En el vacío de mi silencio me encuentro. Asomada a la vertiginosa vista de la angustia y la depresión absurda, por los sentimientos derrochados sin sentido en algún momento dado. Sigo esperando, que los episodios amargos disminuyan con el paso del tiempo, deteriorando emociones de un sentido abstracto. Intentando dominar o ser dominados los criterios por los cuáles hoy me siento en anonimato. Anónima. Personalidad desconocida. Así me mantengo día tras día. En la oscuridad de las noches, en la luz de los días. Luz que dejé de proyectar hace mucho tiempo atrás.
Inmersa en la mediocreidad. En la carencia de sentimientos percibidos, en ésta vida, y en las que vendrán. Necesidad de explotar. De desaparecer en un atardecer y no volver a dejar ver motivo de desdén. Quizás entonces pueda mostrarme sin más. Dejar oportunidad a que la materia se desintegre dando paso a partículas de mi ser. Que el aire me lleve tal vez, allí dónde cada pedacito de mí, se integre.
Quizás forme parte de algo en la vida que no sea el absurdo. Quizás forme parte de un todo que hasta ahora había significado un nada. Quizás pueda permanecer volando hacia un estrellato, aquél que me deje observar el mundo desde una eternidad, pues no creo que todo ésto dure mucho más...
El anonimato. Donde siempre estoy sea cuál sea el escenario, el guión o el reparto. Sin un protagonismo significativo aún siendo ésta... Mi vida.
Yo
jueves, 9 de junio de 2011
martes, 7 de junio de 2011
Mariposas del desespero
Un espejismo, ésta, mi vida. Creando un agujero negro atrapado en la indulgencia. Tomando mentiras como verdades sin apenas darme cuenta. Y te miro. Y no te transmito nada. Pero existe un vacío dentro de mi alma. Jodidamente humana. Aunque la ansiosa calma no retransmite desde mi apariencia de niña reservada. Me muevo en el disimulo. En un ejercicio de teatro, actuando. Y sé en todo momento que me crees, sólo hace falta verlo... Lo hago bien.
¿Quién se preocupa de la sinceridad de mi mirada? ¿Quién se para a pensar que tan sólo es una fachada? Absolutamente nadie. Absolutamente sola. Sola en la nostalgia de una vida que no ha tocado ser la mía. Sola en momentos de amargura e hipocresía. De golpes repartidos a destajo en un saco roto, mi cuerpo. Demacrado. ¿Quién me cura las heridas? Nadie. Lamo con mi lengua el daño provocado limpiandome la sangre. Duele. Como herida abierta ensangrentada que merece una cura prolongada. No importa. Aún me queda aliento. Para restregar mi lengua por mis golpes de más tormento.
A veces sin fuerzas para tirar. Otras optimista, quizás. Aún sabiendo que llegado el momento vengaré mis entrañas, ésas que vomité una y otra vez por mi boca ensangrentada. Y entonces... ¿Hallaré la paz? Eso que llaman paz interior... Me río yo del significado de dicha definición. ¿Quién halla la paz con uno mismo? Si no podemos hallarla ni con el vecino... ¿Qué cojones vamos a hallar? Absolutamente nada. Las perturbaciones son innatas en aquellos que disipan dudas de su existencia mas absoluta. Disputas. Decadencias desarrolladas, en algún momento, quizás, hasta apreciadas. LLevando el dolor a una estratosfera, a un exterior. Jodidamente abstractos.
En la penumbra de mi alcoba busco raíces de un encanto. Visualizando colores, sueños y emociones. Realizando un esbozo de un mundo imaginado, creado en las ilusiones halladas en lo alto de una rama. Fruto del ánimo y el desespero. Mariposas al vuelo. Necesidad de olvidar la mediocreidad. E idear un mundo nuevo. Para mí, para mi calma, para mi alma.
Recuperando aliento.
¿Quién se preocupa de la sinceridad de mi mirada? ¿Quién se para a pensar que tan sólo es una fachada? Absolutamente nadie. Absolutamente sola. Sola en la nostalgia de una vida que no ha tocado ser la mía. Sola en momentos de amargura e hipocresía. De golpes repartidos a destajo en un saco roto, mi cuerpo. Demacrado. ¿Quién me cura las heridas? Nadie. Lamo con mi lengua el daño provocado limpiandome la sangre. Duele. Como herida abierta ensangrentada que merece una cura prolongada. No importa. Aún me queda aliento. Para restregar mi lengua por mis golpes de más tormento.
A veces sin fuerzas para tirar. Otras optimista, quizás. Aún sabiendo que llegado el momento vengaré mis entrañas, ésas que vomité una y otra vez por mi boca ensangrentada. Y entonces... ¿Hallaré la paz? Eso que llaman paz interior... Me río yo del significado de dicha definición. ¿Quién halla la paz con uno mismo? Si no podemos hallarla ni con el vecino... ¿Qué cojones vamos a hallar? Absolutamente nada. Las perturbaciones son innatas en aquellos que disipan dudas de su existencia mas absoluta. Disputas. Decadencias desarrolladas, en algún momento, quizás, hasta apreciadas. LLevando el dolor a una estratosfera, a un exterior. Jodidamente abstractos.
En la penumbra de mi alcoba busco raíces de un encanto. Visualizando colores, sueños y emociones. Realizando un esbozo de un mundo imaginado, creado en las ilusiones halladas en lo alto de una rama. Fruto del ánimo y el desespero. Mariposas al vuelo. Necesidad de olvidar la mediocreidad. E idear un mundo nuevo. Para mí, para mi calma, para mi alma.
Recuperando aliento.
domingo, 5 de junio de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
Tu sangre
¿Y si te arranco el corazón y me lo como? ¿Y si abro con la fuerza del desespero tu caja torácica? ¿Y entro en tu cuerpo y lo extraigo con delicadeza nostálgica? Quizás, si lo mastique y trague, entres a formar parte de mí. Quizás, tu sangre en mis manos y boca, pueda unirnos de tal manera que no puedas renegar de mí. Así, me haces sentir. Intentando no sentir. Intentando no dudar en la decisión que hace tiempo prometiste acatar. No fue conmigo. ¿Por qué interfiere en mi camino?
Debilidad por tí. Necesidad de extración de dicha emoción fuera de mí. Puteada una y otra vez. Vapuleada, como siempre, me ha tocado ser. Quizás me puedas entender... Pero yo a tí no. Si dices que me amas ¿Por qué te alejas y me desarmas? Sensibilidad a flor de piel. Jodido mi entender.
Y vuelvo a decaer por el empacho de tu sangre tal vez. Sin fuerzas me veo de tenerte que ver lejos. Lejos de mi alma, de mi mirada, de mis labios, de mis manos, de mi cintura, de mi columna, de mi cara, de mi mente en blanco permanente cada vez que pienso en la posibilidad de perderte. Y se resiente. Éste dolor que crece y crece. Me ahoga en el pozo del deseo del que me agarran con fuerzas y me sumergen dentro. Intento salir a respirar, pero de empuje carezco ya. Y me dejo arrastrar.
Y muero en el olvido. Ése tan odiado estado, el que todos compartimos. Quizás en algún momento de tu vida podrás recordarme. Y sonreír. Como sonrío yo al morir y conseguir dejar de sentir éste dolor aferrado a mí.
Revivo
Clavaste agujas, una a una en mi alma
Desgarraste mi piel con punzón y artimaña
Dejaste desangrarme poco a poco un desespero
Olvidaste arrancar fuerzas que creaban un último aliento
Fuerzas que me hacieron seguir
Fuerzas que me hacieron lidiar
Batallas, enfrentamientos
Y lo que coño tenga que enfrentar
Mi corazón esponja de baño
Absorve cuanto puede y al estrujarlo
Maltrato. Escurre cuantos relatos
Olvida como viejo antaño

Vivo, respiro y muero
Cada día
Cada causa
Culpa mía
Atrapada en los brazos del olvidado
Donde me desangro en el anonimato
Vivo
Muero
Y vuelvo a vivir
Desgarraste mi piel con punzón y artimaña
Dejaste desangrarme poco a poco un desespero
Olvidaste arrancar fuerzas que creaban un último aliento
Fuerzas que me hacieron seguir
Fuerzas que me hacieron lidiar
Batallas, enfrentamientos
Y lo que coño tenga que enfrentar
Mi corazón esponja de baño
Absorve cuanto puede y al estrujarlo
Maltrato. Escurre cuantos relatos
Olvida como viejo antaño

Vivo, respiro y muero
Cada día
Cada causa
Culpa mía
Atrapada en los brazos del olvidado
Donde me desangro en el anonimato
Vivo
Muero
Y vuelvo a vivir
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