Yo

domingo, 24 de julio de 2011

Te desafío

Te desafío.
A que mires dentro de tu corazón
Como he echo yo con el mío

Te desafío
A que dejes abrir tu mente a una situación diferente
A dejar que tu ser experimente nuevas sensaciones, positivamente

Te desafío
A que dejes el umbral de la soledad ahora que no hace frío
A que dejes de mirar atrás, y hacer comparativos

Te desafío
A que dejes que te quiera como nunca te han querido
A dejar olvidar un pasado en el que solo has sufrido

Te desafío
A aprovechar cada uno de los momentos vividos
A sentir que le preocupas a alguien, antes no conocido

Te desafío
A dejar que no te pierdas en el olvido
A mover ficha conmigo



Te desafío
A que me digas tú estas palabras
Para sentirme de nuevo amada



Tu culpa

¿Crees de veras que tienes la consciencia tranquila? ¿En serio lo crees? Yo no. No creo que puedas tenerla.
¿Crees que cuando vas a dormir y llega ese momento en el que viene todo a tu mente, cuando aparecen secuencias de tu vida, y te atosigan, y dejan ver el tipo de persona que eres... crees que puedes estar tranquila? Mientes. Sé que tu puto cerebro (o lo que sea que tienes en esa puta cabeza perturbada) intenta bloquear decisiones, actos, palabras, echos, malversaciones y putas ideas que han pasado por tu cabeza a lo largo de tu puta vida. Pero como no te da para mucho... no te sirve de nada. Sabes perfectamente lo que eres. Una rata de cloaca que acude a roer hasta llenar de mierda todo lo que te rodea. Así eres tú. Destructible. Corrosiva. Falsa. Oportunista. Insensible. Ideal, vamos... De esas personas que quieres tener siempre cerca para que te aporten una buena aura. Joder, y te dices llamar madre... ¿Madre? Si despertaras algún tipo de sentimiento, el último que haría honor a ti sería "madre". Quiere más una perra a sus crías que tú. ¿Tienes aún la cara de mirarte al espejo cada mañana y sentir que tú no has echo nada? Joder, tanta rabia me mata. Rabia que se crea en mí cada vez que apareces de la nada. Del puto infierno del que has salido. Por que no dejas de ser un bicho que atenta contra la salud mental de cualquier persona que tenga que ver contigo. Hazme un favor y vuelve a dejar mi existencia en el olvido. Te reprimo. A un lado de mi mente, donde archivo toda la mierda que hubiera preferido que no existiera. Ahí estás tú. Encabezando la lista. En el número uno del ranking. Te puedes sentir afortunada, te lo has ganado a pulso.
Y mierda para mí por volver a escribir de tí. Me aconsejaron no perder tiempo en ello. De echo, gran observación, pero si no lo saco de dentro puede enquistarse de nuevo y bastante daño ya me has echo, a lo largo de tu vida, y de la mía, para seguir ahora jodiendo.
Hazme un favor y deja de existir... por lo menos para mí.


viernes, 22 de julio de 2011

Sumergida

¿Será verdad que en cada suspiro que dejamos escapar perdemos un pedacito de alma? Si es así apenas me queda ya... Y si pierdo mi alma por completo... ¿Cómo te puedo amar? ¿Cómo se puede amar sin alma? El miedo bloquea mi pensamiento, el miedo a perder tu mirada. El miedo a no sentirte rozar mi cuerpo y el calor de tus manos en mis mejillas sonrojadas. No quiero dejar de sentirte. No quiero perderte en la distancia. Una distancia que cruza un cuerpo a cuerpo cuando no se siente nada. ¡Te tengo a ti! Grito al cielo exhaltada. Temblorosa de pensar en la sola posibilidad de perderlo a un "todo o nada". Si yo he contribuido a que ahora pueda perderte no dejaré escapar más un solo suspiro de mi ser latente. Pereceré en las ganas de tenerte siempre. No quiero hacerme a la idea de no volver a verte, de poder perderte. De sentirme resbalar en un abismo y caer eternamente.

Busco desesperada si aún queda algo de mi alma. Si tengo un poquito por ahí escondido o si apenas, ya,  encuentro nada. Busco, me busco y me rebusco. Nerviosa. Miedosa. Angustiada.

Mi corazón late fuerte pero el tuyo tan lejanamente que no siento sus latidos nítidamente. Y te miro. Y caigo sin sentido en el agujero del delirio. El delirio más doloroso que nunca he sufrido. La perdí en el último suspiro expirado por ti. Cuando te perdí. Cuando dijiste "mejor dejarlo aquí, sabes que me encantas y te quiero, pero no estoy enamorado de ti". En aquel momento morí. Dejé escapar mi alma al vacío de la nada.
Dejé de sentir. Miento. Empecé a sentir, cierto. Un dolor tan agudo en el pecho que impedía mi respiración, mis ganas de coger aliento. Mis lágrimas provocaron un hundimiento, donde hoy me sumerjo a la deriva sin ningún miramiento. Intentando que el agua en la cara provoque mi despertar. De veras lo intento. Mientras tanto no siento y al abrir los ojos pienso que ha sido solo un mal sueño. Que sigues aquí a mi lado. Sonriendo. Pendiente de mí, besándome. Viviendo.

Y no a la deriva de un amor que no fue verdadero...


jueves, 21 de julio de 2011

Me estremezco

Me gusta que me beses con dulzura, que me sujetes la nuca, y me acaricies la mejilla mientras mordisqueas mis labios con lujuria. Me gusta sentirme tuya. Que me toques con desespero y desnudes mi cuerpo entero. Me gusta que me beses los muslos, que juegues con ellos mientras despiertas mis cosquillas en el sentido más absoluto. Me gusta mirarte a los ojos. Sentir cómo me miras mientras te acercas con disimulo. Y haces perderme en un infinito puro, allí donde pierdo el norte, donde solo siento tu boca allá en mi horizonte. Tener tu lengua dentro, notar que me lames con total sentimiento. Placer placentero. Abstraída del mundo entero. Paso a una cuarta dimensión, donde no existe el frío sino el calor. El calor que desprende mi cuerpo al subirme la temperatura por que te deseo tener dentro. Y humedezco. Bebes de mí, como calma a la sed a través de mi ser. Y siento que muero por dentro, sensación de locura y aturdimiento. De satisfacción, de revolución sanguínea, me siento viva, aunque me encanta morir de nuevo. Revivo en cada momento. Y dejo deslizar mi cuerpo por tus sábanas mientras titubeo.
Te encanta mirarme mientras me estremezco, me acaricias suavemen con tus dedos. Estado de plenitud. Pleno apogeo. Sientes una y otra vez que me inundo por dentro. Te encanta chuparte los dedos. Besarme de nuevo la boca y sentirte en mis adentros. El vaivén de nuestros encuentros, esa danza que bailamos en las llanuras de nuestros cuerpos.

Bésame una vez más que quiero sentir que muero..

miércoles, 20 de julio de 2011

La vida en un recuerdo


No puedo respirar. Por más que intento inspirar, parece, la faringe, estar obstruida. Así que mis pulmones no se dilatan para coger aire, y los alveolos apenas hacen el amago de querer trabajar. Empieza a dolerme el pecho y no dejo de pensar que me encuentro mal. Las rodillas me tiemblan. Mi cuerpo entero se tambalea, me invade un estado de flojera. En mi barriga parece haber un agujero negro, un nudo sin saber quién lo ha echo, un vuelco hipotético, un manojo de nervios apretándolos en desespero. Descuelgo el teléfono...
Miro el número apuntado. Intento recordar las palabras que quiero pronunciar, y cuento hasta tres. Tres y medio. Cuatro. Cuatro y medio. Va, llamo. La espera es aún peor. Hasta que oigo tu voz. Diós! (e.p.). No sabes como te he pensado. No sabes cómo he llorado perdiendo tiempo en verte a mi lado. No sabes cómo te quiero. No sabes lo que significas para mí, y es así como hoy te escucho, te encuentro...
Tu voz. Débil. Dulce siempre, pero exageradamente débil, deja que lágrimas recorran mis mejillas.. Intando sobreponerme, para no hacerte sentir aún más débil, intento mantener la compostura, pero mis manos tiemblan y mi corazón me susurra... dolor siento...
El oírte siempre me recuerda a él. E inevitablemente mi emoción crece enormemente. Pero eres tú la que sigues estando aquí. Eres tú la que quiero ver sonreir. Como lo hemos echo toda ésta vida. Sabes que siempre lo has sido todo para mí. Me duele hoy el sentirte así, tan lejos de mí, tan frágil en el sobrevivir. Tu cante años atrás dejaste y aquél desparpajo con el que te caracterizabas tanto. Los años pasan, los daños duelen y el corazón aveces se encalla inevitablemente. Doy gracias por tenerte hoy aquí. Por hablar cada día un ratito contigo, por escucharte decir "estoy mejor, cariño", que tienes ganas de verme, que saldrás seguro con valor... Echen lo que te echen.
Siempre fuerte. Siempre a tu lado. Tú. Siempre tú...

Oscuridad

Me evalúo. Intento verme interiormente, y descubro que no soy tan fuerte. Que me desmorono últimamente. La fuerza sentida toda mi vida se desvanece. Me encuentro sin aliento. Sin comprensión, en desesperación. Y lo triste en cuestión es que no sé la razón. Me hallo perdida en emoción. Intento sentir con ilusión, pero mis intentos caen en vano. Miro por la ventana, y siento que conmigo no va nada. El aire a veces me acaricia, el sol intenta hacerme sentir hasta humana cuando toca mi cara. Pero la luna observa con penuria las razones de mis sollozos en la penumbra de mi habitación a oscuras. Intento encontrarme por dentro. Entrar en mis entrañas. Buscar con esmero. Pero no me encuentro. Camino por mi mente deambulando, sutilmente. Pero no encuentro respuesta. En mi mundo interno está oscureciendo y es difícil encontrar la razón de unos pensamientos, tristes, absurdos, desesperados, brutos, insulsos, idiotas, perturbados, no agraciados...
La no-emoción se convierte en dolor. Dolor que siento por creer perder el tiempo. Quizás en buscar algo que no poseo, pero que intenta salir de mis adentros y parece obstaculizarse. Por no sé que matices generales, mi mente vive en dos partes. Un mundo real donde aparentemente soy "normal", y otro mundo, quizás  personal,el cuál es más oscuro. Realmente es el más valorado, pero también el más irremediablemente perdido, no encontrado. Buscado, realmente buscado. No hallado.

Sigo buscando...

Datos personales