se escapa desvariada, en busca de la nostalgia, de lo que no hallo en la nada. En éste mundo de malditos, donde los sentimientos son infinitos, donde las emociones son abstractas, como el aire que acaricia mi cara. Como el amanecer en el horizonte. Como una vez creíste verme, como un espejismo se desvanece. Como el sol se acuesta en la noche. Como escucho alejándome cada uno de tus reproches...
Como te dije, como te avisé,
Recuérdame...
domingo, 4 de septiembre de 2011
Olvida
Dices que estás ahí, pero no te veo.
No te siento, no te escucho, no te creo.
Dices que todo sigue igual, mientes.
La luz de tu mirada se entristece.
Dime, corazón, si no es cierto
Que por cada paso adelante, dos van en retroceso.
Dime, mente, qué sientes
Que si no ves el camino, tropieces...
¿Qué debo hacer entonces?
Olvidar su cara, su voz, su nombre..
No te siento, no te escucho, no te creo.
Dices que todo sigue igual, mientes.
La luz de tu mirada se entristece.
Dime, corazón, si no es cierto
Que por cada paso adelante, dos van en retroceso.
Dime, mente, qué sientes
Que si no ves el camino, tropieces...
¿Qué debo hacer entonces?
Olvidar su cara, su voz, su nombre..
lunes, 22 de agosto de 2011
Peculiar
El semáforo en rojo. Me detengo delante del paso de peatones. Inmóvil. Veo mi imagen reflejada en los coches y autobuses que pasan delante de mí. Cada uno a su destino, diferentes entre sí. Conducen a velocidades extremas como si la vida les fuera en ello. Absortos de cualquier realidad que no sea la de ellos mismos. Sigo observándome. Como si no perteneciera a ninguna realidad. Como si la vida transcurriera y no pintara nada. Como si no me dejaran pertenecer a ella. Los segundos del semáforo transcurren.
Qué rápido se nos va el tiempo...
Verde. Sigo estática, visualizando el ganado que pasa por ambos lados. Como borregos enjaulados. Como ratones de laboratorio siguiendo un mismo y único sentido en el camino, el que les hace llegar al éxito, a la porción de queso en recompensación por tan maravillosa proeza de haber llegado al destino solicitado. La misma porción de queso con la que les recompensan a toda esta gente. Sin ánimo de prosperar en mente, dejando a un lado los desarrollos neuronales para seguir con cautela las reglas establecidas como dictan "las altas esferas".
Rojo de nuevo. Vaya.. Tomaré un café en el mismo bar de siempre. Mi buen servidor camarero y yo ya nos conocemos, así que animosamente me da la bienvenida "¿Lo de siempre?". Se interesa por el libro que leo -quizás si supiera su contenido, probablemente no preguntaría- amable señor de pelo blanco con gafas y bonachón, demasiada realidad para cierta persona mayor.
De nuevo a esa jauría llamada vida. Cruzo ésta vez con el semáforo en verde. Deleitándome cada vez que alzo la vista con esas caras de pantomima que suele llevar la gente diariamente.
-Sonría por favor, la vida le iría mucho mejor- Mejor seguir leyendo mis letras. Mientras estoy atenta al camino que me guía a mi destino. Y en un momento dado, como si alguien me hubiera pellizcado para llamar la atención de mi cerebro tal vez, alzo la vista, casi sin querer, y veo sus ojos verdes, observándome. Mirada penetrante, consiguió que perdiera el hilo por un instante. Pasé por su lado como si el mundo se hubiese parado. O por lo menos me lo pareció. Lástima que sólo fueran sus ojos lo que consiguiera atraer mi atención como proeza. Lástima que abriera la boca al sonreír y sus dientes acecharan contra mí. Que a primera vista pudiera denotar carencia al dialogar. Lástima que su pelo largo y moreno -el cuál me agradó también- fuera lo único bonito a mi gusto de ver. Lástima... Todo no se puede tener.
Tras otro fracaso ocasionado sigo en mi mundo imaginario. Esperando que vuelva a chocarme, tal vez, con otros ojos que consigan atraer mi atención con algún tipo de atracción y provoquen alguna emoción. Tampoco pido tanto, joder, más de dos dedos de frente -¿Puede ser?- y un poco desaliñado...
"Peculiar". No es la palabra adecuada, pero es la primera palabra que me viene a la mente.
Raro para mí. Siempre.
Qué rápido se nos va el tiempo...
Verde. Sigo estática, visualizando el ganado que pasa por ambos lados. Como borregos enjaulados. Como ratones de laboratorio siguiendo un mismo y único sentido en el camino, el que les hace llegar al éxito, a la porción de queso en recompensación por tan maravillosa proeza de haber llegado al destino solicitado. La misma porción de queso con la que les recompensan a toda esta gente. Sin ánimo de prosperar en mente, dejando a un lado los desarrollos neuronales para seguir con cautela las reglas establecidas como dictan "las altas esferas".
Rojo de nuevo. Vaya.. Tomaré un café en el mismo bar de siempre. Mi buen servidor camarero y yo ya nos conocemos, así que animosamente me da la bienvenida "¿Lo de siempre?". Se interesa por el libro que leo -quizás si supiera su contenido, probablemente no preguntaría- amable señor de pelo blanco con gafas y bonachón, demasiada realidad para cierta persona mayor.
De nuevo a esa jauría llamada vida. Cruzo ésta vez con el semáforo en verde. Deleitándome cada vez que alzo la vista con esas caras de pantomima que suele llevar la gente diariamente.
-Sonría por favor, la vida le iría mucho mejor- Mejor seguir leyendo mis letras. Mientras estoy atenta al camino que me guía a mi destino. Y en un momento dado, como si alguien me hubiera pellizcado para llamar la atención de mi cerebro tal vez, alzo la vista, casi sin querer, y veo sus ojos verdes, observándome. Mirada penetrante, consiguió que perdiera el hilo por un instante. Pasé por su lado como si el mundo se hubiese parado. O por lo menos me lo pareció. Lástima que sólo fueran sus ojos lo que consiguiera atraer mi atención como proeza. Lástima que abriera la boca al sonreír y sus dientes acecharan contra mí. Que a primera vista pudiera denotar carencia al dialogar. Lástima que su pelo largo y moreno -el cuál me agradó también- fuera lo único bonito a mi gusto de ver. Lástima... Todo no se puede tener.
Tras otro fracaso ocasionado sigo en mi mundo imaginario. Esperando que vuelva a chocarme, tal vez, con otros ojos que consigan atraer mi atención con algún tipo de atracción y provoquen alguna emoción. Tampoco pido tanto, joder, más de dos dedos de frente -¿Puede ser?- y un poco desaliñado...
"Peculiar". No es la palabra adecuada, pero es la primera palabra que me viene a la mente.
Raro para mí. Siempre.
domingo, 21 de agosto de 2011
Duerme conmigo
Debo despertar, y darme cuenta de que en realidad no somos nadie. Que caminamos como autómatas sin tan siquiera mirar las almas restantes. Cada vez es más probable que nos pinchen y no extraigan sangre, sino un fluido vacío del que solo quedan restos de sentimientos y de emociones inutilizables.
Debo despertar, y empezar a pensar que es mejor no sentir nada a sentir que el dolor te desgarra. Aprenderé a recoger mis pedazos, uniéndolos entre sí. Congelándolos. Provocando mi solidez y mi frialdad aptos para seguir esperando que así pueda, quizás, resistir algo más. Sobrellevar ésta vida de desencantos, donde existen espejismos que te hacen caer en un abismo.
Debo despertar, aprender a respirar en el anonimato. Pensar que que ando sola por la acera del desencanto. Negarme el placer del los dulces sentimientos, pero ahorrarme también de los crueles finales, el sufrimiento.
Debo despertar, abrir mis ojos y no sentir mi congelado corazón inalterable a cualquier dolor, a cualquier reacción producida por, dícese un alma caritativa, que promete darte el cielo y acaba regalándote el infierno.
Debo despertar, descubrir con horror el fin de mi propia inocencia. Contemplar una cruel realidad de enmascarados que recesan de su capacidad de ser uno mismo en ésta vida de inconcurrencias.
Debo ser fuerte y despertar, pero yo... yo quiero dormir para siempre.
Debo despertar, y empezar a pensar que es mejor no sentir nada a sentir que el dolor te desgarra. Aprenderé a recoger mis pedazos, uniéndolos entre sí. Congelándolos. Provocando mi solidez y mi frialdad aptos para seguir esperando que así pueda, quizás, resistir algo más. Sobrellevar ésta vida de desencantos, donde existen espejismos que te hacen caer en un abismo.
Debo despertar, aprender a respirar en el anonimato. Pensar que que ando sola por la acera del desencanto. Negarme el placer del los dulces sentimientos, pero ahorrarme también de los crueles finales, el sufrimiento.
Debo despertar, abrir mis ojos y no sentir mi congelado corazón inalterable a cualquier dolor, a cualquier reacción producida por, dícese un alma caritativa, que promete darte el cielo y acaba regalándote el infierno.Debo despertar, descubrir con horror el fin de mi propia inocencia. Contemplar una cruel realidad de enmascarados que recesan de su capacidad de ser uno mismo en ésta vida de inconcurrencias.
Debo ser fuerte y despertar, pero yo... yo quiero dormir para siempre.
Tu alma en blanco
En la oscuridad de la noche, aquella en la que muchos vivimos y de la que otros escapan, degusto un vino tinto mientras a mis oídos se les regala buena melodía, para mi alma, para mi calma. Me estiro, desarmada. En mi sofá que me abraza, como si la vida le fuera en ello, mientras mi mente dispersa en emociones diferentes evalúa mi ser existencialmente. Me observo. Me analizo. Me psicoanalizo. Que idiota he sido. Mientras yo caigo en tu olvido, tú permaneces en mí como un ser infinito. Me delimito. Me deprimo y de mis ojos brotan lágrimas, todas aquellas que han sentido. De repente mi corazón encoge sorpresivamente, negándose a sentir más dolor del que sentí nunca en mi interior. Decepción. Y llega un momento en el que me seco. Me deshidrato. Me pierdo en el anonimato de volver a ser creyente de que me hallo en la mente de alguna gente. Volví a ser imbécil enormemente. Para cuando me recuerdes estaré lejos probablemente. Mis ojos no verán los tuyos. Mi cuerpo no reconocerá tus latidos. Serás tú el que caiga en mi olvido. En el recuerdo de lo vivido. De lo sentido. Como el huno que se desvanece de mi cigarrillo. Serás un espectro más del mundo paralelo en el que muchas veces me encuentro. Un mundo habitado por almas. Almas en blanco que ganaron su anonimato al pasar por mi vida desapercibida.
Sola. Como siempre aprendí a vivirlo. Como siempre había sido y no sé por qué pensé que...
Para qué decirlo...
Sola. Como siempre aprendí a vivirlo. Como siempre había sido y no sé por qué pensé que...
Para qué decirlo...
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